La unidad opositora es una exigencia de la lucha contra la dictadura de los Ortega Murillo.
Tal demanda ha sido constante desde el 2018, aunque obviamente, no se ha cristalizado.
Para establecer las fuerzas potables partícipes en esa unidad opositora es preciso reiterar quién es el adversario principal. Y es, claro está, el orteguismo. La dictadura es quien ha destruido la democracia, quien ha eliminado la competencia electoral y cada día aniquila cualquier espacio que pretenda operar con el menor asomo de independencia en Nicaragua.
La dictadura orteguista es totalitaria, tanto por el control total que ejerce sobre la sociedad nicaragüense, como por el hecho de tener todo, absolutamente todo, el aparato del Estado en función de su modelo represivo.
El modelo represivo totalitario significa que quien no le sea funcional es, sencillamente, aplastado de forma brutal y fulminante. Bajo esa premisa, los intereses auténticos y las demandas de ningún sector, gremio, partido democrático o grupo de presión, tienen posibilidad de ser satisfechas.
De allí entonces, que en el arco de alianzas potenciales contra la dictadura alcanzamos todos los que auténticamente estamos por salir del orteguismo y construir una Nicaragua inclusiva, con justicia y democracia.
Sin embargo, hay quienes desde posiciones ideológicas o asumiendo posiciones frente a hechos históricos, pretenden exclusiones a priori.
No se trata que unos u otros depongan sus ideologías o de negar el derecho de cada quien a interpretar la historia. Se trata que reconociendo que somos diferentes, y preservando la riqueza que da la diversidad, nos juntemos para conquistar la democracia. Se trata de admitir que alrededor de diversas etapas de la historia nacional hay interpretaciones distintas (infundadas y no), que solo en democracia podrán ser debidamente dilucidadas.
Yo, como nicaragüense, demócrata progresista, reivindico mi derecho —mi deber— de combatir esta dictadura totalitaria. Y saludo que liberales, demócratas cristianos o independientes, también participen en esta lucha cívica. Cada quien preservando su identidad e indistintamente de su origen social o económico.
No idealizo, por supuesto, la unidad opositora que se deberá construir y adoptar formas que están por definirse. Somos seres humanos y cargamos con vicios de nuestra tradición política, pero confío en que la voluntad democrática, la sensatez y el genuino compromiso con la ciudadanía, prevalecerán.
Nicaragua necesita de todos los demócratas para salir del orteguismo y construir de una vez por todas, un país diferente.
El autor es miembro de Unamos y participante del grupo Monteverde