El Lomazo de Emiliano Chamorro

Reportaje - 02.01.2022
La-Loma

Un general conservador, cegado por la ambición de poder, da un golpe de Estado a tres meses de que se había terminado la intervención militar norteamericana en Nicaragua en 1925. El resultado fue otro episodio de sangre y dolor para los nicaragüenses

Por Eduardo Cruz

A las 7:45 de la mañana del lunes 3 de agosto de 1925, todos los marines norteamericanos que se encontraban en el Campo de Marte se pusieron en fila y comenzaron a marchar en dirección a la estación del ferrocarril, cerca de las costas del lago de Managua. A las 8:25 partió el tren hacia Corinto. Era el último día en que los soldados estadounidenses estarían en Nicaragua.

Los marines habían llegado al país en agosto de 1912, a petición del entonces presidente Adolfo Díaz, pues estaba acorralado militarmente por el general Luis Mena, quien ya estaba declarado presidente, pero Díaz procuró el conflicto bélico para no entregarle el poder.

Los marines llegaron al puerto de Corinto a las 2:30 de la tarde de ese día. A las 4:30 llegó para llevárselos el crucero Henderson, de la Armada estadounidense. Esa noche hubo una cena y al día siguiente, 4 de agosto, a las 8:00 de la mañana zarparon los marines.

Hubo alegría en todo el país, especialmente en Corinto y en Managua. En la capital, después de que los marines salieron en tren hacia Corinto, los managuas se regresaron al Campo de Marte para presenciar un acto solemne mediante el cual se izaría la bandera azul y blanco donde por 13 años estuvo ondeando una intrusa, la de Estados Unidos.

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El conservador Carlos Solórzano había asumido la presidencia en enero de ese año 1925 y cuando se fueron los marines él también llegó al Campo de Marte. A las 9:00 de la mañana de ese 3 de agosto de 1925, desde la entrada de la fortaleza militar, Solórzano marchó con la bandera de Nicaragua en las manos hasta donde estaba la asta, una muy limpia, indica una crónica del diario La Tribuna.

La puerta norte del Campo Marte. Foto tomada por un marine. FOTO/ TOMADA DE SANDINO REBELLION

La gente lloraba. Solórzano se paró con la bandera frente a la asta y durante unos segundos hubo silencio, hasta que alguien de entre la multitud gritó: “Que sea una mano limpia de toda culpa la que ice la bandera”. Entonces de entre la multitud sacaron a un niño, uno que parecía de “clase popular”, y fue él quien izó la bandera.

Luego la gente cargó en hombros al niño.

Los diarios llenaron sus páginas recalcando el momento. Se había terminado la ocupación norteamericana.

La alegría duró poco porque dos años después, el 2 de mayo de 1927, los marines regresarían a ocupar Nicaragua, nuevamente a petición de Adolfo Díaz. La nueva crisis la desencadenó un golpe de Estado que le dieron al presidente Carlos Solórzano el 25 de octubre de 1925, conocido como el Lomazo, apenas tres meses después de que se habían ido los marines.

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Mientras la mayoría de Nicaragua celebraba la salida de los invasores, había algunos que lo lamentaban y hubo también alguien que se frotaba las manos: el general conservador Emiliano Chamorro.

Chamorro era un militar conservador de esos que habían luchado en contra de la dictadura liberal de José Santos Zelaya, expulsado del poder en 1909 por presiones de los Estados Unidos.

Quienes lo conocieron lo describen como un hombre poco interesado por las artes y por las letras y que participó en todo movimiento contra Zelaya. De acción y de poca reflexión. Siempre impuso su criterio dentro del Partido Conservador, del cual llegó a ser caudillo. Sus conocidos también explicaban que era capaz de negociar hasta con el diablo con tal de obtener poder y llegó a ser conocido por haber firmado en 1914 el tratado Chamorro-Bryan, actuando como ministro plenipotencia del gobierno de Adolfo Díaz, mediante el cual se le entregó la soberanía de Nicaragua a Estados Unidos, y el pacto de los generales con Anastasio Somoza García en 1950, que le permitió a este último afianzar su dictadura.

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En 1916, Chamorro logró que su partido conservador lo nominará candidato presidencial único y ganó las elecciones. El historiador Antonio Esgueva, explica que, al acercarse el final de su periodo, en 1920, Chamorro intentó reelegirse, pero tuvo que desistir de la idea porque la reelección inmediata estaba prohibida en la Constitución Política de Nicaragua.

En 1924, Chamorro nuevamente se lanzó por la presidencia. El Partido Conservador estaba dividido en dos. Una de las facciones, a la que pertenecía el entonces presidente Bartolomé Martínez, hizo alianza con el Partido Liberal, de manera que una de las parejas candidatas eran el conservador Carlos Solórzano como presidente y el liberal Juan Bautista Sacasa como vicepresidente.

El general conservador Emiliano Chamorro Vargas. FOTO/ TOMADA DE INTERNET

Chamorro fue derrotado por Solórzano y Sacasa, pero denunció que se había cometido fraude.

“A pesar de todo, el resultado de la elección me fue favorable, pero al hacerse la transmisión telegráfica del número de votantes de cada cantón iban siendo alteradas”, denunció Chamorro en su autobiografía.

Según sus memorias, Chamorro dice que después de la derrota electoral se retiró con su familia a su haciendo Río Grande, situada al otro lado del Lago de Managua, en el municipio de San Francisco del Carnicero.

En agosto de 1925, cuenta Chamorro, llegaron a Río Grande varios amigos a decirle que Gabry Rivas y el coronel Alfredo Rivas habían apresado a algunos liberales miembros del gabinete de gobierno de Solórzano, por lo que “era urgente que él regresara a Managua”.

Chamorro, en varios de sus discursos posteriores, expresó que sentía que la presidencia le pertenecía a él, porque le habían robado las elecciones, por lo que siempre tuvo deseos de sacar del poder a los liberales y a su correligionario Carlos Solórzano.

El caudillo conservador sabía que el ejército de Nicaragua era muy débil en ese momento. Las fuerzas armadas del país se habían formado apenas tres meses antes, en mayo de 1925. Antes de salir los marines, Estados Unidos había logrado que el gobierno nicaragüense creara su propio ejército. Fue la primera Guardia Nacional y fue conocida también como la Constabularia, de la palabra inglesa Constabulary, que significa policía y era un término utilizado desde el siglo XIX en Europa para designar a los cuerpos policiales civiles locales con funciones paramilitares.

Con los marines fuera ya de Nicaragua, en octubre Chamorro se lanzó al asalto del poder.

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La loma de Tiscapa era el lindero norte de Managua. Hasta ahí llegaba la ciudad. La altura de la loma es de 128 metros, según un antiguo libro de geografía de 1928 de los Hermanos Cristiano, destacado por el historiador Clemente Guido. A la par se encuentra la laguna del mismo nombre.

La loma de Tiscapa y la explanada que está al pie eran potreros del presidente José Santos Zelaya, explicó Gratus Halftermeyer en un libro sobre la historia de Managua. Cuando llegó al poder, Zelaya mandó construir las fortalezas del Campo de Marte, al pie de la loma.

A partir de entonces, la loma de Tiscapa se convirtió en una especie del centro del poder en Nicaragua, porque Zelaya edificó, también al pie de la loma, la casa a la que llamó Número Uno y allí estableció la Casa Presidencial. El Campo de Marte fue sede de lo militar y la casa Número Uno la residencia del presidente, ambas construcciones muy cercas la una de la otra.

La Casa Número Uno. FOTO/ TOMADA DE INTERNET

Cuando Zelaya fue derrocado en 1909, la Casa Número Uno siguió siendo utilizada como Casa Presidencial por los subsiguientes presidentes, especialmente por Adolfo Díaz y Carlos Solórzano.

Los marines norteamericanos utilizaron el Campo de Marte como cuartel los 13 años que estuvieron en Nicaragua y, cuando se fueron, dejaron instalada en el mismo a la Constabularia.

La loma de Tiscapa ya era el centro del poder político y militar en Nicaragua para 1925.

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Cuando el conservador Carlos Solórzano asumió la presidencia de Nicaragua en enero de 1921, nombró a su cuñado, coronel Alfredo Rivas, como comandante de la Guardia Presidencial y jefe de la guarnición de la Loma de Tiscapa, el principal punto de la estrategia militar. El que se apoderaba de ese lugar tenía el poder militar en Nicaragua.

Como el gobierno de ese momento había surgido de una alianza entre conservadores y liberales, el segundo jefe de la Loma fue el coronel liberal José Dolores Fonseca.

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Un sobrino del coronel Rivas, Alberto Rivas Haslan, escribió que su tío, siendo el jefe de la guarnición de la Loma de Tiscapa, cometió “una locurita” cuando detuvo al ministro de Hacienda de Solórzano, Segundo Albino Román y Reyes, quien se había dedicado a andar molestando tanto a los conservadores como a los liberales que se habían unido en las elecciones de 1924 y que resultaron vencedores.

La idea de la detención era que Román y Reyes “cambiara de tácticas”. Junto al ministro de Hacienda habían sido capturados otros miembros del gabinete.

En septiembre de 1925, cuando ya había otro ministro de Hacienda, el coronel Rivas le renunció a su cuñado Carlos Solórzano.

El presidente Carlos Solórzano. FOTO/ TOMADA DE INTERNET

La versión que cuenta Emiliano Chamorro en sus memorias es que el coronel Rivas no estaba contento con la forma en que Solórzano había resuelto el problema, lo cual fue aprovechado por Chamorro para entrar en contacto con Rivas y preparar un plan para el 25 de septiembre.

“(Fue) un plan que no pudimos llevar a cabo porque el coronel Rivas, a última hora, cambió de parecer. Esto no me descorazonó e insistí en continuar buscando los medios para reponer (derrocar), no solamente a los miembros liberales del gobierno, sino al mismo don Carlos si fuese necesario, si no llegábamos a un entendimiento completo con él”, escribió Chamorro.

El caudillo conservador relata que siguió buscando cómplices dentro del cuartel de la Loma, pero, antes de dar el golpe de Estado, fue a hablar con Carlos Solórzano para ver si se podían arreglar.

Chamorro le pidió a Solórzano que le cediera la administración de seis departamentos del país, pero el presidente se negó y solo le ofreció Rivas.

Seguidamente Chamorro se comunicó con Adolfo Díaz para hacerle saber que no hubo entendimiento y todo quedó listo para el “Lomazo”.

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Tomarse la Loma de Tiscapa no fue difícil para Emiliano Chamorro. Ni siquiera tuvo que realizar disparos.

Un día antes de dar el Lomazo, el 24 de octubre de 1925, sábado, a las 11:00 de la noche, Chamorro se reunió con 200 hombres que provenían de las Sierras de Managua y luego subieron a la Loma. Se la tomaron sin ningún incidente.

A las 4:00 de la madrugada del día siguiente, desde la guarnición, Chamorro telefoneó a Solórzano, quien se asustó al saber que el caudillo conservador estaba en la Loma.

“Cuando don Carlos llegó al teléfono y preguntó quién le llamaba, yo le di mi nombre y logré sentir su gran sorpresa y sobresalto al oírlo, y cómo, muy extrañado, me preguntó de dónde lo llamaba. Yo le contesté con mucha calma que lo llamaba de la Loma. ‘¿Y qué está haciendo allí?’, me preguntó. Yo le contesté que había llegado a hacerme cargo de ese establecimiento militar porque él había rehusado el arreglo que le había propuesto. Le recomendé, además, de que no hiciera ningún movimiento militar en mi contra, porque si yo me daba cuenta de que se estaba organizando algo para recuperar la Loma abriría los fuegos desde allí. Le pedí, también, que diera sus órdenes al jefe del Campo de Marte para que me entregara pacíficamente esa posición militar”, relató Chamorro en su libro autobiográfico.

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A la mañana siguiente, el jefe del Campo Marte, coronel Francisco Solórzano Murillo, le entregó el local. Todos los jefes departamentales de la Constabularia también se pusieron a las órdenes de Chamorro, exceptuando al de Bluefields, el comandante de armas Eliodoro Rivas Solórzano.

“Durante ese día, 25 de octubre de 1925, solo una vez hice disparar una ráfaga de ametralladora hacia el lado de Casa Presidencial con el objeto de intimidar a un grupo de hombres que se estaba organizando en el parque. Después de eso, todo quedó tranquilo y en ninguna parte hubo novedad alguna”, terminó diciendo Chamorro.

Carlos Solórzano explicaría después que Chamorro, tras perder las elecciones de 1924, comenzó a conspirar, pero sin causar alarma. “Iba poco a poco, tanteando el terreno mientras una fuerte campaña difamatoria se entablaba contra mi gobierno”, le escribió el presidente al secretario de Marina estadounidense, C. Wilbur.

Solórzano lamentaba que, al amanecer del 25 de octubre de 1925, en vez de volver a llegar a hablar con él en Casa Presidencial, Chamorro “amaneció en la Loma controlando la capital con las máquinas y cañones que desde una gran altura dominan la ciudad”.

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Convencido de que no podía gobernar tras el Lomazo, Carlos Solórzano renunció a la presidencia también obligado. Lo hizo el 14 de enero de 1926 y antes había pedido como compensación por gastos electorales la suma de 30 mil córdobas, los cuales le fueron concedidos.

Apenado, y criticado por sus mismos familiares, Solórzano devolvió el dinero posteriormente. Emiliano Chamorro cuenta que solo quedó debiendo 2,500 córdobas.

El vicepresidente, el liberal Juan Bautista Sacasa, tuvo que huir de Nicaragua porque el jefe de policía de León lo quiso capturar.

Asumió el poder entonces Emiliano Chamorro. El historiador Antonio Esgueva explica que, en la solemne transmisión de poder, el Congreso decretó que se le concedía permiso indefinido al presidente Solórzano para separarse del ejercicio de sus funciones. Y que Chamorro asumía “ante la falta de un vicepresidente por haber cesado en ese carácter el doctor Juan Bautista Sacasa”.

Juan Bautista Sacasa. FOTO/ TOMADA DE PINTEREST

Había un problema. Sacasa había tenido que huir para proteger su integridad física, pero constitucionalmente era quien debía asumir la presidencia tras la renuncia de Solórzano. Así lo reclamó Sacasa, quien desde el exterior comenzó a armar una lucha armada, que inició en Bluefields, para recuperar el poder. El jefe de esa lucha armada llegó a ser el general José María Moncada, quien comandó a los liberales en lo que se conoció después como la “Guerra Constitucionalista”.

Por su parte, Chamorro trató inútilmente de ser reconocido como gobernante por los Estados Unidos. Tenía un problema. Él mismo había sido firmante en 1923 de un acuerdo entre Estados Unidos y los cinco países de Centroamérica, de que, para estabilidad de la región, no se iba a reconocer a ningún gobierno que hubiese sido producto de un golpe de Estado para botar a otro electo constitucionalmente.

Después de varias artimañas, Chamorro logró que el gobierno se le cediera el 11 de noviembre de 1925 a Adolfo Díaz, quien era mimado por los Estados Unidos y había sido quien pidió la intervención de los marines en 1912.

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Decidido a asumir el poder que por derecho le correspondía, Juan Bautista Sacasa se proclamó presidente constitucional en Puerto Cabezas.

El ejército constitucionalista que Sacasa formó para retomar el poder comenzó a hostigar a Adolfo Díaz, quien nuevamente le pidió a Estados Unidos que le enviara a los marines para retener el poder.

El Lomazo de Emiliano Chamorro trajo de nuevo al ejército interventor, el cual regresó a Nicaragua el 2 de mayo de 1926.

Se abría un nuevo capítulo de sangre entre nicaragüenses. Sandino se uniría poco después al ejército constitucionalista y lo que pasó después es material para otro capítulo de la historia de Nicaragua, el cual también termina como empezó este, el primero de enero de 1933, con los marines saliendo definitivamente de Nicaragua.

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