Es el comunismo, estúpido

“Es la economía, estúpido”, fue la frase usada en la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 para resaltar, antes quienes no querían verlo, que esta era el primer problema del país. En forma similar puede decírseles a quienes no terminan de entender lo que ocurre en Nicaragua: “Es el comunismo, estúpido”.

La radicalización del régimen nicaragüense, la confiscación masiva de universidades y medios de comunicación, el encarcelamiento y expatriación de opositores, la persecución a la Iglesia, el exterminio de las oenegés, la confrontación con Estados Unidos, etc., etc., no son el puro resultado de enojos ni de estrategias para asegurar la sucesión dinástica, sino de una causa más poderosa: la ideología marxista leninista de Ortega.

Si hoy no la confiesa abiertamente, y tiene incluso la desfachatez de llamarse católico, es sencillamente porque le conviene ocultarlo. Igual lo hizo el Frente Sandinista antes de la caída de Somoza. Sergio Ramírez, en su libro Adiós muchachos confesó que en aquel entonces su juego político consistió en “negar ante aliados y el público en general, la identidad del FSLN como un partido marxista leninista”. Igual lo había hecho Castro antes de tomar el poder en Cuba. Se había declarado demócrata y entró en La Habana con un rosario al cuello. Mentir y engañar ha sido una de las características más constantes de los comunistas.

Sin embargo, acciones de Daniel, aún previas a su más reciente radicalización, ya delataban que nunca ha dejado de ser comunista; entre otras: su veneración por Fidel Castro y su declaración contra el pluripartidismo y a favor del partido único en la Cuba del 2009 cuando dijo: “Desde el momento que se propician partidos se está propiciando la división del pueblo… el pluripartidismo no es más que una manera de dividir la nación… En Cuba hay democracia, y una democracia que no divide al pueblo… sin la estridencia de las elecciones de la democracias burguesas”. Otro indicio fue disponer que se cantase, en algunos mítines recientes, el himno de la Internacional Comunista. Una estrofa de muestra: “No más salvadores supremos, ni césar ni rey ni dios, nosotros mismo haremos nuestra propia redención”.

¿Por qué entonces permitió antes del 2018 muchas libertades públicas, hizo alianzas con el sector privado y dejó de hablar contra los gringos? Dos razones pueden explicarlo: una es que el desastre de su primera gestión económica (1979-1990), sumado al derrumbe mundial del socialismo, más el éxito de la apertura de los chinos al capitalismo, lo convenció que estos habían llegado a la fórmula correcta: dejar al partido comunista el control total de la política y al empresariado la creación de riqueza. La otra es que había decidido marchar hacia el poder absoluto a través del sometimiento gradual de las instituciones.  

El levantamiento popular del 2018 alteró su estrategia y le dio, en cierta forma, el pretexto y la oportunidad para llegar más rápido a su verdadero anhelo: establecer de una vez por todas una dictadura comunista, totalitaria y hereditaria, aunque con cierta tolerancia de la actividad empresarial. También le permitió soltar la lengua que tenía reprimida para lanzar diatribas contra Estados Unidos y el Occidente democrático y para afiliarse abiertamente a las autocracias rusa, china e iraní. Su reciente apertura de relaciones con Corea del Norte es otra iniciativa de gran poder simbólico, por cuanto implica su sentimiento amistoso hacia la tiranía hereditaria más absoluta del planeta.

Así que ante eso estamos: un régimen de signo comunista, sentado en las armas que controlan un estado mayor bien nutrido —cuyo jefe, no por casualidad, tiene un hijo de nombre Lenin— y en un posible apoyo de las peores dictaduras. Seguiremos viendo, por tanto, las conductas típicas de estas tiranías tan bien descritas por el sacerdote y testigo cubano P. Alberto Reyes en la Voz Católica de Miami: “Odio contra quien no se someta, control férreo de la sociedad, interviniendo la educación, los medios, la salud, la economía, incluso la vida familiar, sintiéndose con derecho a confiscar, excluir, exiliar, apresar, a determinar qué se puede hacer y qué no, qué se puede decir y qué no, qué se puede pensar y qué no”.  

Con un agravante: estas dictaduras nunca dejan el poder por elecciones. La única excepción fue Nicaragua en 1990, razón por la cual los perdedores no permitirán que se repitan.

El autor fue ministro de Educación, rector de Ave María College y autor del libro de historia “Buscando la Tierra Prometida, Nicaragua 1492-2021” disponible en Amazon y librerías.  

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    Belli. Para realmente asentar “ El Marxismo o Comunismo en Nicaragua; se necesitan premisas y condiciones que motoricen cualquier cambio social y profundo con el debido consentimiento de la sociedad en general.

    Propuesto lo anterior: Para el derribo de la Dictadura de Somoza conllevo un poco más de medio siglo con el pueblo bien organizado.

    Para el derribo de la Dictadura Castro-Sandinista conllevo un periodo de más de 20 años a través de elecciones cívicas.

    Belli, creo que hay que ponderar nuestro cálculos de vistas hacia los pasos distorsionados de este criollo usurpador que no le es posible hacer ninguna transformación radical sin la voluntad del pueblo que en un 90% no se lo consiente. Todos sus decretos de confiscaciones, apresamientos y conculcaciones de las libertades civiles en nuestro actual moderno mundo no tienen cabida.

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