Observaciones a un editorial de LA PRENSA

El orteguismo ha sumergido a Nicaragua en el mayor drama de nuestra historia. Atornillado al poder, ha destruido todo vestigio de institucionalidad democrática, ha hecho añicos los espacios independientes y viola cotidianamente de manera flagrante los derechos humanos, sociales y políticos consagrados en las leyes. Ha asesinado y reprimido sin distingo alguno.

Por si esto fuera poco, sabiéndose repudiado por la comunidad democrática internacional, ha colocado a nuestro país en un polo de las actuales tensiones mundiales. Para decirlo rápido, el orteguismo es el principal obstáculo para la democracia. Por tanto, conquistarla presupone salir de la dictadura. Bajo esa premisa, han surgido diferentes plataformas plurales y diversas que se plantean ese objetivo. Entre ellas la plataforma Concertación Democrática Nicaragüense, conocida como Monteverde, compuesta por hombres y mujeres de distintas procedencias sociales, con diferentes posiciones ideológicas e independientes.

En semanas pasadas un grupo de ciudadanos que participan en Monteverde, en legítimo y pleno ejercicio de sus derechos, dieron a conocer que se constituían como grupo de “centro derecha”. El surgimiento de este grupo ha generado confusión en sectores de la opinión pública. Confusión en la que incurre el editorial de este Diario del día veintiséis de junio.

En enero del presente año, el plenario —máxima instancia— de la Concertación Democrática (Monteverde), aprobó por unanimidad su estrategia, se eligió un Directorio Político plural y acordó que se iniciaría un proceso para cristalizar la incorporación de organizaciones al espacio. Dicho proceso está en marcha y pronto deberá concretarse.

No ha asumido la Concertación un esquema de “bancadas” o de bloques ideológicos. Y ¿por qué no? Porque si bien cada quien —dentro y fuera de Monteverde— tiene en todo su derecho a asumir tal o cual posición ideológica, la absoluta mayoría de los miembros de la Concertación, anteponemos a ello, la indispensable necesidad de salir de la dictadura y garantizar una transición democrática, con justicia y sin exclusiones. Hacerlo al revés, significaría colocar la carreta delante de los bueyes.

Pero, además, porque no son los temas ideológicos los que preocupan a los nicaragüenses. Lo que sí preocupa es la falta de libertades, el desgarramiento de las familias que provoca la masiva migración, el costo de la vida, el acoso y vigilancia que sufren los trabajadores del Estado. Y esas preocupaciones, esa realidad, es la que debería ocupar a todos los que trabajamos por conquistar la democracia.

Con certeza el editorial de este Diario alude la experiencia de pluralidad de la UNO de 1990. Agrego yo la experiencia de UDEL, fundada en 1974, bajo el liderazgo de Pedro Joaquín Chamorro, que, con su estatura de líder y visionario, fue capaz de unirse con socialistas, social cristianos, liberales e independientes, bajo el interés supremo de contribuir al derrocamiento del somocismo. Y en ambos casos, sin “bancadas”.

El autor es miembro de la Concertación Democrática Nicaragüense- Monteverde.

Opinión
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