Los debates presidenciales televisados en los Estados Unidos remontan a 1960 cuando Kennedy y Nixon eran los candidatos de los dos grandes partidos norteamericanos: el demócrata y republicano, respectivamente. Y yo los he visto todos. Tenía 16 años en 1960 y, al igual que mis compañeros de clase en el liceo jesuita más antiguo de los Estados Unidos, tuve como tarea ver el debate seguramente, en parte, porque Kennedy era un católico.
Con el pasar del tiempo, confieso que he olvidado a la mayoría de los debates. Pero unos cuantos quedaron grabados en mi memoria, no tanto por el resultado de los comicios en que ocurrieron, sino por el desempeño —ya sea bueno o malo— de los participantes. Hasta la noche del jueves anterior, para mí el más inolvidable de estos fue el segundo de 1984. El presidente Reagan, quien ganó la elección de 1980 por un amplio margen, se encontraba en una competencia reñida con Walter Mondale. Este último había sido un senador por el estado de Minnesota y fue el vicepresidente de Jimmy Carter. Mondale era un candidato atractivo. Era inteligente y articulaba bien sus pensamientos. Reagan, por su parte, tenía 73 años y era en ese momento el presidente más viejo en la historia norteamericana. En este contexto, uno de los moderadores del debate le preguntó a Reagan que si debería de ser un tema de campaña la edad de los candidatos, en una clara alusión a su edad. La respuesta de Reagan fue inmediata. Declaró que “él no haría de la edad un tema de campaña y que no explotaría para fines políticos la juventud y falta de experiencia de su contrincante”. Su respuesta arrancó una carcajada instantáneamente de todos, incluyendo Mondale. Y su humor aseguró el segundo triunfo de Reagan.
El debate de la noche del jueves recién pasado también pasará a la historia. Pero no por algo positivo como el humor de uno de los candidatos. Será histórico por el desastroso desempeño de uno de los dos candidatos: el presidente Joe Biden. A pesar de que Biden había pasado una semana en Camp David, la quinta presidencial en las montañas de Maryland, con su equipo de asesores políticos preparándose para el debate, desde el inicio no supo contestar a las preguntas que le hacían los moderadores. Se enredaba, no era coherente al contestar preguntas y parecía hasta olvidar en sus respuestas lo que había dicho segundos antes. Fue triste ver lo que le estaba pasando a Biden. A pesar de su extensa preparación la semana anterior, no dominaba los temas más importantes y claramente estaba mostrando su edad: 81 años. Quedó claro para todos que los rumores de que Biden estaba senil eran acertados y que no tenía la lucidez para ser presidente.
Comparado al triste espectáculo del presidente Biden, el expresidente Trump no provocó olas. A pesar de que Trump también está entrado en la tercera edad —hace un par de semanas cumplió 78 años— no se le notó. Y aunque sus respuestas a las preguntas que le hacían los moderadores no eran siempre acertadas, se portó bien. No fue el bully agresivo y buscapleitos que vimos, por ejemplo, en los debates de 2016 contra Hillary Clinton.
Los medios norteamericanos han reconocido que le fue mal a Biden en el debate. Los de centro e izquierda lo que señalan es que Trump perdió, pero que Biden “no ganó”. Y en las filas del partido demócrata está cundiendo el pánico. Por lo que reportan los medios y algunos de sus militantes, hay serias dudas de que Biden está capacitado para gobernar al país y hasta abundan rumores y anécdotas que ya tiene tiempo de no estarlo haciendo. Los demócratas están hasta barajando no coronar a Biden como su candidato en la Convención del partido en agosto en Chicago, si es que Biden no ha renunciado a su candidatura para esa fecha. Trump y los republicanos, por su parte, se sienten seguros de que ellos ganarán en noviembre.
No hay duda que el debate del 27 de junio fue un parteaguas y que la campaña de Joe Biden se estrelló. Lo que queda por verse es qué hará Biden y el Partido Demócrata para tratar de rescatar al inmenso terreno que perdieron en el debate. ¿Optarán por nombrar a Kamala Harris, la vicepresidente de Estados Unidos, como su candidata? La misma noche del debate ella compareció en varios canales de televisión defendiendo a Biden. Y lo hizo bien, quizás en búsqueda de ser nombrada la candidata/salvavidas del partido en la Convención Demócrata en donde oficialmente será nombrada la fórmula del partido. ¡Veremos qué pasa!
El autor fue canciller y embajador de Nicaragua en Estados Unidos.