Fidel Castro y Daniel Ortega. ARCHIVO

Cuba y Nicaragua, como dos gotas de sangre en su guerra contra la Iglesia católica

Expertos advierten la mano de los organismos represivos castristas tras las acciones represivas del régimen sandinista. En Cuba también hay “una señora macabra” que se encarga de atacar a la iglesia

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Segunda de dos entregas

El régimen sandinista lleva cinco años consecutivos atacando a la Iglesia católica, desde las protestas sociales de 2018 que fueron aplastadas a plomo por órdenes de Daniel Ortega y Rosario Murillo, a quienes fuentes del Frente Sandinista achacan la autoría de la orden de muerte “¡Vamos con todo!”

Cuba también tiene una mujer que ejecuta las órdenes del partido comunista.

También se llama Rosario y desprecia a la Iglesia católica. Lo viene haciendo desde hace 30 años y se ha “graduado” en maldades y bajezas de toda calaña. Se llama Caridad del Rosario Diego Bello y dirige una oficina especializada en controlar la actividad religiosa en Cuba.

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De ellas habla el escritor Osvaldo Gallardo González, laico exiliado en Miami y director del medio Cuba Trending, investigador a profundidad de la religión católica en la isla y crítico del régimen castrista.

Él no duda que las manos de los órganos de Inteligencia castristas están inmiscuidas en la guerra sucia contra la Iglesia en Nicaragua, pero de una forma más burda que el episodio cubano de 1961.

Hace 62 años Castro desarticuló a la Iglesia en la isla.

“Lo de Cuba es un caso inédito de Latinoamérica, no recuerdo que en la revolución sandinista hayan perseguido así a la Iglesia, o no se manejaba públicamente porque había mucha prensa mundial a favor de Nicaragua como a favor de Cuba, pero ahora se hace más visible por las redes sociales y las tecnologías de comunicación que no existían antes”, comenta Gallardo.

Para él, aunque el régimen cubano fue más brutal, jugó más hábil en sus tiempos que la dictadura sandinista ahora.

“El régimen cubano fue muy hábil en tratar de mantener las relaciones diplomáticas con el Vaticano. En ese sentido fue más hábil que Daniel Ortega. Por ejemplo, Cuba acaba de cumplir más de 80 años de relaciones diplomáticas con el Vaticano, han sido ininterrumpidas”, dice Gallardo.

Ortega rompió relaciones con el Vaticano en uno de sus incontables alardes de furia contra la posición del papa Francisco ante los abusos en Nicaragua.

“Cuando Castro deportó a los sacerdotes y fusiló a los católicos tenía mucha prensa mundial a su favor y no existían las comunicaciones de hoy, podía negarlo y manipularlo. En cambio, Ortega hace todo a luz pública ante todo el mundo, actúa como si no existieran las redes sociales y las comunicaciones”, observa Gallardo.

Rosario Murillo como Caridad del Rosario

El escritor cubano compara el papel de Rosario Murillo en la represión contra la Iglesia católica, con una ficha castrista acusada reiteradamente de crímenes y abusos contra la libertad religiosa en Cuba.

“Hay una señora macabra que me recuerda mucho a Murillo, es la directora de la Oficina de Atención a Asuntos Religiosos, se llama Caridad del Rosario Diego Bello, es la represora número uno de asuntos religiosos en el hemisferio occidental, porque lleva más de 30 años persiguiendo a la Iglesia en Cuba”, señala Gallardo.

Daniel Ortega, Raúl Castro y Rosario Murillo, señalados de ejecutar acciones de represión contra la Iglesia católica en sus países. La Prensa/archivo

En efecto, esta Rosario es desde 1993 jefa de la Oficina de Atención a Asuntos Religiosos, órgano del Comité Central del PCC, encargado de vigilar y controlar la actividad religiosa en Cuba y reprimir a los ministros y líderes religiosos críticos del sistema.

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Cada año, desde hace tres décadas, su nombre encabeza los informes sobre abusos a la libertad de religión en Cuba y ha acumulado tantas denuncias como sanciones.

Nicaragua en la misma lista de grupo Wagner, Arabia Saudita, China e Irán

Y el año 2022 no fue distinto: Estados Unidos incluyó a Cuba en una lista negra sobre libertad religiosa internacional.

Sin embargo, esta vez agregó a Nicaragua y al grupo mercenario ruso Wagner junto a Cuba.

Estos dos países latinoamericanos y el grupo ruso, cercano al Kremlin y autor de masacres y crímenes de lesa humanidad en todo el mundo, se sumaron a China, Arabia Saudita e Irán en este listado, «por haber cometido o tolerado violaciones especialmente graves de la libertad religiosa», dijo el secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, en un comunicado.

La Habana y Managua se sumaron a China, Eritrea, Irán, Birmania, Corea del Norte, Pakistán, Rusia, Arabia Saudita, Tayikistán y Turkmenistán en el mundo.

A nivel continental, las dictaduras de Managua y La Habana lideran los ataques a la libertad religiosa en las Américas.

El terrorismo sandinista contra la Iglesia

Ambos regímenes suman más de 1,500 agresiones a la fe y a los feligreses.Cuba registró 1,030 ataques a la libertad religiosa en 2022.

Hasta la fecha, la Iglesia nicaragüense acumula más de 500 ataques, según cifras de la abogada investigadora Martha Patricia Molina.

También: Ortega solo le consigue a Nicaragua acuerdos económicos de papel con sus aliados, mientras sacrifica a EE. UU.

La profanación de templos, el asedio a procesiones, la confiscación de bienes y cuentas, acusaciones y amenazas, detenciones arbitrarias, el asesinato de un monaguillo de 15 años y el arresto del obispo Rolando Álvarez, son parte del interminable rosario de agresiones.

Apertura de la dictadura cubana, por conveniencia

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos denuncia espionaje, hostigamientos, citaciones y exilio forzoso contra los religiosos y sus familias.

Ambas dictaduras arreciaron sus ataques después de protestas sociales: en Nicaragua desde el 18 de abril de 2018 y en Cuba desde el 11 de julio de 2021.

En ambos casos, los sacerdotes y pastores estuvieron con los manifestantes que demandaban “Patria y Vida” en Cuba, y “libertad y democracia” en Nicaragua.

Yoel Suárez, periodista independiente cubano en el exilio y analista de asuntos religiosos y de derechos humanos, explica parte de la guerra sucia cubana.

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Comenta que con la caída en 1991 del bloque soviético y la crisis cubana llamada “periodo especial”, la dictadura castrista dio apertura a las organizaciones cristianas por interés y conveniencia de atraer donaciones y ayuda humanitaria que el régimen no podía conseguir por su aislamiento internacional.

Suárez comenta que poco a poco se levantaron restricciones a la Iglesia católica y se autorizó la apertura e inscripciones de nuevas denominaciones protestantes o evangélicas, pero siempre bajo control y vigilancia del régimen.

Represión contra religiosos tras protestas sociales

Eso permitió que católicos y evangélicos llenaran el vacío que el Estado no podía suplir en misiones humanitarias y de caridad, de modo que rehabilitaron asilos, comedores, clínicas y centros de formación de carreras técnicas, pero sin permitir el retorno de la educación católica.

Suárez cuenta que la Oficina de Atención a Asuntos Religiosos, a cargo de Caridad del Rosario, supervisa todas las actividades espirituales con mano de hierro y sigue siendo la principal responsable de estos controles, ataques y vigilancia.

Policías orteguistas asedian templos y parroquias de todo el país para impedir procesiones y actividades religiosas. La Prensa/Archivo

A raíz de las protestas sociales de julio de 2021, la dictadura cubana reprimió a las iglesias evangélica y católicas por igual por la participación de algunos miembros en las revueltas, pero con más énfasis a las protestantes, que venían creciendo.

La idea, según el periodista, es debilitar a la iglesia evangélica porque con la católica saben que pueden negociar con el Vaticano o el propio papa Francisco, quien este año recibió en Roma al dictador cubano Díaz Canel.

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La detención, golpizas, amenazas, cancelación de permisos y expulsión de religiosos generó una tensa relación antagónica entre los grupos religiosos y el nuevo Departamento de Atención a Instituciones Religiosas y Grupos Fraternales del gobierno, creado en marzo de 2022.

Control totalitario de la religión

Según Suárez, desde esa organización, los ojos y oídos de la dictadura están sobre las procesiones, sepelios, donaciones, importaciones, cuentas, obras, reformas, viajes, eventos y sermones y mensajes de los líderes religiosos.

Policías orteguistas asedian templos y parroquias de todo el país para impedir procesiones y actividades religiosas. La Prensa/Archivo

Igual que en Nicaragua, han confiscado bienes, cuentas y dispositivos de comunicación de los religiosos, católicos o evangélicos, y amenazado con cárcel y acusaciones penales bajo una nueva ley de delitos cibernéticos y otras reformas penales sobre delitos de traición a la patria y menoscabo a la integridad nacional.

En Nicaragua, la Policía Nacional prohibió todo tipo de procesiones religiosas, confiscó cuentas y bienes de la Iglesia católica y acusó a sacerdotes y laicos por ciberdelitos y delitos contra la patria.

Mientras allá atañen la orden de las detenciones al partido comunista cubano, en Nicaragua se atribuye la represión a “órdenes de arriba”. Es decir, de la esposa de Ortega, Rosario Murillo, considerada popularmente “el cerebro” de las atrocidades contra los católicos.

“Nada tan grotesco como Ortega”

Contrario a Cuba que emitió un marco jurídico para destrozar a la Iglesia católica en 1961, en Nicaragua desde 2022 la dictadura sandinista considera ilícitas todas las manifestaciones públicas de la Iglesia bajo el argumento de que alteran “la paz y seguridad”.

El periodista cubano identifica que, en ambos regímenes, las violaciones incluyen, pero no se limitan a acoso, detención arbitraria, restricciones de movimiento y viajes, prohibición de asistir a servicios religiosos, confiscación de bienes y propiedades, y ataques en las redes sociales con discursos de odio.

En la isla hay líderes religiosos en prisión, como el pastor Lorenzo Rosales, encarcelado y condenado a siete años tras manifestarse el 11 de julio de 2021, y el sacerdote yoruba Loreto Hernández.

En Nicaragua monseñor Álvarez fue condenado a 26 años de prisión y siete sacerdotes están detenidos.

Otra visión desde Venezuela

Desde Venezuela, la socióloga y periodista Macky Arenas analiza las diferencias entre tres regímenes dictatoriales en América Latina en sus guerras contra la Iglesia y la Santa Sede, a raíz de la escalada de hostigamientos de Ortega en Nicaragua.

Ella es directora del medio Reporte Católico Laico y colaboradora de diversos medios especializados en religión.

En un extenso análisis publicado en el influyente medio religioso europeo Aleteia, tras analizar los métodos y acciones de las tres dictaduras (Cuba, Nicaragua y Venezuela), tiene una visión clara de cuál es la peor en su campaña de represión contra la Iglesia católica.

“La fealdad del alma” de Ortega

Para ella el caso de Nicaragua es emblemático por su brutalidad y cinismo.

“En Cuba, el ejemplo de 70 años de revolución no puede ser más claro. Cuba hizo lo que está haciendo ahora Ortega en los primeros años de la revolución comunista. Eso y más. Fue implacable y cruel. Solo que de una manera menos grotesca”, señala.

Para ella, todos los tiranos del mundo han comprendido en la historia que atacar a la Iglesia es un error que tarde o temprano se paga. Menos Ortega.

“Él aún no ha comprendido que puede tener a su pueblo cautivo y vejado, pero eso lo define como uno de los elefantes en cristalería que quedan por América Latina. Y la cuota le será demandada, tarde o temprano”, advierte.

La analista se pregunta desconcertada: “¿Qué ha llevado a Ortega a saltarse todos los contenes?”

Y se responde: “El peso real de la Iglesia católica, popularmente hablando, que existe en Nicaragua, aunado a su errónea visión de la realidad, su absoluta falta de comprensión de lo que realmente significa la Iglesia en su propio país, su ingenua creencia en que se la combate con la fuerza y la represión, lo cual, curiosamente, es justo lo que hace crecer la Iglesia en fortaleza espiritual y adhesiones producto del martirologio”.

“El mundo está perplejo ante la fealdad de alma que ha mostrado Ortega”, señala en su análisis y concluye que no hay nada en América tan grotesco como la guerra sucia de Ortega y Murillo contra el clero.

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