La literatura y el periodismo son un matrimonio como el que a muchos les gustaría tener, tan íntimos, tan unidos que a veces te preguntas dónde se separan el uno del otro. Tengo un amigo que me dijo “si yo no estoy escribiendo, es como si no existo” y pensé que así me sentía yo cuando me alejé del periodismo.
De niña escribí poemas, tengo un intento de poemario que lo demuestra, pero no he reunido el valor de publicarlo. Crecí con los cuentos del Tío Coyote y el Tío Conejo, y las Fábulas de Esopo y recuerdo mucho las moralejas de ellas, era una manera de aprender, de conocer el mundo, una forma creativa de crecer.
Así me enamoré del periodismo, fue más un interés por “saber contar el cuento”. Y espero haberlo logrado en los años en que me dediqué a escribir en diferentes medios.
En medio de situaciones difíciles el periodismo y la literatura dan mucha esperanza, me gusta que ha sido un matrimonio de años y en diferentes plataformas, porque también recuerdo a Kalimán como radionovela y luego en podcast y aunque no son noticias y dirán no es periodismo, era un contenido transmitido en medios de comunicación masiva.
Hace poco miré que Antonio Banderas podría interpretar a Rubén Darío y esta idea de literatura y periodismo volvió a mi cabeza. Grandes escritores trabajaron en medios y excelentes periodistas han escrito libros, fue entonces que dije “hay esperanza”.
En qué sentido hay esperanza, hace poco escribí un trabajo sobre la falta de un relevo generacional y aún me preocupa que en unos años no habrá periodistas formados en escuelas de educación superior como antes. Pero saber que aquellos que aman escribir, que quieren contar el cuento se vuelven periodistas y escritores de calidad me hace pensar que a lo mejor podría haber futuro para lo que han llamado “el mejor oficio del mundo”.
Solo que el cuento tiene una advertencia. Así como me enamoré del periodismo y la literatura leyendo, con cuentos, con poemas, las nuevas generaciones deben tener ese acceso a contenidos creativos, que los hagan soñar, querer escribir o crear material para medios de comunicación masivos, con moraleja por supuesto.
Si la literatura ha mostrado que tiene futuro, porque conozco escritores de diferentes edades, quizá el periodismo también encuentre a esos apasionados por las letras, por el contenido de calidad y por saber contar el cuento.
Creo que escuchar a un buen periodista dedicado a otras cosas, pero saber que escribe novelas y que pronto tendré el placer de leerlas, me trae un poco de paz, una que no pensé iba a tener cuando veo los ataques a medios de comunicación. Si la literatura y el periodismo son un matrimonio, lugares como las instalaciones de LA PRENSA o El Nuevo Diario eran sus casas y hoy son detalles, momentos, personas las que mantienen esa relación. Se han mudado a nuevas plataformas en internet, como los podcasts.
El potencial de saber contar el cuento es impresionante. Recuerdo el relato de que Tamara Dávila inventaba cuentos para su hija cuando estaba en prisión. Y cuando me tocó hacer un trabajo para un diplomado en la Universidad de Costa Rica, dije por qué no explicar la migración a un niño contándole un cuento.
Ese cuento, me trajo una idea, una idea a la que espero darle forma muy pronto, más allá de una buena calificación creo que el fruto fue la inspiración de hacer algo más grande.
No tengo todas las respuestas, pero si de algo estoy segura es que cuando trabajas en algo que te apasiona, no es trabajo, es amor. Espero que esa inspiración inculcada por mi madre cuando nos leía cuentos, cuando hacíamos títeres de papel maché, la tengan otros niños y niñas en Nicaragua, para que se enamoren como yo de la creatividad, de la literatura, del periodismo, pero sobre todo de crecer con moralejas.
Y quiero cerrar con la parte de la colectividad. Los escritores, los periodistas, en su mayoría disfrutamos trabajar en equipo. Siempre recordaré a Benito Taibo, escritor mexicano, cuando en un TEDx comentó que le habían preguntado qué libro se llevaría a una isla desierta y respondió “cómo hacer una balsa para tontos”.
En este nuevo caminar la inspiración también podría venir de una idea colectiva. Así que espero que esta esperanza que tengo hoy sea una semilla y que encuentre tierra fértil para crecer. Conozco al gremio y sé que es posible, son mis colegas, mis amigos, amigas, personas que admiro y que nacieron para contar el cuento, para conquistar el mundo.
La autora es licenciada en Ciencias de la Educación.