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Francisco Aguirre Sacasa, excanciller y desterrado político. Óscar Navarrete/LA PRENSA

Francisco Aguirre Sacasa relata con quién hablaba por teléfono cuando se lo llevaron a El Chipote

El régimen de Daniel Ortega mantenía al excanciller de Nicaragua en régimen de “casa por cárcel” cuando lo descubrieron hablando por teléfono y lo recluyeron en El Chipote como castigo. En esta entrevista cuenta con quién y qué hablaba en ese momento.

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Hace unos días, Francisco Aguirre Sacasa recibió una llamada de un número extraño, pero cuando atendió supo que era un viejo conocido quien lo contactaba. “Logré mi sueño americano”, le dijeron.

Quien estaba del otro lado del teléfono era uno de los policías que lo custodió en su casa cuando estuvo detenido bajo el régimen de convivencia familiar y que un día le platicó que su sueño era irse a Estados Unidos. El joven policía desertó y migró.

En esta entrevista, Aguirre Sacasa nos habla sobre sus días encarcelado, sobre cuando lo descubrieron hablando por teléfono con Christopher con un alto funcionario de la administración de Joe Biden, además de sus días de amistad con el también desterrado y fallecido Michael Healy.

¿Cómo se encuentra usted un año después de ser desterrado?

Yo fui detenido en la frontera con Costa Rica porque iba a volar de Liberia a Washington para operarme de la cadera. Esa era una de las dolencias que yo tenía en la cárcel. Una de las primeras cosas que yo hice al llegar aquí fue operarme de la cadera y ahora puedo decir que estoy recuperado en un 95 por ciento. Por ese lado estoy bastante bien, pero anímicamente la situación es diferente.

Mi salida de Nicaragua fue agridulce. Por un lado, cuando nos dicen que teníamos que irnos y montarme en ese avión y que íbamos para Washington para mí era una bendición, pero por otro lado sabía que no podía regresar a Nicaragua mientras siga la dictadura Ortega Murillo en el poder y a pesar de todo lo que ellos dicen, Nicaragua es mi patria y yo sigo amando a mi patria. Estar en Estados Unidos ha sido relativamente benigno para mí, pero me hace enormemente falta mi patria. Si yo pudiera regresar a Nicaragua, me iría esta noche para allá.

A usted lo recibieron sus familiares cuando llegó a Estados Unidos

Recuerdo que cuando llegamos al hotel donde nos fueron a dejar del departamento de Estado, ya me estaban esperando mis familiares. Mis hermanos y mis sobrinos, y estaba Christopher Dodd, que fue uno de los actores más importantes de todo este operativo. Yo lo conocí a Chris cuando estudiamos en la preparatoria en un colegio jesuita en las afueras de Washington y cuando yo estuve en cárcel (casa por cárcel), conseguí un celular y estuve en contacto con Chris y viendo cómo nos podía ayudar a todos nosotros a salir.

Cuando a usted lo descubren con el celular en su casa, es noviembre de 2022, tres meses antes del destierro. ¿De qué estaba hablando con Christopher Dodd en esa fecha?

Yo aprovechaba a hablar con él por teléfono y darle un relato sobre la situación de los que estaban en El Chipote y sobre la situación mía. Estábamos intercambiando ideas sobre lo que podía hacer Estados Unidos por nosotros y para superar la crisis.

¿Hablaron sobre la posibilidad de que fueran enviados a Estados Unidos?

Nunca entramos en detalles de que íbamos a ser 222, ni que iba a ser un vuelo contratado por el Departamento de Estado. Nada de eso. Chris es el amigo más cercano que tengo al presidente Biden en la Casa Blanca y para mí era importante que él estuviera pendiente de cómo aprovechar para sacarnos a todos nosotros o resolver la crisis de Nicaragua. Él jugó un papel importante.

¿Cómo era el régimen de convivencia familiar en el que estuvo?

Había siempre tres policías en la casa. Dormían en la casa en la noche y durante el día ahí pasaban. La estadía mía fue interesante. Al comienzo yo tenía acceso a caminar alrededor de la casa, pero a los días me dijeron que no podía salir de la casa. En mi residencia yo tenía varios edificios. Tenía la casa donde yo dormía, y la casa donde había una oficina y otros dormitorios y ahí estaban todos mis libros. Entonces yo lo que hacía es que me daba una escapadita para ir a traer libros porque yo me pasaba la mayor parte del tiempo leyendo.

Me acuerdo también que había unos policías jóvenes y nos sentábamos a platicar. Uno de ellos me dijo que su sueño era irse a los Estados Unidos. Un día de estos recibí una llamada porque yo tengo el mismo número que tenía en Nicaragua y me llamó y me dijo: “Don Francisco, ya estoy en Seattle, Washington. Ya logré mi sueño americano”. Estuvimos platicando como media hora.

¿Las personas que vivían con usted podían salir de la casa?

La única que vivía conmigo era mi esposa y ella podía salir, pero la registraban cada vez que salía y llegaba a la casa. Le revisaban su cartera para que no trajera nada.

¿Podía recibir visitas de otros familiares o amigos?

No. Me costó muchísimo tiempo para que llegara mi barbera y yo ya tenía el pelo que parecía hippie y tuve que hablar con uno de los jefes de los policías para que autorizara que llegara mi barbera a cortarme el pelo. Con el pasar del tiempo me dieron el permiso y me cortó el pelo en una terraza atrás de la casa y siempre había un policía pendiente de uno, a pesar de que yo no iba a salir corriendo por mi problema de la cadera.

Francisco Aguirre Sacasa. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

¿Cómo fue el tiempo que pasó en El Chipote?

La celda mía estaba de frente a donde estaba Mike Healy y en esa misma celda estaba Luis Rivas. Siempre estábamos pendiente del pasillo para ver si había un policía y cuando no había nadie nos poníamos a platicar y hablaba en inglés con Luis Rivas, hasta que llegó un policía y nos dice: “Hablan muy bien inglés ustedes”. De alguna manera, ese policía se nos acercó para que nos diéramos cuenta que nos estaba monitoreando y llegó a decirnos que no podíamos hablar con los que estaban en las otras celdas. Yo estoy seguro que esa persona no hablaba ni una gota de inglés.

Usted fue cercano a Michael Healy. ¿Cómo recibió la noticia de su muerte?

Es como que si hubiera muerto un hermano mío. Teníamos años de ser muy buenos amigos. Éramos parte de un grupo que se reunía todos los martes en un restaurante allá en Managua. Todos prácticamente los que nos reuníamos en ese restaurante terminamos en El Chipote. Yo creo que pensaban ahí en El Carmen que nosotros estábamos conspirando en contra del gobierno y por supuesto que hablamos de política, pero no estábamos en ningún plan de estar conspirando o pensando en cómo íbamos a derrocar al gobierno. Michael y yo éramos los únicos del grupo que tomábamos ron y nos pedíamos una media y la compartíamos. Para mí Michael era un amigo tremendo y su muerte ha sido algo que nos ha golpeado.

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¿Porqué cree usted que Ortega decidió liberarlos?

Yo creo que fue una iniciativa de Ortega y Murillo. Mis amigos en el gobierno norteamericano me han dicho que a pesar de que ellos estaban presionando, la iniciativa fue de la pareja. Yo creo que ellos temían que Estados Unidos adoptara medidas más drásticas contra gente del gobierno, no solo quitarles visas, sino que, para entonces, le habían quitado la cuota azucarera a Nicaragua, que eran como seis millones de dólares al año. Yo pienso que temían que adoptaran medidas económicas fuertes que los afectara, como sacar a Nicaragua del DR-CAFTA.

Lo otro es que éramos 222 personas y los que estábamos en El Chipote teníamos ocupadas todas las celdas. Tenían que darnos comida, una gran cantidad de policías ahí cuidándonos día y noche, gastando luz y demás. Yo creo que el costo financiero de nuestro encarcelamiento también pudo haber sido una consideración.

¿Cómo ve al régimen ahora?

La persecución a la Iglesia Católica en este momento es algo que es imposible de entender. No hace ningún sentido. Es una cosa que ha causado un malestar muy grande Estados Unidos y con el gobierno norteamericano, pero también con los países de la Unión Europea, entonces eso es una acción torpe por parte de la actual administración de Nicaragua que yo francamente no le entiendo. No sé cuál es el problema de la Murillo y de Daniel Ortega con la Iglesia Católica.

La otra cosa que han logrado ellos es volver a hacer de Nicaragua uno de los países más pobres de Latinoamérica. En este momento Nicaragua tiene la economía más pequeña de Latinoamérica, más pequeña aún que la economía de Haití y el ingreso per cápita de los nicaragüenses es el segundo más pequeño de Latinoamérica. El único que está más bajo que el nuestro es Haití que es un país prácticamente africano en el continente americano, pero nuestra economía es más pequeña que la de Haití.

Ortega se ha vuelto muy cercano a China en los últimos dos años.

Yo no veo a China como un socio que va a ser tan importante para Nicaragua. Hasta la fecha creo que nos han regalado como cuatro buses, no sé cuántas otras cosas van a dar, pero te voy a decir algo bien franco, para la República Popular China, Nicaragua es insignificante geopolíticamente. Es un ligero irritante para los Estados Unidos, pero para para la República Popular China la relación con los Estados Unidos es mucho más importante que el estar respaldando a Ortega.

En los últimos días Ortega ha cerrado consulados en Estados Unidos y otros países, y ha abierto en otros lugares como en Zimbabue.

Yo conozco muy bien Zimbabue porque trabajé varios años en países africanos con el Banco Mundial, y nosotros no le vamos a exportar más que unos puros al año y tal vez unas dos botellas de ron. Es decir, esa relación es ridícula. Zimbabue nunca va a ser importante para Nicaragua.

Francisco Aguirre Sacasa, excanciller de Nicaragua, advierte al dictador, Daniel Ortega, negociar de buena fe
Francisco Aguirre Sacasa estuvo detenido en su casa y en El Chipote. LA PRENSA

¿Qué puede decir sobre el retiro del embajador de Nicaragua en Estados Unidos, Francisco Campbell?

Francisco, después de quién sabe cuántos años de ser embajador, han nombrado ahora a un ministro consejero. Esto es probablemente porque el gobierno norteamericano está diciéndole: “Ustedes no nos permiten a nosotros tener un embajador en Nicaragua y nosotros tampoco les vamos a permitir a ustedes tener acreditado un embajador”. En otras palabras, es parte de un juego diplomático.

¿Es posible que la relación entre Nicaragua y Estados Unidos se deteriore aún más?

Peligra la relación entre Estados Unidos y Nicaragua, pero no peligra para Estados Unidos. Puede continuar trabajando como está la potencia económica y política más grande del mundo con o sin Nicaragua. Para Nicaragua no es un gran éxito. Ellos creen que ellos pueden seguir haciendo barbaridades porque nadie le está poniendo mente acá, y es la verdad, aquí si vos ves las noticias norteamericanas, fuera del sur de la Florida, nadie le para bola a la dictadura de Nicaragua, pero siempre hay un grupo de personas que están pendientes de Nicaragua en el Departamento de Estado, en el Departamento de Defensa de los Estados Unidos y este es un año político en los Estados Unidos. Estados Unidos en un año electoral norteamericano es peligroso y yo me imagino que eso es algo que deberían de tener pendiente la gente del Carmen si es que entienden algo de geopolítica y de lo que es la historia del mundo.

A propósito, ¿qué le conviene más a Nicaragua? ¿Biden o Trump?

Esa es una buena pregunta. Yo creo que los demócratas tienen su propia manera de impulsar la democratización de Nicaragua, pero los republicanos también y tenían un asesor que decía que Nicaragua era parte de una troika de la tiranía. De repente alguien puede decir, ya sea en la Casa Blanca o en otra parte, que Nicaragua es un ejemplo de cómo ha fracasado el opositor (republicanos), y sobre todo el gobierno podría decir que esta es una manera en que puede demostrar que está comprometido con la democracia y que puede tomar acciones, es decir, este año es un año peligroso para el gobierno de Ortega y Murillo. Anticipando eso, explica en parte porque nos sacaron a nosotros en febrero del año pasado.

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