Si la dictadura sandinista continúa con la práctica constante de persecución, asedio e intimidación en contra de la Iglesia católica, el año 2024 podría presentar cifras más alarmantes que 2023 cuando se registraron 62 religiosos que fueron obligados a separarse de sus familiares y de sus respectivas comunidades. Un exilio que ha significado no solamente el dolor de ser arrebatado de su vida pastoral sino a enfrentarse a nuevos desafíos y exigencias que la comunidad internacional les impone al llegar a un país que no es el suyo.
En los primeros cuatro meses del año 2024 el estudio Nicaragua: ¿una Iglesia perseguida? contabiliza 34 religiosos que ya no están ejerciendo su labor pastoral en las diferentes diócesis/arquidiócesis que conforman la Iglesia católica de Nicaragua. La administración pública Ortega-Murillo utilizando mecanismos ilegales y arbitrarios los ha expulsado, desterrado, obligado a irse al exilio y también ha prohibido el ingreso, cuando han estado fuera por razones de su trabajo, con la intención de extinguirlos del país. El silencio de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), que ha trascendido a los diferentes cleros de cada jurisdicción eclesiástica, da la impresión de que en la actualidad suenan campanas de paz y armonía entre la Iglesia católica y el régimen Ortega-Murillo. La realidad es otra porque la persecución religiosa continúa en todas sus dimensiones y aunque ahora las denuncias son menos eso no significa que los atropellos no existan.
Es necesario que los laicos asuman un rol activo y presencial en dos vías. Primero, en sus parroquias, asistiendo y participando en las actividades religiosas que se programen, y segundo, informando las arbitrariedades que se realicen en contra de los religiosos o de algún otro miembro. Es importante que la población se auxilie de los medios de comunicación y redes sociales, mismos que son el vehículo seguro para alzar la voz y que la comunidad nacional e internacional se entere que la dictadura continúa persiguiendo a los clérigos y para que coordinadamente apoyen salidas urgentes para enfrentar las vulneraciones de derechos ejecutadas por la administración Ortega-Murillo.
Las autoridades católicas están reconfigurando las parroquias que quedaron sin la presencia de su pastor producto de la persecución religiosa que se vive en el país y han nombrado a sacerdotes en esos templos. Unos han sido recibidos con alegría, pero otros no, debido a su simpatía y coqueteo con la dictadura sandinista. Es preciso que los obispos y sacerdotes sepan que la dictadura ha infiltrado a sus allegados en los diferentes grupos parroquiales y en las casas de formación principalmente para crear zozobra, vigilancia y división.
“En el año 112 después de Cristo, durante la que normalmente se llama tercera persecución contra los cristianos, el emperador Trajano escribía al gobernador de una amplia zona del actual Turquía aprobando las técnicas de interrogatorio, suplicio e incluso muerte para quienes persistieran en la fe cristiana. A los acusados de ser cristianos se les exigía adorar la estatua del emperador y maldecir a Cristo. Cosas estas, afirma el gobernador, que se considera que se dice imposible forzar a hacer a los que son de verdad cristianos”. (José María Tojeira S.J.:2023).
La autora es Msc, abogado y notario público.