La presa política Martha Candelaria Rivas cumple detenida 580 días. Continúa en prisión a pesar de que el régimen de Daniel Ortega desterró al padre Manuel García, contra quien Rivas se negó a testificar y fue capturada arbitrariamente como represión política.
En 2022, los medios de comunicación del régimen utilizaron a la periodista Lucrecia Rivas para fabricar un caso penal contra el sacerdote Manuel Salvador García, quien se convirtió en el primer religioso encarcelado por la dictadura de Daniel Ortega. Martha Candelaria Rivas, al percatarse de que había sido instrumentalizada, intentó remediar la situación, pero esto solo empeoró su posición.
El episodio se desencadenó a raíz de un video difundido por los medios oficialistas, mostrando al padre García blandiendo un machete desde el interior de su parroquia, Jesús de Nazareno de Nandaime, Granada. En el video, capturado desde el exterior, se observa a policías y seguidores de Ortega gritándole «asesino» al sacerdote.
El 17 de junio, en la audiencia de anticipo del caso, Rivas explicó que el padre no la agredió intencionalmente, sino que fue un accidente, y que por eso no firmó la denuncia. También negó haber tenido una relación de pareja con él. Posterior a eso fue arrestada y acusada por “el supuesto delito de falso testimonio en perjuicio de la administración de justicia del Estado de Nicaragua”.

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Destierro de sacerdotes
En tres ocasiones, el régimen ha desterrado a presos políticos. En las dos últimas han sido grupos de líderes religiosos y los ha recibido el Vaticano.
El 14 de enero fueron desterrados 20 líderes religiosos, entre ellos se confirmó que iba monseñor Rolando Álvarez, quien en tres ocasiones se había negado a abandonar Nicaragua.
“La Presidencia de la República, el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional y el Pueblo de Nicaragua, agradecemos profundamente al Santo Padre, Papa Francisco; a la Secretaría de Estado de la Santa Sede; a su Titular, Cardenal, Su Eminencia Reverendísima, Pietro Parolin, y a su equipo de trabajo, por las muy respetuosas y discretas coordinaciones realizadas para hacer posible el viaje hacia el Vaticano de dos obispos, quince sacerdotes y dos seminaristas”, detalló la última misiva de la dictadura.