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La petición de Acnur de que para 2024 no haya más apátridas

Sin duda que la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) es la cara más humanitaria de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Lo es más que su Consejo de Derechos Humanos en el cual participan Estados que son crueles violadores masivos y sistemáticos de  los derechos fundamentales de las personas.

 Según Acnur hay casi 110 millones de personas refugiadas en todo el mundo, entre ellas varios millones de apátridas, o sea personas a las que se les ha negado una nacionalidad o se las han quitado por motivos políticos o de cualquier otra clase.

Hasta hace poco tiempo la apatridia   no era un problema de interés en Nicaragua, a pesar de su permanente inestabilidad política, inseguridad jurídica y social, de sus frecuentes revoluciones y guerras que después de más de dos siglos de vida independiente no ha sido posible desarraigarlas.

 Hasta no hace mucho tiempo las dictaduras desterraban y forzaban al exilio a muchos opositores, pero no los despojaban de su nacionalidad ni los convertían por tanto en apátridas. Además, pasado algún tiempo los amnistiaban y les permitían regresar a su tierra natal.

 Ahora hay otra situación. A pesar de que la Constitución de Nicaragua establece en su artículo  20 que “ningún nacional puede ser privado de su nacionalidad”, en el presente año más de 300 nicaragüenses han sido despojados de su nacionalidad y convertidos en apátridas por represalia política del poder estatal y gubernamental.

 De los caudillos de la revolución mexicana se decía que primero fusilaban y hasta después investigaban a los fusilados. Algo como eso se hizo en Nicaragua con los más de 300 nicaragüenses que fueron despojados de su nacionalidad mediante sentencias judiciales inconstitucionales, y después se inició un proceso de reforma constitucional cuyo debido trámite no ha sido completado.

Otros nicaragüenses han sido convertidos en apátridas de hecho al serles negada la entrada al país o la  renovación de sus pasaportes en los consulados de Nicaragua.

 Los apátridas, dice Acnur, no pueden, o es muy difícil para ellos, “acceder a derechos fundamentales, como la educación, la atención médica, el empleo y la libertad de circulación. En estas circunstancias, su vida puede estar repleta de obstáculos y decepciones”.

 Ante tal situación Acnur está abogando para que en el año 2024 ya no haya más apátridas en el mundo. Inclusive ha invitado a todas las personas a firmar una carta abierta a los gobernantes pidiéndoles que tomen medidas para que desaparezca pronto la terrible injusticia de la apatridia.

 “Los gobiernos determinan quiénes son sus nacionales —dice la petición pública mundial de Acnur—. Por tanto, son responsables de las reformas legales y de política pública que se requieren para abordar la apatridia de manera efectiva”.

Pero la cantidad de apátridas sigue aumentando. La generalidad de los gobernantes asociados en la ONU no reconoce la apatridia como el terrible drama humano que es, lo ve solo como un fastidioso problema burocrático. Falta en ellos sentido de humanismo, como dice el papa Francisco, simplemente porque en su gran mayoría no son democráticos ni justos.

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