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Elecciones o votaciones

México y Venezuela se aprestan a celebrar unas elecciones particularmente importantes. En honor a la verdad, todos los actos electorales son relevantes, pero ante estos dos países se abre una interrogante electoral y de poder, que podría influenciar radicalmente en el futuro de esos pueblos y consecuentemente en nuestro hemisferio.

En ambos países están sobre el tapete electoral el continuismo o el cambio, cierto que los escenarios son diferentes en los aspectos institucionales, sin embargo, hay semejanzas que no son simples coincidencias.

Manuel López Obrador, presidente de México, es un caudillo populista con inclinación a la progresía política que no oculta sus simpatías con los regímenes del castrochavismo que desgobiernan Cuba, Nicaragua y Venezuela, sin que olvidemos el apoyo que prestó al déspota de Evo Morales cuando este mintió al decir que había sido depuesto por un golpe de Estado.

López Obrador, manifiesta su complicidad con el castrochavismo cuando no les exige a sujetos como Nicolás Maduro que respete las normas democráticas en los próximos comicios generales, también se niega a reconocer que el régimen sandinista viola los derechos humanos de sus ciudadanos y ha suscrito con el totalitarismo castrista numerosos acuerdos como entregarle petróleo a precio preferencial y la contratación, prácticamente en condiciones de esclavitud,  de personal de la salud cubanos.

 El presidente mexicano ha sido una ficha particularmente útil en las maniobras antidemocráticas que tienen lugar en el continente y es de esperar que en lo que resta de su mandato su actitud se endurezca más en lo que respecta apoyar a los despotismos.

No obstante, las elecciones están a las puertas y todo parece indicar que el próximo mandatario mexicano será una mujer. Hasta el presente la candidata con mayor opción de votos es la del partido de gobierno, Claudia Sheinbaum, de la coalición oficialista Sigamos Haciendo Historia, quien ha prometido continuar la política exterior de su predecesor, López Obrador, de ser elegida presidenta, consistente en apoyar las dictaduras del hemisferio.  

Al parecer la señora Sheinbaum es idéntica a López Obrador en aspectos como defender la autodeterminación de los pueblos que no tienen elecciones y están gobernados por dictadores.  

No se pregunta la señora candidata qué autodeterminación tienen los cubanos si hace 65 años padecen un régimen de partido único, no hay elecciones, ni prensa libre ni partidos políticos y hay más de mil prisioneros políticos o cuál es la autodeterminación de Venezuela, Nicaragua y Bolivia con candidatos privados de sus derechos electorales, presos políticos y exiliados.

La postulante es física e ingeniera ambiental y en el 2007 compartió el Premio Nobel de la Paz, además entre 2018 y 2023 fue la primera alcaldesa de Ciudad de México. Sin dudas es una mujer de arraigo, competente y decidida, pero consumida en las históricas falsedades de la progresía. Debería mirarse en el espejo de otra mujer, María Corina Machado, la candidata venezolana que impugna Nicolás Maduro.  Su rival, es otra talentosa mujer, Xóchilt Gálvez, de origen indígena, ingeniera en computación y empresaria.

La situación venezolana es mucho más compleja que la de México. La oposición no disfruta de plena libertad para elegir a sus candidatos, al extremo, que la persona que cuenta con el más amplio apoyo popular, María Corina Machado, no puede participar en las elecciones porque el gobierno le niega ese derecho, viéndose obligada a designar al diplomático Edmundo González como candidato sustituto.

La señora Machado ha contado durante toda la campaña con un respaldo popular abrumador, al extremo que todos deberíamos llamarla señora presidenta porque es incuestionable que su pueblo la ve como tal, aunque su gobierno se empecina en arrinconarla.

Nicolás Maduro, al igual que sus pares de Cuba, Nicaragua y Bolivia, aparte de ser un autócrata ha demostrado ser un incapaz en los asuntos de gobernar, tanto, no creo exagerar, como lo fueron los Castro, Hugo Chávez o el inepto del siglo XXI, Miguel Díaz-Canel.

Tengo confianza que López Obrador, a pesar de sus inclinaciones ideológicas respetará el resultado electoral, no así los déspotas de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Estos energúmenos, hasta ahora, nunca han respetado la opinión del pueblo, así que sugiero que estemos todos listos para exigirle al castrochavismo, a como dé lugar, que acepten la voluntad popular y se vayan del gobierno.

El autor es periodista cubano.
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