Que viva Santo Domingo de Guzmán

Los pasados días 1 y 10 de agosto los managuas volvimos a disfrutar de la tradicional bajada de la imagen de Santo Domingo y posterior traslado a su iglesia en Managua, en donde permanece por espacio de diez días que son aprovechado por los devotos de dicha imagen para visitarlo y pedirle o agradecerle algún milagro.

En esta ocasión una vez más las expresiones populares se dieron sin mayores incidentes que lamentar y lo que es más importante, creo que quedó demostrado que los católicos no mezclan su fe y sus tradiciones con otro tipo de actividades.

Para entender mejor el fenómeno o mejor dicho lo que significa la imagen de Santo Domingo de Guzmán para los católicos, empecemos por descifrar la palabra tradición. El diccionario define la palabra tradición como la transmisión o comunicación de noticias, literatura popular, doctrinas, ritos, costumbres, etc., que se mantiene de generación en generación.

Sin temor a equivocarme puedo decir que las tradiciones más arraigadas de nuestro pueblo son de origen religioso; y cuando digo religioso me refiero específicamente a las tradiciones católicas. La celebración de la Purísima acompañada de lo que conocemos como Gritería que se celebra el 7 de diciembre; el 24 de diciembre fecha en que los católicos celebramos el nacimiento del Niño Jesús y posiblemente la más arraigada y de mayor significado, la celebración de la Semana Santa fecha en que los católicos recordamos la crucifixión de Jesús y su posterior resurrección.

Pero volviendo a la celebración de Santo Domingo o Minguito, se dice que en el año de 1885 un leñador llamado Vicente Aburto que trabajaba en la propiedad del señor Inocente García Lara, encontró la pequeña imagen de Santo Domingo dentro del hueco de un árbol de madero negro y sorprendido corrió a comunicarle a su patrón. Dando así inicio a la primera fiesta, ya que todos los que vivían en los alrededores de las Sierras visitaban la hacienda de García Lara, pero nadie sabía qué representaba esa estatuilla por lo que la llevaron a una iglesia en Managua donde un sacerdote les dijo que se trataba de Santo Domingo de Guzmán, que fue un misionero, protector y defensor de los esclavos que vivió de 1170-1221.

Dejaron la imagen en Managua y regresaron a Las Sierritas donde el misterioso Santo volvió a aparecer en el hueco del mismo árbol de madero negro. El mismo campesino que la encontró la primera vez la encontró esta ocasión y corrió a la iglesia de Managua a informar al sacerdote, quien lo confirmó al revisar que la imagen ya no estaba en su lugar. Al ver el milagro sucedido, el párroco recomendó que le construyeran una ermita pues era evidente que la imagen quería estar allí, y que lo llevaran cada año a Managua para que visitara la capital.

Así nace la tradición de la traída de Santo Domingo, nombrado patrono de Managua. En Managua, las actividades de las fiestas agostinas actuales tienen dos diferentes escenarios, que se repiten cada uno de los dos días principales. Por un lado se realiza la procesión del Santo, en la cual participan miles de personas y están llenas de mucha tradición cultural, expresión religiosa y entusiasmo; y en otro punto se lleva a cabo el desfile hípico y de carrozas, al que asisten también una enorme cantidad de personas con ánimos de entretenerse en vísperas de las fiestas.

Más recientemente se celebran otras actividades como la vela del barco, que transportará al Santo, el tradicional palo lucio y la elección de la reina. Las fiestas se inician entregando al mayordomo de las fiestas, una tajona, un instrumento de madera y cuerdas de cuero que sirve para flagelar a los mal portados y que es bendecida por el sacerdote. Así en medio de una algarabía son miles de capitalinos que marchan en peregrinación llenos de júbilo, y tradición, los promesantes se visten de trajes típicos, de diablillos, inditos y al son de filarmónicas y chicheros y quema de pólvora, recorren las principales calles de la ciudad con la imagen, en lo que se conoce como la “bajada” y “subida” de Santo Domingo de Guzmán popularmente llamado Minguito.

 Para finalizar solo puedo agregar que las tradiciones son parte de la idiosincrasia de los pueblos y cuando esas tradiciones representan la fe y creencia de un pueblo (nación) luchar contra ellas es como querer parar el viento con las manos. Por lo pronto me alegro que dicha celebración se haya dado sin mayores obstáculos o incidentes que lamentar. Por lo que solo me resta gritar a todo pulmón: ¡Que viva Santo Domingo de Guzmán!

El autor es comentarista político y social.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí