Hay sueños que se hacen realidad. De niña escribía poemas, crecí y hacía intentos de cuentos y mininovelas y creo que desde que tengo memoria llevo un diario que poco a poco terminó siendo un blog. Mi mamá reconoció desde esas primeras letras, que ella acompañó, que yo sería periodista.
Mi sueño era escribir, en ese momento el internet estaba en pañales y empezamos a tener latín mail. Recuerdo que en el salón de clases había muchas mujeres, diría que era un 50/50 a diferencia de carreras como las ingenierías donde los varones dominan.
Con el tiempo fui descubriendo que las mujeres tenían un don para el periodismo, no por el chisme, que me parece una grosería que esta característica se la den más a las mujeres cuando en la carrera de comunicación parecía ser la norma general. Lo que fui descubriendo fue nuestra capacidad para organizarnos.
En mis pasantías en la Universidad Centroamericana y mi primer trabajo en LA PRENSA fui dirigida por dos mujeres, una mamá periodística que me enseñó a ser organizada y otra que me mostró cómo ir siempre un paso adelante. Aún recuerdo la programación de reportajes con meses de anticipación.
Después de años en relaciones públicas, desarrollo de proyectos y consultorías decidí volver a acercarme al periodismo y me vuelvo a topar con mujeres periodistas admirables, “penconas”, de esas que no se rinden y para mi mayor orgullo dirigiendo medios de comunicación.
Ver mujeres a cargo de medios de comunicación me da cierta paz, saber que hay personas organizadas, que logran combinar sus vidas personales, sus familias, su labor de periodistas y sus puestos directivos.
Hacerme “especialista”, aunque yo usaría el término “estudiar género” me ha demostrado que un hecho debe ser visto con esta perspectiva. No es lo mismo ser un hombre periodista que una mujer. Pero con el tiempo las mujeres han conquistado este espacio. He visto dos premiaciones de periodismo de investigación en el que mujeres venezolanas, que tengo el orgullo de conocer, han recibido reconocimientos y aún recuerdo a una amiga decirle a un colega que “el chocoyo en toda rama es verde”, porque, aunque no estaba trabajando en un medio solicitó un espacio en El Nuevo Diario y ganó el premio Pedro Joaquín Chamorro.
Ser mujer periodista es diferente. Conocer mujeres que se exiliaron por su labor periodística me lo dejó más que claro. Las mujeres no migran solas, la mayoría de ellas mueven cielo y tierra para trasladarse con sus hijos. Creo que es algo de mujeres nicaragüenses en general. Mi mamá solía decir “yo ando completa” cuando salía con sus tres hijos. Aún recuerdo que las salidas eran agarre cada quien su mochilita y nos vamos. Así con sus hijos, con una mochilita, muchas mujeres periodistas huyeron del asedio y amenazas en Nicaragua.
En casos que conozco los hombres dejan a los hijos o hijas al cuido de sus abuelas o mamás, hermanas, tías y dicen “están seguras”, “están bien cuidadas”, mientras que hay mamás que “no los van a cuidar como yo” o “deben estar con mamá”.
No quiero que me digan que estoy reproduciendo un estereotipo, una idea construida de la sociedad, estoy hablando de casos que conozco y por eso debo decir que hay ya casos de hombres que migran con sus hijos, con sus familias completas, nuevamente algo muy nica.
Hablando de las mujeres periodistas a cargo de medios no tengo el dato, pero se dice que desde abril de 2018 han surgido cerca de 30 medios y al menos una docena de ellos tienen una mujer a la cabeza. Mi mamá solía decir “la necesidad es la madre de la inventiva”. Así son las mujeres nicaragüenses, buscando cómo resolver. He escuchado a dos dueñas de medio decir “aunque me quede sin salario le pago a mi gente”, me sonó tanto a la distribución de comida en una casa donde las mamás sirven a sus hijos y al final comen ellas.
Ser mujer periodista es un poco eso, hacer sueños realidad, trabajar por ellos con las deferencias que representa ser mujeres en el mundo periodístico, pero sobre todas las cosas llenar de orgullo a los nicaragüenses. Conozco muchas mujeres que me hacen sacar pecho: emprendedoras, deportistas, profesionales, periodistas y ahora una comunicadora social como Miss Universo.
Espero que cuando se encuentre la solución a la falta de relevo generacional para el periodismo nicaragüense las mujeres, las jóvenes, muestren una vez más de lo que estamos hechas, que nacimos para no solo pare resolver, nacimos para triunfar.
La autora es licenciada en Comunicación Social.