Putin reemplaza parte de su círculo íntimo

En un sorpresivo giro de los acontecimientos que podría resaltar fisuras a lo interno del régimen de Vladímir Putin, el dictador ruso ha decidido prescindir de dos de sus más cercanos y leales servidores, Nikolai Patrushev y Sergei Shoigu, este último hasta ahora ministro de Defensa. En su lugar, Putin ha nombrado a Andrey Belousov, un economista carente de experiencia militar, lo cual ha despertado especulaciones a lo largo de todo el espectro político europeo.

Este cambio radical en el Ministerio de Defensa ocurre en un momento crítico para Rusia, ya que sus fuerzas militares se esfuerzan por consolidar ganancias en Ucrania, país que ha sido invadido ilegalmente y ha resistido con una capacidad que indudablemente ha desconcertado al Kremlin. Es posible que estos cambios también reflejen la frustración de Putin ante la ausencia de la victoria relámpago sobre Ucrania, que se había anunciado en 2022. La destitución de Shoigu, figura clave en la conducción de la invasión ilegal a Ucrania, parece revelar no solo una brecha en el liderazgo ruso, sino también una señal de alarma sobre el verdadero estado de la guerra que el Kremlin se ha esforzado en pintar como un éxito.

Diversos analistas y expertos coinciden que las cosas no están yendo según el plan de Putin. El problema es que Putin simplemente seguirá rotando dentro de su íntimo grupo de leales. No se prevé que vaya a incorporar a nuevas personas en los puestos de autoridad que tengan criterio propio. El reemplazo de Shoigu indica que Putin cree que la victoria en Ucrania vendrá a través de superar en producción y resistencia a Ucrania y sus aliados occidentales. En otras palabras, se está preparando para muchos más años de guerra.

Estos cambios deben ser aprobados por el Consejo de la Federación, pero ambas cámaras del parlamento están bajo el control de Putin. Los legisladores rusos también aprobaron a Mikhail Mishustin como primer ministro el 10 de mayo, horas después de que Putin lo nominara para su reelección. Estos movimientos se producen en torno al quinto mandato de Putin, que ha sido rechazado por la mayoría de los países occidentales debido a su guerra ilegal en Ucrania y unas elecciones totalmente amañadas.

No obstante, no es razonable pensar que estos cambios generarán algún cambio de fondo en la política rusa. En palabras del secretario de Defensa británico, Grant Shapps en su cuenta en X, el próximo ministro de Defensa de Rusia será otro «títere» de Putin. «Sergei Shoigu ha supervisado más de 355,000 bajas entre sus propios soldados y un sufrimiento civil masivo con una campaña ilegal en Ucrania», escribió la red social antes conocida como Twitter.

Efectivamente, si Rusia fuera una democracia, el nuevo ministro de Defensa pondría sus buenos oficios para ayudar a finalizar esa guerra de agresión y deshacerse del desastroso legado de su antecesor que ha sido sangriento para Ucrania, e incluso para cientos de miles de jóvenes rusos, muchos de ellos llevados a la guerra contra su voluntad.

Shoigu había sobrevivido políticamente a pesar de los múltiples fracasos militares y al desafío abierto del grupo mercenario Wagner durante el verano de 2023, que culminó con la misteriosa muerte de su líder, Yevgeny Prigozhin, en circunstancias que apuntan a un ajuste de cuentas orquestado por el mismo Kremlin. Desde entonces, las facciones desprendidas de Wagner han sido cooptadas por el Estado, en un intento claro por parte de Putin de retomar el control y dirigir estas fuerzas hacia sus propios fines estratégicos.

La ola de destituciones también incluye a Nikolai Patrushev, hasta ahora jefe de inteligencia y uno de los asesores más belicosos y de confianza de Putin. Esta acción coincide con el arresto por corrupción de Timur Ivanov, viceministro de Defensa y otro aliado de Shoigu, lo que subraya aún más las turbulencias internas y la pérdida de cohesión entre la élite gobernante rusa.

Estos movimientos también sugieren un intento por parte de Putin de reajustar sus piezas en medio de un conflicto que no muestra signos de resolverse pronto. Según el jefe de las fuerzas terrestres de Ucrania, el teniente general Oleksandr Pavliuk, la fase crítica de la guerra entre Rusia y Ucrania llegará en los próximos dos meses. Por su parte, Occidente debería aprovechar las debilidades y divisiones dentro del régimen de Putin, para dar un apoyo más robusto a Ucrania e intensificar esfuerzos de frenar la guerra de invasión. No solo en términos militares, sino también en el fortalecimiento de sanciones económicas que puedan forzar un cambio real en la política exterior rusa, así como la expropiación de activos rusos en el exterior que deberían ser reasignados a Ucrania. La situación actual exige una postura occidental más firme y decisiva. La victoria de Ucrania debe ser el objetivo estratégico de mayor importancia global para el mundo libre. Este es el momento de actuar, no solo para detener un conflicto sangriento, sino para asegurar que los principios de justicia y derecho internacional prevalezcan.

El autor es presidente de la Fundación para la Libertad de Nicaragua.

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