Carta de un político veterano a los jóvenes

Pertenezco a la generación que creció escuchando a los Santana y a los Rollings Stones, esos ancianos de hoy siguen reuniendo multitudes.

Soy de la generación nicaragüense que derrocó al somocismo. ¿Por qué lo hicimos? Porque queríamos vivir tranquilos, anhelábamos un porvenir distinto. Estábamos hartos de la represión. Queríamos vivir sin ataduras, libres. Llegar a adultos y no vernos obligados a pertenecer a un partido para conseguir empleo.

La lucha nos envolvió en un torrente y después que creímos haberlo logrado todo, vinieron nuevas dificultades. Otra guerra.

En el devenir, de los que sobrevivimos cada quien tomó su propio camino. Unos continuamos en el afán de lograr un mejor país, otros se dedicaron a estudiar, otros a hacer dinero. Algunos se corrompieron.

Aprendí una lección: ser partícipe de una lucha justa, incluso heroica, no inmuniza contra los vicios y males que hay en la sociedad.

Después de derrocar al somocismo, muchos callamos ante los errores y abusos que se cometían. Callamos por miedo, por complicidad, por comodidad o porque asumimos que ya habría tiempo para corregirlos. Se hizo tarde y ese tiempo no llegó.

También cometimos el error de deificar a los dirigentes. Y el endiosamiento de los líderes, pasa por diferentes etapas, desde decirles que todo está bien hasta delegar en ellos que piensen por uno mismo, o el más repudiable para mí, el servilismo.

La juventud es inabarcable por su diversidad. Existen grupos de jóvenes con aspiraciones comunes, pero también con características, expectativas y aspiraciones muy diferentes que dependen de su situación familiar, económica, de su nivel educativo. Y de muchos factores más.

Ser joven no es garantía de nada. Los dictadores no nacieron viejos. Jóvenes dictadores cometieron hechos abominables en sus países. Somoza Debayle tenía 31 años cuando dirigió en 1956, una de las jornadas de represión más sangrientas en nuestra historia. Jean-Claude Duvalier, a los 20 años, en 1971, asumió el poder en Haití y dio continuidad al terror impuesto por su padre.

En sentido contrario, se pueden encontrar viejos, que en su ejercicio político son radicalmente progresistas y democráticos.

Entre los jóvenes de hoy están quienes seguramente dirigirán la reconstrucción de una Nicaragua democrática. Pero ¡ojo!, también pueden estarse incubando los futuros Somozas u Ortegas.

Dos consejos. Eviten, jóvenes, verse en espejos de aumento. Es un craso error en política. Distorsionan la realidad y engañan. Y por sobre todas las cosas, estudien para que no los atrape la superficialidad y la mayoría de ustedes puedan construir un país mejor.

El autor es político nicaragüense exiliado.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    Felicitaciones Hector por esta reflexion y aleccionador mensaje a nuestra juventud actual. pero también lxs aun ya en la vejez, seguimos con Esperanza, del aunar esfuerzos y darle termino al compromiso patrio pendiente de cumplir a nuestra siempre Linda y amada Nicaragua. Por la memoria de nuestros Hijos y Mártires de los 80ths y los que han seguido ofrendando sus vidas hasta día de hoy, yo Juro lealtad, amor y transparencia en este diario camino que siento, tiene ya su pronto final. En Dios Confiemos!

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