¿La edad del retiro?

Desde 1995, años después de su muerte, se sigue equivocadamente atribuyendo a Winston Churchill la frase: “Cualquiera que no sea socialista en su juventud, no tiene corazón. Cualquiera que lo siga siendo en la edad madura, no tiene cerebro”.

La cita más bien parece originarse en una frase del historiador y político francés François Guizot, que había dicho lo mismo, cambiando liberal por socialista. En el tiempo en que lo dijo, ser liberal era ser revolucionario, y, por consiguiente, de izquierda dura. Frases parecidas han sido atribuidas a Edmund Burke, Benjamín Disraeli, Víctor Hugo, y Georges Clemenceau.

Algunas personas remaduras de la izquierda latinoamericana han creído encontrar en el adagio una fuente de inspiración para fortalecer las posiciones de sus corrientes ideológicas, impulsando sotto voce, un culto ciego a la juventud para congraciarse con esta y atraer su respaldo.

Pero vale recordar que Nelson Mandela fue electo presidente de la Unión Sudafricana en 1994 a la joven edad de 76 años; Golda Meir, primer ministro de Israel, a los 61; Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, a los 69; Sergio Mattarella, presidente de Italia, a los 73; Margaret Thatcher y Mijaíl Gorbachov fueron electos, ella, primer ministro de Gran Bretaña y él, secretario general del buró político del Partido Comunista de la Unión Soviética, en 1985, a la inusitada y fresca edad de 54 años. Finalmente, Violeta Barrios de Chamorro asumió como presidente de Nicaragua en 1990, a los 61 años y Enrique Bolaños Geyer fue electo ya cumplidos sus 73 años.

Del otro lado, Enver Pasha, líder del imperio Otomano, a los 32 años, y los emperadores Calígula a sus 24 años y Nerón a los 16 tomaron el control de Roma; Tolomeo decimotercero llegó al trono de Egipto a los 11 años. Todos ellos accedieron jóvenes a un poder que, siendo caritativos podríamos decir que, por no tener la experiencia para controlar, convirtieron en tiranía.

Para no ir muy lejos, la edad promedio de la Dirección Nacional Conjunta (del FSLN) en 1979, era de 33 años, y solo un tercio de ellos tenían títulos universitarios. 43 años más tarde vemos la destrucción a la que los jóvenes sin educación han llevado a Nicaragua: de ser casi junto a Costa Rica el PIB per cápita más alto de Centroamérica en 1974, a empatar con Haití en el fondo del barril latinoamericano el día de hoy.

En Nicaragua la juventud no puede reclamar falta de protagonismo; la mayoría de los gobernantes han sido jóvenes: Pablo Buitrago de 24 años; Tomás Martínez, 33, Luis Somoza Debayle, 34; Toribio Terán y Adolfo Díaz, 36; Justo Abaunza Muñoz, Máximo Jerez y Francisco Castellón 39; Anastasio Somoza García, José Dolores Estrada, y Luis Mena, 41; José Madriz, 42; Anastasio Somoza Debayle y Patricio Rivas, 43; Manuel Antonio de la Cerda y Fernando Chamorro, 45; Norberto Ramírez 47; Juan Argüello del Castillo, 48; José Guerrero y Fruto Chamorro a los 49.

Con demasiada frecuencia, esa exuberante juventud, lejos de entusiasmar al país con su liderazgo y su dinamismo, ha significado retraso y transiciones circulares con el resultado que en Nicaragua casi siempre se cumple otro adagio: “Todo tiempo pasado fue mejor”.

A diferencia de la comida chatarra, la mente humana no tiene fecha de caducidad. Hay personas que viven largo rato conservando sus mentes fértiles, aunque también hay políticos y hasta académicos con ideas vencidas, como el socialismo del siglo XXI, que habiendo impuesto a sangre y fuego sus errores y equivocaciones, ha incurrido en duros fracasos. Esos fracasos han llevado al saqueo de las instituciones académicas, en un intento fútil por cambiar la historia, pretendiendo así borrar su ineptitud.

En la política, lo que cuenta no es la opinión de un iluminado, sino que el voto del pueblo soberano libremente expresado en las urnas que es quien finalmente juzga, acepta o rechaza los liderazgos y decide a su vez, a quién retirar por razón de obsolescencia mental.

La juventud nicaragüense siempre ha sido valiente y arrojada. Rafaela Herrera era una adolescente cuando por sus manos rechazó la invasión inglesa, pero se necesita más que valor para gobernar.

Por otra parte, no se puede ningunear a las personas que lideran la aceptación popular, según reflejan las encuestas serias, especialmente si la crítica se basa en presentar como verdad absoluta una opinión, prejuiciada, arbitraria y sin respaldo académico.

Ojalá que los jóvenes valores y promesas vigentes de hoy, se eduquen antes de venir a exigir con prepotencia, algo que, sin el soporte académico apropiado, sería solamente otra oportunidad para desgobernar.  

Ronald Reagan, quien fue electo presidente de Estados Unidos cuando tenía 70 años, dijo durante uno de sus debates presidenciales, citando a Séneca o Cicerón: “Sin los mayores corrigiendo los errores de los jóvenes, ¡no existiría la república!”

El autor ha sido catedrático y disertante invitado de la Universidad Centroamericana UCA, la Universidad Rafael Landívar (Universidad Jesuita de Guatemala), American College, Pace University Graduate School of Business, University of Southern California, y Kaiser University (Campus de San Marcos).

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí