«Con el pecho descubierto, llenos de sueños, ilusiones y demandas», así describe el exacadémico Ernesto Medina la entrega de los estudiantes a la lucha contra la dictadura de Daniel Ortega en 2018. Seis años después, cientos de esos jóvenes se encuentran en el exilio por las amenazas, la persecución y el hostigamiento de la Policía orteguista y de los simpatizantes de la dictadura.
Muchos de ellos eran universitarios cuando con valentía salieron a reclamar sus derechos y los derechos del pueblo nicaragüense, pero para algunos el costo fue dejar a sus familias, abandonar sus estudios y salir del país.
«Los jóvenes ahora se debaten entre decidir si proseguir jugando un papel protagónico en la lucha política o recuperar sus vidas que están siendo amenazadas», reconoció Medina, quien también vive en el exilio.
Lea también: Ortega quiere convertir a las universidades en una “masa de gente que no piensa”, advierten
Medina fue rector de la Universidad Americana (UAM), una universidad privada en Managua, fundada por el Ejército de Nicaragua, que en sus inicios tuvo mucho prestigio. Ahora es otra universidad bajo el control de la dictadura, se puede decir que es la única universidad privada que no fue intervenida, porque ya estaba en las manos de importantes aliados del régimen.

La dictadura de Ortega también se ha encargado de sepultar la independencia de todas las universidades, privadas y públicas. Las universidades privadas han sido canceladas, confiscadas y han pasado a manos de fanáticos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), partido que encabeza Ortega.
El último golpe y tal vez el más impactante por los más de 60 años de historia de esta universidad fue la confiscación y toma de la Universidad Centroamericana (UCA), fundada por la orden religiosa Compañía de Jesús. También significó un ataque más a la Iglesia católica, dentro de la guerra que libra Ortega contra los sacerdotes críticos.
La UCA es reconocida como el semillero de la lucha estudiantil de abril. Casi toda su población estudiantil salió a protestar contra el régimen de Ortega y su esposa, Rosario Murillo, en abril de 2018. Antes de su descarada confiscación en 2023, la UCA pasó sitiada por la Policía y líderes estudiantiles más reconocidos fueron obligados a abandonar el país y algunos estuvieron presos antes de ser desterrados.
Además, el régimen orteguista ha borrado el historial académico de los estudiantes que destacaron en las protestas y de todo el que haya tenido un actitud crítica en las aulas de clases.
Lea además: Miles de estudiantes en el limbo académico en una universidad a la deriva
Medina manifestó que no es fácil recomendarles qué hacer a los jóvenes, porque ellos son los que más dieron y también los que más perdieron en los últimos años, pero lo que sí afirma con toda seguridad es que se deben seguir preparando porque —y reconoce que suena cliché— el futuro es de ellos.
«Vivimos en un mundo en que la educación, la ciencia y la tecnología son las que están marcando y van a seguir marcando el destino de los países y en la misma política en Nicaragua sobre todo ha quedado claro que si no tenemos al frente de las luchas políticas, de las organizaciones políticas, a personas preparadas, a personas con una mentalidad abierta y crítica, difícilmente vamos a lograr cambios verdaderos y vamos a volver a caer en los caudillismos atrasados que han caracterizado la historia política de América Latina y a las dictaduras», dijo el exacadémico.
Preparación es importante
Nadie puede negar la importancia de que estos jóvenes se sigan preparando, pero las dificultades que tienen para seguir sus estudios en el exterior es enorme.
Douglas Castro sabe por propia experiencia la impotencia de tener grandes oportunidades por delante y no tener acceso a estas por el exilio y porque el régimen orteguista se ha encargado de dejar sin documentos de identidad a cientos de nicaragüenses, lo que dificulta aún más convalidar sus estudios.
Lea además: “Apátridas de facto”. Los nicaragüenses sin pasaporte presos en su país
En 2018, Castro participó en las protestas civiles contra Ortega y luego se integró como miembro de la organización opositora Alianza Cívica y forma parte de la Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN). Al igual que decenas de opositores, huyó del país por la persecución de la dictadura orteguista en octubre de 2021.
En 2023, Castro fue aceptado para estudiar con una beca en una de la universidades más prestigiosas del mundo, en Oxford de Inglaterra, pero tenía su pasaporte con fecha vencida y no podía viajar desde el país donde estaba en el exilio, en Colombia hasta Londres. Después de luchar contra duras barreras burocráticas, finalmente Castro logró viajar, pero no fue fácil.
«Prepararse, desarrollarse profesionalmente es también un compromiso con el país», piensa Castro.

Castro sabe de casos de jóvenes nicaragüenses que, al igual que él, han luchado contra duras barreras para seguir estudiando, pero también hay otros que no lo han logrado.
«Hay casos de personas que iban ya iban a salir, que estaban en cuarto, quinto año de su universidades que no les dieron ningún tipo de documento, que fueron expulsados y que les ha tocado empezar de cero, tres, cuatro años después, es decir son personas que entre comillas han perdido ocho años, no se desaniman y siguen con su proyecto académico. Eso es positivo para el movimiento prodemocrático de Nicaragua, para la oposición, para la sociedad civil, porque se necesitan personas que estén comprometidos con su propia formación, porque saben que a través de la misma pueden contribuir al desarrollo del país, entonces creo que con eso gana Nicaragua», valoró Castro.
Sin embargo, Castro reconoce que hay en proceso también una descapitalización del país, debido a la fuga de cerebros, jóvenes que se están formando en otros países y no pueden regresar a Nicaragua.