En medio del temor por la vida de monseñor Rolando Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, quien permanece encarcelado en el Sistema Penitenciario Jorge Navarro mejor conocido como La Modelo, el Centro de Asistencia Legal Interamericano en Derechos Humanos (Calidh) dirigió una carta al papa Francisco, en Roma, en la que le solicita «interceder con fuerza contundente por el obispo».
El obispo Álvarez purga una condena de 26 años después que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo lo sentenció a 26 años de cárcel por «traición a la patria». Este martes 19 de diciembre monseñor cumple 502 días de estar privado de su libertad.
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A su vez, le expresó la preocupación de muchos nicaragüenses, organismos de derechos humanos y la comunidad internacional, en cuanto a la situación de monseñor Álvarez.
Calidh «es consciente que su Santidad está al tanto de la prisión del obispo (…) Santo Padre, sabemos que uno de los pilares de la cristiandad es confiar en que los tiempos de Dios son perfectos, pero esos tiempos no pueden estar atrasados respecto de la historia terrenal, por lo que pedimos a usted adoptar, junto a la Iglesia latinoamericana, una posición que permita la liberación del obispo Álvarez».
Denuncian la frialdad de la CEN
También el organismo de derechos humanos destacó la dignidad de monseñor Álvarez que resiste en la cárcel firme de no querer ser un desterrado más, sin embargo, «Centroamérica no necesita otro mártir y la Iglesia no puede permitir que Álvarez sufra el trágico destino del defensor de los postergados de El Salvador», en alusión a monseñor Óscar Romero.
Calidh en la misiva afirmó que con mucha tristeza denuncian «la frialdad de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), quien en otros tiempos, con valentía, enfrentó a la dictadura somocista y a las violaciones de derechos humanos de la revolución sandinista».
Afirmó que los obispos católicos callan ante el clamor del pueblo y no se pronuncian respecto a su hermano, monseñor Álvarez. «Nosotros no creemos que su Santidad oriente a los obispos mantener esa actitud insensible, ante una Iglesia que desde el Concilio Vaticano II ha renovado su compromiso contra las opresiones. Usted fue ministro de su fe durante la dictadura militar argentina y sabemos que se solidariza con nuestro pueblo por aquel periodo de terror del que fue testigo», apuntó Calidh.
Por lo anterior, le solicita al sumo pontífice «interceder con fuerza contundente por el obispo; que la Iglesia en Latinoamérica supere la costumbre de los comunicados y sea fructífera en fe y obras, con valentía como en la iglesia primitiva y que, bajo la obediencia que le deben a usted los obispos nicaragüenses, salgan del letargo producido por el miedo y la apatía».
También le piden que le insista al cardenal Leopoldo José Brenes, cabeza visible de la Iglesia en Nicaragua, a que tenga «el valor apostólico».
Ataque a la libertad religiosa
En la carta, Calidh le describe a su santidad que Nicaragua, bajo el orteguismo, está «viviendo el peor momento desde el retorno de la democracia en 1990», y a su vez le mencionan los crímenes de lesa humanidad que la dictadura ha cometido desde abril de 2018, cuando se originaron las protestas antigubernamentales que fueron aplazadas por la brutal represión que dejó 355 nicaragüenses asesinados, según datos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
«Se han cometido tantos crímenes contra la humanidad, que nos resulta imposible dimensionar y dar un nombre a la perversidad generalizada que ejerce el régimen nicaragüense contra la población y de forma específica, contra muchos sectores, entre ellos, la Iglesia de Nicaragua que sufre persecución por motivos religiosos, una conducta prohibida por el Derecho Penal Internacional», indicó Calidh.
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Enseguida, el organismo de asistencia jurídica a las víctimas con sede en Buenos Aires, Argentina, le detalló la persecución y ataque que vive la Iglesia católica en Nicaragua.
«No existen antecedentes comparables en la historia nicaragüense de la demolición de la libertad religiosa que sufren hoy día los ministros y profesantes de la fe católica y en los últimos tiempos represivos, contra la feligresía evangélica en su amplitud», recalcó y a su vez, describió que esos ataques incluyen la prohibición de los ritos y procesiones.