En la agitada historia de nuestro país, castigado por el caudillismo y las luchas de poder, ha habido varios golpes de Estado. El famoso “Lomazo”, por ejemplo. O el golpe asestado al presidente Leonardo Argüello en 1946, cuando solo había gobernado 26 días.
La dictadura de Daniel Ortega afirma que en 2018 también fue víctima de un “golpe”, cuando la ciudadanía nicaragüense salió a marchar a las calles, cansada de los abusos del Gobierno. Pero, ¿qué es un golpe de Estado? En términos generales, es la toma ilegal y muchas veces violenta del gobierno de un país, usualmente perpetrada por militares o con el apoyo de un grupo armado. Una rebelión cívica aplastada con violencia por el propio Gobierno no es un golpe de Estado.
En este artículo relatamos cómo ocurrieron los verdaderos “golpes” en Nicaragua y las consecuencias que conllevaron.

El “Lomazo” de Chamorro
Aunque ocurrió hace 98 años, el “Lomazo” está entre los más recordados golpes de Estado ocurridos en Nicaragua. Su principal protagonista fue el caudillo conservador Emiliano Chamorro Vargas, uno de esos personajes que aparecen continuamente en la historia del país, a menudo causando problemas.
El escenario para el golpe de Chamorro quedó servido el 3 de agosto de 1925, cuando los marines estadounidenses que habían estado 13 años en Nicaragua se fueron del país.
Al general Chamorro le gustaba el título de presidente. Lo había ostentado de 1917 a 1921 e intentó recuperarlo en 1924, pero perdió las elecciones contra la fórmula de su correligionario conservador Carlos Solórzano y el liberal Juan Bautista Sacasa. Entonces denunció un supuesto fraude orquestado por telégrafo y quedó a la espera de una oportunidad para volver al poder, convencido de que la Presidencia le pertenecía.
Esa oportunidad se presentó al retirarse las tropas de Estados Unidos, dejando instalado en Nicaragua un débil ejército que se considera la primera Guardia Nacional del país y se conoce como la “Constabularia”, por la palabra inglesa “Constabulary”, que significa “policía”. Menos de tres meses después Chamorro se lanzó al asalto de la Loma de Tiscapa, donde se ubicaba el Campo de Marte, sede del poder militar.
La revista Magazine narra la historia en un texto que reboza de detalles: “El Lomazo de Emiliano Chamorro”. De acuerdo con este reportaje, el general conservador buscó cómplices en los cuarteles de la Loma, pero antes de dar su golpe intentó arreglarse con Solórzano. Y con “arreglarse” se refería a que le cedieran la administración de seis departamentos de Nicaragua, a lo que el presidente se negó, ofreciéndole solamente Rivas.
Chamorro consideró que no habían llegado a un entendimiento y a las 11:00 de la noche del sábado 24 de octubre de 1925 reunió a 200 hombres provenientes de las Sierras de Managua. En la madrugada del domingo 25 subieron a la Loma de Tiscapa y se la tomaron sin incidentes.
En enero de 1926 el presidente Solórzano se vio obligado a renunciar a su cargo y Chamorro asumió la Presidencia, aunque constitucionalmente esa tarea le correspondía al vicepresidente Juan Bautista Sacasa. Así quedó consumado el golpe de Estado.
Chamorro no fue reconocido por el gobierno estadounidense, pero en noviembre de 1926 logró colocar en el cargo a Adolfo Díaz, “mimado de Estados Unidos”, dice Magazine. Sin embargo, Sacasa estaba decidido a recuperar el poder y eso condujo a la lucha armada conocida como “Guerra Constitucionalista”, en la que el general José María Moncada comandó a los liberales. El golpe también implicó el regreso de los marines estadounidenses y la aparición en escena de un personaje llamado Augusto C. Sandino. Pero esa es otra historia.

Todo en familia: Somoza derroca su tío
Durante la segunda ocupación de los marines estadounidenses, que inició en mayo de 1927, luego del “Lomazo” de Emiliano Chamorro Vargas, otra figura asomaría la cabeza en el escenario político nicaragüense: un joven originario de San Marcos, Carazo, que tuvo la fortuna de hablar bien el inglés y caerle en gracia al embajador norteamericano en Managua, Matthew Hanna. Su nombre era Anastasio Somoza García.
Años antes el joven sanmarqueño había llegado a estudiar a Estados Unidos, enviado por su padre, el hacendado cafetalero Anastasio Somoza Reyes. Fue ahí donde el futuro dictador conoció a la futura matrona de los Somoza, Salvadora Debayle, sobrina de Juan Bautista Sacasa, futuro presidente de Nicaragua.
En Estados Unidos, Somoza García también aprendió a hablar inglés, por eso pudo ser intérprete del general liberal José María Moncada cuando, en mayo de 1927, este firmó el pacto del Espino Negro con Henry Stimson, representante del gobierno estadounidense.
De acuerdo con el reportaje “Las cinco dictaduras que han azotado a Nicaragua”, publicado por Magazine en junio de 2022, Somoza García entró en contacto con Hanna cuando Moncada lo nombró viceministro de Relaciones Exteriores. De esta forma, en 1932 y “sin nunca haber sido soldado, fue escogido como jefe director de la Guardia Nacional cuando los Estados Unidos decidieron que el jefe de ese cuerpo armado debía ser un nicaragüense”.
Con el control de las armas y el respaldo de Estados Unidos, en febrero de 1934 ordenó la muerte del rebelde Augusto C. Sandino, quien había luchado contra la ocupación de los marines. En junio de 1936 le dio un golpe de Estado al presidente Juan Bautista Sacasa, tío de su esposa Salvadora.
Joven, campechano y, sobre todo, astuto, Anastasio Somoza García tenía, además, el apoyo de un sector del liberalismo, prominentes miembros del Partido Conservador y unos 250 “intelectuales” somocistas, conocidos como “Camisas Azules”, que más bien funcionaban como fuerzas de choque protegidas por la Guardia Nacional.
El levantamiento militar se dio en medio de una serie de motines y disturbios atizados por los “Camisas Azules” en apoyo a Somoza García, quien había anunciado su intención de presentarse como candidato presidencial, pese a que la Constitución Política se lo impedía por ser jefe de la Guardia Nacional, además de sobrino político del presidente en turno.
En ese tumultuoso contexto la Guardia Nacional tomó el control de Bluefields, León, Chinandega, Estelí, León Masaya, Matagalpa, Granada y Managua. Su excusa eran los supuestos levantamientos populares en respaldo a la candidatura de Somoza García, afirma un artículo histórico del portal El Socialista Centroamericano.
“El viernes 29 de mayo de 1936 Somoza abordó un tren especial rumbo a León, con soldados y oficiales de la Guardia Nacional, más un contingente de Camisas Azules para controlar amotinamientos de sus detractores que respaldaban al aún presidente Juan Bautista Sacasa. Paralelo a eso en otros departamentos se organizaron asonadas, amotinamientos y piquetes de violencia callejera de los Camisas Azules para imponer ‘el orden’”, detalla Magazine en el reportaje “Los nicas fascistas”.
En Managua la Guardia ocupó edificios públicos, intervino telégrafos, teléfonos y medios comunicación, dejando aislada la capital y, sobre todo la Casa Presidencial, desde donde el presidente Sacasa no tenía información de la rebelión que ocurría afuera.
El 6 de junio, humillado, acorralado y cansado, sin apoyo militar y sin aliados en el Congreso, el presidente Sacasa presentó su renuncia.
El Congreso legitimó el golpe de Estado y el 16 de junio Somoza García anunció formalmente su candidatura presidencial. “Arrasó” en las elecciones de diciembre de 1936. Así dio inicio una tiranía que gobernaría Nicaragua durante 42 años.

El presidente que quiso poner un alto a Somoza
La presidencia del doctor leonés Leonardo Argüello Barreto duró menos que febrero. Estuvo en el cargo solo 26 días, del 1 al 26 de mayo de 1947, “el tiempo que necesitó Anastasio Somoza García para darse cuenta de que no iba a poder manejarlo como títere”, narra la revista Magazine en su reportaje “El presidente de los 26 días”.
El “pecado” de Argüello, que de profesión era médico y no político, fue negarse a ratificar a “Tacho” como jefe director de la Guardia Nacional. Como pretendía acabar con las intenciones dinásticas de la familia Somoza, también ordenó el traslado de “Tachito” Somoza Debayle de comandante del primer batallón, en Managua, a comandante departamental de León.
Somoza García estaba dolido y furioso. Después de gobernar Nicaragua de 1937 a 1946, había decidido depositar el cargo en una persona que le fuera absolutamente leal y creyó hallarla en Leonel Argüello Barreto, candidato en las elecciones de 1936, de las que el médico se retiró luego del golpe de Estado que “Tacho” le asestó a su tío político Juan Bautista Sacasa. Aunque tenía otras opciones, el dictador impuso a Argüello como su candidato, pues lo consideraba manipulable.
El 2 de febrero de 1947 se realizaron las elecciones. Modesto Salmerón, ficha de Somoza García, era el presidente del Consejo Nacional de Elecciones y 21 días después declaró ganador a Argüello, pese a que todos habían visto que en las urnas del candidato opositor, Enoc Aguado, las filas de votantes eran mucho más largas.
Según el reportaje de Magazine, las diferencias entre Somoza García y Argüello afloraron desde la toma de posesión, el 1 de mayo de 1947. “Yo no seré, tenedlo por seguro, un simple presidente de turno arrastrado por el manso llevar de la costumbre y la tradición”, declaró el médico durante su discurso en la Tribuna Monumental. La gente respondió cantando una canción que estaba moda: “Se va el caimán, se va el caimán”. Y, tragándose su rabia, “Tacho” abrazó al nuevo presidente para luego retirarse a preparar un golpe de Estado.
Durante su breve periodo como presidente de Nicaragua, el doctor Argüello mandó a hacer investigaciones sobre los actos de corrupción cometidos por Somoza García durante sus (hasta entonces) diez años en el poder.
Sin embargo, “el domingo 25 de mayo de 1947, por la noche, el Congreso dominado por los somocistas declaró que Argüello no tenía capacidad para gobernar”, relata Magazine. “En el acuerdo no se citó ningún artículo constitucional en respaldo de la medida”.
En la madrugada del lunes 26 de mayo, Argüello se asiló en la embajada mexicana, donde permanecería durante seis meses hasta que, el 1 de diciembre de 1947, partió hacia México.
Murió a las 9:00 de la mañana del 15 de diciembre, apenas 14 días después de haber llegado a México. Tenía 72 años de edad y el mérito de haber sido el mandatario que intentó cambiar el rumbo de la historia de Nicaragua. Nunca quiso firmar la renuncia a la Presidencia.