Pese a que las calles alrededor del templo permanecían cerradas con vallas policiales que impedían el paso de vehículos, los masayas, a pie, llenaron la iglesia de San Jerónimo para participar en la eucaristía en celebración de la Octava de su Santo Patrono.
Las fiestas patronales de Masaya constan de dos fechas importantes: el 30 de septiembre, día de San Jerónimo según el santoral católico y el siete de octubre, la Octava del santo, conmemorada de manera popular, como su nombre lo indica, ocho días después del 30 de septiembre.
Durante la primera fecha se acercan a la ciudad devotos y promesantes de diferentes partes del país por lo que es conocida como una festividad “de los foráneos”, mientras que el siete de octubre se reúnen principalmente los pobladores de Masaya.
Desde antes de empezar la misa a las 10 de la mañana, ya se veían en el templo feligreses reunidos frente a San Jerónimo, vitoreado como “Doctor que cura sin medicina”, aunque su doctorado es un título otorgado por la Iglesia Católica a algunos santos que han tenido un peso especial en el desarrollo del cristianismo. En este caso, San Jerónimo es considerado además uno de los Padres de la Iglesia pues realizó una labor vital: tradujo la Biblia del hebreo y el griego al latín.
Esta traducción llamada “La Vulgata”, o sea “edición para el pueblo”, fue tan influyente que en 1546 fue declarada por la Iglesia como la edición auténtica de la Biblia para la Iglesia católica latina.
Una celebración hecha “de poquito en poquito”
Durante la eucaristía la parroquia lucía llena de personas que han mantenido las tradiciones de esta festividad. Ancianas con candelas de cebo en sus manos, madres con sus hijas vestidas con coloridos güipiles, padres cargando a niños pequeños.
El padre José Antonio Espinoza, párroco de la iglesia San Jerónimo, mencionó hacia el final de la misa que este año la celebración se hizo “de poquito en poquito”, con donaciones de los ciudadanos que han aportado “una hora de música, una docena de cohetes, lo que han podido”. Cabe destacar que las fiestas patronales de Masaya son realizadas únicamente por la Iglesia Católica de la ciudad, sin ningún apoyo público.
El sacerdote también recordó de manera especial a Monseñor Estanislao García Calero quien durante 36 años fue el párroco de San Jerónimo y una figura muy querida y respetada en Masaya. Monseñor García falleció justamente un siete de octubre hace nueve años.
Espinoza manifestó que el recordado “Papa Tano” había sido “incomprendido” durante muchos años pues había tratado, infructuosamente, de impregnarle un carácter evangelizador a los festejos de la Octava, cuya procesión pasaba más de 24 horas recorriendo la ciudad.