El presidente electo de Guatemala

A pesar de la intención del Ministerio Público guatemalteco, que intentó a toda costa suspender el partido Semilla, e invalidar a su candidato, las elecciones se realizaron gracias a la presión internacional.

El presidente electo de Guatemala, Bernardo Arévalo, señalado de progresista, ganó la presidencia de ese hermano país centroamericano porque el pueblo está cansado de lo mismo, tanta injusticia, miseria y represión. Esto no significa que el presidente electo obtuvo un cheque en blanco para decidir que el país ahora será socialista porque él fue el ganador.

Sin duda a Arévalo le sucederá lo que a Petro, en Colombia, donde las distintas instituciones de poder son verdaderamente independientes y no le permiten querer montar su famosa revolución. El plan que Arévalo dio a conocer para sus primeros 100 días de gobierno, se centra en cuatro ejes: combate a la corrupción, rescate de la economía, construcción de un gobierno «presente» y freno a la delincuencia.

Arévalo ha prometido rebajar su salario. En Guatemala, uno de los países más pobres del continente, el privilegio del presidente de la República, es el sueldo más los gastos de representación y otros, ascienden la astronómica cifra de Q148,838.00 Quetzales mensuales (US$18,900.00), uno de los sueldos más altos en Latinoamérica.

Espero como uno de los primeros actos de Bernardo Arévalo la liberación del periodista Rubén Zamora Marroquín, fundador del diario el Periódico, y condenado a 6 años de prisión por denunciar la corrupción del actual presidente saliente. Y espero que a este verdadero delincuente sí se le haga un verdadero juicio.

Lo mismo, debe ser liberada la fiscal anticorrupción Virginia Laparra, quien está injustamente encarcelada por denunciar a un juez por compartir información confidencial; en represalia el juez presentó cargos penales contra Laparra, lo que condujo a su detención y a una condena injusta de cuatro años de cárcel por «abuso de autoridad».

En este caso Amnistía Internacional identificó a Virginia Laparra como presa de conciencia, detenida únicamente por luchar contra la corrupción y la impunidad en Guatemala. Además, el Grupo de Trabajo de la ONU igualmente determinó que la detención de Laparra era arbitraria y exigió su liberación inmediata, petición ignorada por Guatemala.

Estas injusticias deben de revertirse a lo inmediato. Y a los jueces (denunciante y ejecutor), que injustamente se prestaron para encarcelar a Laparra, espero su destitución y un juicio justo contra ellos.

Deseo para Guatemala que se restablezca el verdadero Estado de derecho, que el derecho a informar y a ser informado  no sea un delito y que una vez que Arévalo tome el poder, los periodistas en el exilio, perseguidos por el actual gobierno, también puedan regresar al país.

Debe prevalecer el derecho a la verdad, justicia y reparación. La impunidad se debe terminar. Si Arévalo, comete el error de Gustavo Petro, actual presidente de Colombia, de ser un mesías iluminado, y conociendo la historia de Guatemala, de los golpes de Estado, su presidencia será breve, pues los militares no permiten esas locuras.

Lo que no creo es lo que piensa la ignorante presidenta de Honduras, que sueña con una Centroamérica unida por el populismo. Ni siquiera Honduras, que cuenta con instituciones independientes y fuertes, es populista, eso solo está en la mente de Xiomara Castro y su marido.

El autor es comentarista político.

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