Parte del equipo de Redacción de LA PRENSA viajó al río San Juan de Nicaragua.

Parte del equipo de Redacción de LA PRENSA viajó al río San Juan de Nicaragua.

LA PRENSA celebra su 98 aniversario con una edición especial hecha en territorio nicaragüense

Un equipo de Redacción de LA PRENSA trabajó clandestinamente en el río San Juan de Nicaragua una edición especial con los eventos más impactantes que hemos reportado desde que fuimos forzados a salir al exilio. Una edición que podés descargar e imprimir

El sitio escogido para entrar a nuestro país es el río San Juan de Nicaragua, ya que en Costa Rica se ha refugiado gran parte de la redacción de LA PRENSA, perseguida por la dictadura.

Además, porque el río San Juan es un enorme afluente lleno de historia. “Es historia líquida”, dijo una vez el investigador José Luis Rocha. Ha sido surcado por piratas, conquistadores; codiciado por países que sueñan con un canal interoceánico que conecte el Pacífico con el Caribe; atravesado alguna vez por tiburones de agua dulce en su ruta hacia el lago Cocibolca; y protagonista de disputas con Costa Rica que hacen resaltar la famosa frase nacionalista: “El río San Juan es nica”.

Aquí podés descargar la edición especial

Una buena parte de la historia de nuestro país puede ser contada a partir de las aguas de este río, así como las historias que hemos contado en la revista Magazine. La de Julio Vega, alias Julio Loco, por ejemplo, quien era un guerrillero nicaragüense que junto con otros cuatro hombres secuestró a dos turistas extranjeras el 1 de enero de 1996 en Boca Tapada, Costa Rica. Las secuestradas fueron llevadas a Nicaragua a través del río San Juan y una de ellas aparentemente sufrió del síndrome de Estocolmo y apareció en fotografías besándose con su secuestrador.

O la historia del atentado de La Penca, cuyo objetivo era asesinar a Edén Pastora en mayo de 1984, cuando combatía a los sandinistas con su guerrilla contrarrevolucionaria. Pastora convocó a una conferencia de prensa en territorio nicaragüense para hacerle ver al mundo que combatía a sus antiguos compañeros de armas desde Nicaragua, pero uno de los reporteros era un infiltrado rojinegro con una bomba que, al explotar, mató a siete periodistas y otros 22 quedaron heridos. Pastora sobrevivió al atentado. Todos los heridos tuvieron que ser sacados en lancha por el río San Juan de vuelta hacia Costa Rica.

Pero, LA PRENSA también tiene parte de su historia en el caudal de este río. El Viernes Santo de 1958, el director mártir del periódico y héroe nacional Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien había sido confinado en una zona de San Carlos por la dictadura somocista, navegó por el río San Juan junto con su esposa la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro hasta llegar a Costa Rica en donde se refugiaron. Fueron cinco horas en la noche oscura a bordo de un frágil cayuco en que remaba Chamorro Cardenal y un campesino de la zona que se dispuso a ayudarlo.

Es a través de este mismo río que LA PRENSA regresa a Nicaragua en su cumpleaños número 98. El trayecto empieza en el río San Carlos, que nace en territorio costarricense y su desembocadura se encuentra en el San Juan.

Sobre la ribera del San Juan, desde la lancha se aprecia una interminable franja de árboles silvestres de todo tipo, algunos derrumbados por los vientos de la zona, y algunos troncos a mediana altura sobre los que es notoria la mano depredadora del hombre.

Esta franja de árboles bordeada por el San Juan es la Reserva Biológica Indio Maíz, que comprende 3,180 kilómetros cuadrados y es el hogar de cientos de especies de aves, mamíferos y reptiles.

Sobre la ribera del río San Juan es notoria la invasión de colonos en la Reserva Biológica Indio Maíz. LA PRENSA

En medio de este millar de árboles, hay una caseta del Centro de Gestión Ambiental, del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) de Nicaragua. Desde la lancha se puede ver a los militares observándonos con binoculares sobre una baranda de madera.

En esta parte del San Juan, las embarcaciones de bandera costarricense, como en la que nos encontramos, tienen permiso de navegar sobre el río nicaragüense, pero estas deben reportarse con las autoridades nicaragüenses antes de seguir su ruta, de manera que el lanchero tiene que acercarse a los militares para hablar con ellos y explicar qué estamos haciendo aquí.

La garza

En el río San Juan, además de la flora, también hay abundante fauna. Pumas, tigrillos, róbalos, cocodrilos, monos, ranas y varias especies de aves. Una de ellas es la garza que es muy fácil de encontrar posando sobre pedazos de tronco flotantes en el río o en bancos de tierra a la espera de algún insecto y de peces para convertirlos en sus presas.

Las garzas son nuestro pretexto para burlar a los militares del puesto del Marena. Uno de ellos se acerca a la lancha arreglándose la camisa verde camuflada de militar. Es un hombre de unos 35 años, moreno, delgado, de un metro con setenta centímetros de alto y acompañado de otro militar cuyo rostro delata su juventud y sus manos empuñan el AK-47 a la espera de recibir órdenes.

Aquí empezamos a sentir miedo. Cada paso que da el militar hacia nuestra lancha nos hace pensar que la misión está por terminar, que será un fracaso, y como mínimo, seremos detenidos. ¿Qué hacemos si nos revisan y nos encuentran las credenciales que dicen que somos periodistas de LA PRENSA? ¿Podremos nadar por el San Juan y ponernos a salvo de regreso en Costa Rica? ¿Qué decimos si nos preguntan nuestros nombres? ¿Y si nos ven las cámaras y los equipos?

Todas esas y más preguntas pasan por nuestra mente hasta que el militar llega a la parte frontal de la lancha. Ha terminado de abotonar la camisa de su uniforme y con su voz grave se presenta:

—Soy el sargento Vega, ¿qué andan haciendo?

—Vamos a buscar a una garza —responde el lanchero

El sargento frunce el ceño, como esperando más información sobre nuestra presencia y por qué queremos encontrar a una garza, mientras su joven compañero nos escanea rápidamente con su mirada y todos con nuestras manos a la vista para que no sospeche que escondemos algo.

—¿Una garza? —pregunta el sargento mientras ve fijamente las cámaras que llevamos.

—Sí, queremos hacerle unas imágenes para una revista de turismo —se la juega el lanchero.

El sargento asiente satisfecho.

Con su mano derecha da la seña para que podamos continuar navegando por el río y se retira de regreso a su base. Su joven acompañante relaja su semblante y cruza el fusil hacia su espalda. Se desentienden de nosotros.

Apenas dan la vuelta, la lancha arranca y todo el equipo deja ir un suspiro de tranquilidad. “Ya me hacía en el Chipote”, comentamos. Pero todavía no podemos relajarnos porque avanzar sobre el río significa que LA PRENSA ya está en territorio nicaragüense y en cualquier momento pueden detectar al equipo y la misión se viene abajo.

El equipo de LA PRENSA se hizo pasar por ambientalistas en busca de una garza, para burlar al Ejército. LA PRENSA

De El Triunfo al exilio

Fue el 2 de marzo de 1926 cuando LA PRENSA circuló por primera vez en Nicaragua. Fundada por Gabry Rivas y los hermanos Enrique y Pedro Belli, el periódico se producía en un galerón de la calle El Triunfo de la vieja Managua. Era una pequeña casa de taquezal con dos puertas, una sala y un patio trasero techado donde funcionaba el taller de donde salía el periódico.

La sala de redacción era una habitación de cinco por cinco, en donde se podía encontrar a cinco redactores escribiendo con lápiz y papel sobre una mesa rústica y entregándoles sus notas a un corrector que posteriormente tecleaba a dos dedos en una máquina de escribir Underwood, antes de pasarlas a la imprenta.

Este galerón quedó destruido con el terremoto del 31 de marzo de 1931, pero fue hasta el sismo del 23 de diciembre de 1972 que LA PRENSA se cambió de lugar y se ubicó en el kilómetro cuatro y medio de la Carretera Norte. Ahí permaneció hasta que el régimen de Daniel Ortega se robó las instalaciones.

Actualmente, el Diario sobrevive en su edición digital producida desde el exilio, pero esta edición especial debía ser elaborada desde Nicaragua como símbolo de la resistencia que el periodismo independiente mantiene, a pesar de la intención de la dictadura para callarnos.

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Desde muy temprano en su vida, el periódico empezó a tener sus desencuentros con el poder y una de las primeras represalias sufridas fue el destierro de Adolfo Ortega Díaz junto con otros nueve periodistas en 1929. Para entonces, Ortega Díaz era propietario del 50 por ciento de las acciones del periódico y el entonces presidente de Nicaragua, José María Moncada, no soportaba las críticas que se hacían sobre su Administración.

Para 1932, el periódico pasó a tener un solo dueño: Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, y bajo su dirección siguió denunciando las arbitrariedades cometidas por los gobiernos de turno. El 10 de agosto de 1944, Somoza García acusó al Diario de ser parte de una campaña de difamación contra su madre, doña Julia Somoza, de manera que ordenó el cierre del periódico y mandó al exilio a Chamorro Zelaya, quien regresó a Nicaragua hasta en 1946, cuando el dictador Somoza García permitió que LA PRENSA volviera a circular.

Chamorro Zelaya murió el 8 de diciembre de 1952, y la dirección del periódico la asumió su hijo, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien ya había estado exiliado en México cuando su padre fue desterrado por Somoza García.

A este trágico recuento de destierros para miembros de LA PRENSA, se unió en 2023 Juan Lorenzo Holmann, el gerente general del periódico, y dos conductores cuyo trabajo era simplemente llevar a los periodistas a las coberturas que hacían.

Holmann estuvo en prisión por 19 meses. Los dos conductores fueron encarcelados por siete meses, fueron condenados a 10 años de cárcel el 8 de febrero de 2023, pero menos de 24 horas después, el régimen los desterró hacia Estados Unidos junto con Holmann y otros 219 presos políticos. Mientras viajaban en el avión, la dictadura los despojó de su nacionalidad.

Desde julio de 2022, todos los periodistas y colaboradores de LA PRENSA se vieron obligados a salir al exilio después de que el régimen de Daniel Ortega desatara una persecución en su contra.

Todo comenzó cuando un equipo del periódico cubría la expulsión de Monjas de la Caridad hacia Costa Rica. Durante la cobertura, la Policía trató de impedir que el vehículo del periódico se acercara al microbús en que estaban siendo desterradas las religiosas, y durante la noche fueron allanadas las casas del fotógrafo y la periodista que estuvieron en esa cobertura. El conductor fue detenido y convertido en preso político.

Luego, la Policía continuó allanando las casas de los demás periodistas y colaboradores del Diario. Otro de los conductores fue encarcelado, mientras que el resto de la redacción pudo esconderse y posteriormente salir del país para resguardar su vida e integridad física.

Mientras navegamos sobre el río San Juan, en territorio nicaragüense, recordamos aquellos días de persecución en que tuvimos que salir de nuestros hogares dejando a nuestros hijos, cónyuges, padres, madres, hermanos y hermanas. Incluso mascotas. Muchos tuvimos que dejar atrás algunos proyectos personales como estudios, pequeños negocios, pasatiempos, pasiones y demás asuntos de la vida diaria.

Mientras la lancha se adentra sobre las aguas del San Juan, el equipo se mantiene en silencio. El sonido del motor acompaña la nostalgia de encontrarnos en nuestro país, pero a la vez tan lejos de todo aquello que dejamos atrás.

El río San Juan también es navegado por turistas que disfrutan de la fauna y flora de la zona. LA PRENSA

Llegamos a un banco de arena en medio del San Juan. Bajamos de la lancha y aprovechamos para poner pies en tierra firme, en Nicaragua. Se siente bien estar de vuelta, pero también nos invade un sentimiento de inseguridad, de peligro y temor. Algo que no habíamos sentido desde que salimos al exilio porque lamentablemente estamos más seguros en tierras extranjeras que en la propia.

Regresó a nosotros aquella sensación de persecución. Cualquier sonido de motor de lancha nos pone con la guardia alta. Si algún lugareño pasa, escondemos las computadoras y cámaras para no llamar su atención, y cada cierto tiempo simulamos estar buscando a la garza que le dijimos al sargento Vega que vendríamos a fotografiar.

Hemos visto varias de estas aves, pero también ranas, monos y un lagarto joven que apenas advirtió nuestra presencia se metió en el río y desde que lo vimos sumergirse, nadie en la lancha volvió a meter sus manos en el agua.

Este es un día nublado. Gris. Con brisas intermitentes por los microclimas que se forman en la zona gracias a la Reserva Indio Maíz, aunque para nosotros es más un gris nostálgico, cargado de recuerdos de lo que fue la redacción del periódico en Managua, e imaginándonos lo que algún día volverá a ser trabajar en aquellos cubículos, reunirnos en los pasillos y oficinas, y corriendo para sacar a tiempo la edición impresa.

Como Rafaela Herrera

Rafaela Herrera es la heroína más conocida de Nicaragua. Su imagen, salida de la imaginación de algunos artistas, ha aparecido en al menos tres billetes de moneda nacional y cada septiembre se decoran murales en los colegios del país. Su hazaña fue defender el Castillo de la Inmaculada Concepción en este mismo río por el que LA PRENSA se encuentra navegando y preparando esta edición especial.

Por el San Juan ingresó alguna vez al país el célebre pirata Henry Morgan para ir a saquear Granada. Según algunos textos consultados, lo hizo en 1665 y 1670, durante la época dorada de los piratas.

Precisamente para proteger a Granada de piratas e invasores, se construyó el Castillo de la Inmaculada Concepción. Fue finalizado en 1675 y durante más de un siglo constituyó la mayor fortaleza colonial en Centroamérica y el principal punto para repeler las invasiones piratas a Nicaragua.

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En julio de 1762, invasores ingleses y sus aliados miskitos trataron de entrar por el río San Juan para llegar hasta Granada. Su objetivo, como siempre, era saquearla. Rafaela Herrera, era hija del comandante Joseph Herrera, quien estaba a cargo del Castillo y por él aprendió el uso del cañón: montar, cargar, apuntar y disparar.

De acuerdo con documentos de la época, el comandante Herrera murió el 15 de julio de 1762, a causa de una “influsión en la garganta” y 14 días después, a las cuatro de la madrugada, se escuchó un “tiro de pedrero” que provenía de río abajo. A las once de la mañana aparecieron siete grandes piraguas que sitiaron la fortaleza.

La noticia del fallecimiento del comandante había llegado a oídos de ingleses de Jamaica y junto con sus aliados miskitos se disponían a aprovechar el momento para tomarse el Castillo. Eso relató la propia Rafaela en una carta escrita casi 20 años después, firmada el 16 de marzo de 1780.

“A las primeras hostilidades, y a la primera intimación que hicieron los enemigos para que se rindiese el Castillo quisieron entregar sus llaves los soldados negros y mulatos que le guarnecían. Pero la suplicante, aunque joven de solo 19 años, animada del espíritu español de su difunto padre y abuelos, y conociendo el riesgo a que se exponía su honor y virginidad con la barbarie de los zambos y moscos, se opuso fuertemente a tan pública afrenta de las armas españolas; y para su remedio, mandó cerrar la puerta del Castillo, tomó sus llaves y puso centinelas. Después cargó el cañón y principió a hacer fuego a los enemigos. Quiso Dios que fuese con tanto acierto, que al tercer cañonazo que dirigió a la tienda del comandante inglés, quedase muerto y toda su gente en confusión, que, poniendo el cadáver en un tapesco, se retiraron huyendo y dejaron libre el Castillo y guarnición”, relató Herrera en su carta.

Más tarde, Rafaela Herrera se mudó a la ciudad de Granada, donde se enamoró del español criollo Pablo Mora, y en Nicaragua quedó su descendencia.

LA PRENSA preparó esta edición especial desde el río San Juan de cara a su 98 aniversario. LA PRENSA

La presencia de LA PRENSA en territorio nicaragüense representa la decisión de mantener su voz en alto para lograr que este Diario se haga, no entrando subrepticiamente, sino desde nuestros edificio e imprenta que por ahora las retiene abusivamente el régimen. Esta edición especial reclama el derecho que tiene este Diario, y cualquier otro medio de comunicación, de circular por las calles de Nicaragua y llegar libremente a los hogares nicaragüenses, en una patria libre de dictaduras.

En LA PRENSA estamos claros de que la dictadura no nos va a desaparecer. No pudo hacerlo Moncada ni Sacasa, ni los Somoza. Tampoco los sandinistas en los ochenta. Daniel Ortega y Rosario Murillo han tratado de todo y no están ni cerca de lograrlo. El periódico ha sobrevivido a terremotos, bombardeos, el asesinato de su director, destierros, cárcel y más.

Bien lo dijo nuestro antiguo director, don Jaime Chamorro Cardenal: “Rosario Murillo, LA PRENSA va a llegar a los 100 años”. Esa frase la hemos asumido como nuestra meta a corto plazo. 

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COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Felicidades! Para mi este periódico ha sido una educación y cordón umbilical a mi tierra natal.

  2. Hace 2 años

    Felicitaciones al diario La Prensa en su 98 Aniversario. En toda nacion civilizada existen tres poderes que gobiernan independientemente el uno del otro. Cada uno de ellos fiscaliza a los otros dos. Sin embargo, existe un cuarto poder él cual es el periodismo cuya mision es vigilar a los tres poderes gobernando el país. Las labores de todo medio de comunicación en una democracia es investigar, indagar y supervisar a los servidores públicos gobernado la nación y ésto es lo que La Prensa ha realizado a lo largo de sus 98 años de existencia.

  3. Hace 2 años

    Extraño mucho sus fasciculos y libros coleccionables.

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