El pasado 29 de mayo escribí en estas mismas páginas de opinión un artículo que titulé: “¿Quién es Yevgeny Prigozhin jefe del grupo de mercenarios Wagner?” Por esa fecha su confrontación y sus continuas quejas a los que conducen la guerra en el Kremlin y sus arremetidas contra el jefe del Estado Mayor General del ejército ruso, el general Valery Gerasimov y al ministro de Defensa, Sergei Shoigu, acusándolos de incompetentes e insinuando haber conseguido sus rangos de generales sin haber disparado un tiro, era algo que no muchos podían hacer en un país como Rusia sin sufrir graves consecuencias. De esa fecha a hoy han pasado menos de noventa días y Prigozhin ha vuelto a ser noticia mundial, aunque por un motivo totalmente diferente. En esta ocasión la noticia es su muerte y la de nueve de sus colaboradores más cercanos.
Las especulaciones, teorías y análisis sobre el accidente aéreo en que falleció, han opacado noticias como la misma guerra que se libra en Ucrania y la entrega en una prisión norteamericana del expresidente Donald Trump. Pero siguiendo con las incidencias de la vida complicada de Prigozhin, no hace mucho volvió a ser noticia mundial cuando anunció su retiro de la lucha que libraba junto a su grupo de mercenarios y que se dirigiría a Moscú en lo que se consideró como una insurrección. Prigozhin justificó el alzamiento como una respuesta a lo que consideraba un ataque a sus fuerzas y responsabilizó al ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigu, por las fallas militares, acusándolo de dirigir la guerra contra Ucrania en beneficio de las élites rusas. En su marcha hacia Moscú, las tropas a cargo de Prigozhin se hicieron con el control de la ciudad de Rostov del Don, una localidad con una importante base militar e informaron de avances hacia Vorónezh, después hacia Lípetsk, con Moscú como destino final.
El hecho de haber avanzado sin tropiezos ni oposición obligó al presidente Vladímir Putin a declarar en televisión nacional las acciones del grupo Wagner como «traición» y juró aplastar la rebelión. Rebelión que horas después el mismo Yevgeny Prigozhin se encargó de aplastar al anunciar un acuerdo con el gobierno a cambio del retiro de todos los cargos que se les imputaban. A partir de ese momento las apuestas por su vida por parte de sus enemigos no se hicieron esperar, a pesar de sus intenciones de involucrarse siempre en apoyo a los intereses del Kremlin en las políticas de más de un país africano. Se asegura que dicha unidad paramilitar ha hecho valer los intereses rusos en África, entre otras cosas, extrayendo materias primas, socavando la posición de los actores democráticos e invirtiendo en campañas de desinformación.
En Sudán que es considerado uno de los países clave para la influencia rusa en África, el Grupo Wagner ha estado activo durante años apoyando al gobierno militar. En Mali, la junta militar también depende de los mercenarios rusos de Wagner.
Asesores independientes del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sospechan que los combatientes están involucrados en delitos graves, como violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. Desde 2021 ha habido «informes continuos y alarmantes», específicamente se habla de ejecuciones, fosas comunes, actos de tortura, violaciones y violencia sexual, saqueos, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas».
Así que cuando Vladímir Putin expresó que Yevgeny Prigozhin había sido un hombre nacido con un destino complicado y que durante su vida había cometido muchísimos errores, no estaba diciendo ninguna mentira, aunque omitió decir que muchos de esos errores los cometió defendiendo su gobierno y sus intereses particulares.
En cuanto a lo que pudo haberle sucedido o qué tipo de fallo tuvo el avión en que viajaba Prigozhin y sus hombres de confianza, no voy a especular sobre eso, aunque no puedo sustraerme de expresarles que, según las estadísticas de aeronáutica civil mundial, las probabilidades de que un avión sufra un accidente fatal son de una en 2.5 millones. Aunque si en ese avión viaja el jefe de Wagner con sus secuaces y vuela sobre Rusia, las posibilidades se reducen escalofriantemente.
Para finalizar solo me resta aprobar el epitafio que le dedicó su amigo y benefactor, agregándole un Paz a sus restos.
El autor es analista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.