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Las protestas continuaban en Nicaragua, mientras la Policía del régimen las criminalizaba. LA PRENSA/Archivo

Tras seis años de crisis: “Estamos lejos de darle respuesta al pueblo de Nicaragua”

Analistas coinciden en que hay que abandonar posiciones personales y crear un frente unido contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo

La dictadura de Daniel Ortega y una oposición totalmente fragmentada siguen siendo las barreras más grandes que enfrentan los nicaragüenses para salir de la crisis política que este mes cumple seis años. Los críticos consultados por LA PRENSA coincidieron en que mientras los opositores no vean “más allá de sus narices”, la dictadura seguirá vigorosa en Nicaragua, porque precisamente se originó de esa división.

Daniel Ortega regresó al poder en 2007, tras ganar las elecciones de 2006 con el 38 por ciento de los votos, mientras la oposición, que participó dividida, sumaba más del 60 por ciento de los votos. Desde entonces Ortega ha usado su poder para someter a todos los poderes del Estado, realizar fraudes electorales para mantenerse en la presidencia, manipular y cambiar las leyes, eliminar a todas las organizaciones críticas y opositoras.

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El dictador Daniel Ortega junto al entonces jefe policial de Masaya, Ramón Avellán (der.), tras la llamada Operación Limpieza que significó una brutal represión armada que dejó decenas de heridos y muertos. Foto/Medios oficialistas 

Hace seis años hubo una efímera esperanza de cambio con la manifestación de cientos de miles de personas en las calles, que demandaban un cambio de gobierno. Ortega respondió a esa demanda social con una represión armada que dejó más de 300 muertos, según organismos internacionales de defensa de derechos humanos.

En ese contexto de convulsión social y violencia política, los sectores opositores trataron infructuosamente de unirse tras crear diferentes plataformas, pero todas caían en contradicciones y deserciones.

Precandidatos presidenciales de la oposición nicaragüense en 2021. LA PRENSA/Archivo

Al día de hoy, todos los adversarios y detractores de Ortega están desterrados, desnacionalizados y expropiados sus bienes.

“El punto de encuentro debe ser salir de la dictadura”

El politólogo José Antonio Peraza valoró que los nicaragüenses se enfrentan a una historia de divisiones profundas por intereses personales y políticos, y tampoco han logrado superar las desconfianzas del pasado, lo que ha sido aprovechado por el orteguismo que siempre se ha caracterizado por tener una base dura de seguidores.

Según las observaciones del politólogo, generalmente hay dos tipos de opositores, los que “se cierran en su planteamientos de que hay que eliminar todo el sistema que existe, aunque eso solo se puede lograr a punta de balazos” y “están los que no quieren cambiar nada, lo único que quieren es ir a un proceso electoral, quitar a Ortega y poner a otro que se parezca a él”.

“Necesitamos algo más serio, pero para eso hay que tener un discursos de inclusión, pero hay gente que está obsesionada en revivir las viejas narrativas, es decir, el Partido Liberal, el Partido Conservador, hay gente que habla de familias políticas, pero las familias políticas lo único que han hecho es dividir a Nicaragua, hay que buscar un punto de encuentro. En este momento el punto de encuentro es salir de la dictadura, no es si sos conservador, si sos liberal, si sos sandinista, si sos socialcristiano, lo que se te ocurra ser, anarquista, comunista, no es revivir mi vieja ideología o mi vieja propuesta”.

“Todos los grupos están viendo a su ombligo, de que es lo que ellos tienen mejor o que es lo que ellos proponen y no están viendo que solos no pueden, y que todos los grupos o la gran mayoría tiene algunos aspectos que nos podría servir. Entonces, ¿cómo hacemos para juntar a toda esa gente en un solo haz de esfuerzo? Allí es donde está el gran problema”, dijo Peraza.  

José Antonio Peraza, politólogo. LA PRENSA/Archivo

El politólogo señaló que ni siquiera en el exilio la oposición ha podido unificarse para canalizar el apoyo que ofrece la comunidad internacional. Entonces, esta dispersión de la oposición y el exilio en condiciones difíciles para sobrevivir, deja resultados “pobres” para contrarrestar a la dictadura orteguista, porque “no hay nadie dedicado 100 por ciento a acabar con la dictadura”, dijo Peraza.  

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Para el politólogo, la crisis de Nicaragua es el resultado de la combinación de un régimen que sabe ejercer el poder a través de la violencia, el crimen y el chantaje y una oposición tan fragmentada que es difícil que se una para su conveniente propósito de sacar a Ortega del poder.

“Estamos lejos de darle respuesta al pueblo de Nicaragua y estamos lejos de conseguir la unidad bajo los parámetros que se han establecido”, dijo el politólogo.

El mismo Peraza estuvo preso en Nicaragua por manifestar su opinión contra el régimen orteguista y fue desterrado y desnacionalizado con un grupo de 222 opositores, enviados a Estados Unidos, donde ahora vive en el exilio.

“La gente apoyaría cualquier esfuerzo unitario”

La politóloga Carmen Chamorro manifestó que precisamente porque Ortega le teme a la unidad opositora, es que expulsó a todos opositores del país.

“La expulsión de la oposición del país refleja el temor que el régimen le tiene a la organización ciudadana y al liderazgo democrático. Están claros que hay un descontento generalizado en la ciudadanía nicaragüense y que la gente apoyaría cualquier esfuerzo unitario que demuestre voluntad política para el cambio y que lleve a una transición democrática. El régimen expulsa a la oposición con el objetivo de dificultar esa unidad, pensando que mientras más dispersas y dispersos estemos físicamente será más difícil organizarnos”, valoró Chamorro.

Carmen Chamorro, politóloga. LA PRENSA/Archivo

“También es una demostración de poder, para mostrar que pueden hacer lo que quieran en el país y sentar el precedente de que cualquiera que se atreva a desafiarlos tendrá que enfrentar tanto la represión a través de la violencia estatal, pero también la represión jurídica e institucional, donde ninguna ley o derecho vale”, agregó la politóloga.

El vaso medio lleno

Chamorro prefiere ver el vaso medio lleno, por eso opina que “el trabajo de incidencia internacional es muy significativo”. Apuntó que principalmente este último año, tras la excarcelación y destierro de los 222 presos políticos el 9 de febrero de 2023–la mayoría destacados opositores--, han logrado llevar un discurso más unificado a los espacios internacionales.  

“Esto facilita que tanto los gobiernos y las organizaciones multilaterales puedan tomar decisiones contundentes de cara a la situación de Nicaragua”, aseveró la politóloga.

Chamorro también ve la ventaja que hay en tantos nicaragüenses dispersos por el mundo, denunciando con su propia experiencia la situación de Nicaragua y también consideró que a pesar de los desafíos para la organización, los espacios de oposición han seguido creciendo y trabajando.

“Aún existe conexión con la gente que permanece en el país organizada en el territorio, pero que lamentablemente tiene que trabajar clandestinamente o evitar participar abiertamente en actividades de oposición, a pesar de eso, estás redes territoriales están conectadas a los espacios de organización en el exterior, a pesar de las limitaciones. Además, creo que la dispersión de la población en tantos países ha hecho un poco más visible la situación nicaragüense en diferentes regiones”, agregó la politóloga.

Chamorro está convencida además de que “el régimen caerá sí o sí”, porque “mientras más se aferran al poder y más modifiquen el sistema a su favor, más conciencia crean sobre los cambios estructurales y sustantivos que se necesitan en el país”.   

Hay que seguir luchando

La opositora desterrada, Tamara Dávila, miembro del grupo político Unión Democrática Renovadora (Unamos, antes MRS), comparte el mismo optimismo que Chamorro. Dávila expresó que ninguna de las dictaduras que ha vivido Nicaragua se ha mantenido en el tiempo, por eso está convencida de que el régimen de Ortega y su esposa, Rosario Murillo, va a caer tarde o temprano, porque además ellos como opositores seguirán luchando desde adentro y desde afuera para que eso pase.

Tamara Dávila frente al Consejo Permanente de la OEA, cuando Chile le cedió su lugar para hablar. LA PRENSA/Captura de video
Tamara Dávila frente al Consejo Permanente de la OEA, cuando Chile le cedió su lugar para hablar. LA PRENSA/Captura de video

Para Dávila, las acciones criminales de Ortega y Murillo, la expulsión de opositores y la eliminación de todos los derechos, son prueba de su decadencia.

Aún queda la denuncia

El abogado y analista político, Eliseo Núñez Morales, coincidió con Peraza en que hay que abandonar las posiciones personales, para crear un frente unido contra Ortega. Núñez dijo que tras seis años de crisis política, todavía se está en proceso de entender eso.

Eliseo Núñez, político opositor. LA PRENSA/Archivo

El analista político también reconoció que la oposición quedó incapacitada principalmente cuando todos los líderes visibles fueron encarcelados en 2021 y desterrados en 2023, sin embargo, destacó el poder de la denuncia que se tiene que seguir haciendo desde el exilio, para que se siga conociendo lo que ocurre en Nicaragua.

“Muchas desprecian la denuncia, pero el día que pare la denuncia, el silencio es peor”, dijo Núñez.

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