Bendito imperialismo yankee

Ortega debería bendecir en lugar de maldecir a los yanquis. Porque sin ellos estaría posiblemente en el suelo. Ellos compran más del sesenta por ciento de nuestras exportaciones, dan origen al grueso de las remesas (2,469.7 millones de dólares en 2022), y son quienes más han financiado a su gobierno. En su informe de 2022, el Banco Central de Nicaragua confirmó que recibió US$1,441.0 de los cuales buena parte vinieron de multinacionales en las cuales Estados Unidos es socio mayoritario: el FMI 353.5 millones, el BID 198.6, el Banco Mundial168.5 y el gobierno norteamericano directo 60.8. De acuerdo con la misma fuente, Ortega también recibió 37 de su despreciada Unión Europea y 32.7 de Holanda.

¿Qué pasaría si en un momento dado el país yankee desapareciera de la tierra, o cortara de tajo todas las relaciones comerciales y financieras con Nicaragua? El caso de Cuba podría servir de ejemplo. Su gobierno denunció ante la ONU que en los 60 primeros años de revolución el llamado bloqueo le había costado a la isla ¡148,000 millones de dólares! Así, los comunistas cubanos, contradiciendo su ideología —que culpaba al imperialismo de explotar Latinoamérica a través de sus inversiones e intercambios comerciales— ahora reconocen que la negativa de EE. UU. a invertir, comprarles, venderles y prestarles ha sido catastrófica.

Por supuesto que exageran. Porque la principal causa de las penurias cubanas no han sido los yankees sino su estúpido sistema económico, destructor del mercado libre. También porque no existe bloqueo. Cuba puede comprarle alimentos a EE. UU. y comercia libremente con 80 países, entre ellos Canadá, Méjico, España, China, etc. Pero sí hay que reconocer que el embargo comercial de los yankees les ha perjudicado; no tanto como dicen, pero sí seriamente. ¿Por qué? Porque es una bendición económica interactuar con el imperio yankee y una calamidad no hacerlo.

EE. UU. es un excelente mercado para las exportaciones de nuestros países, un gran productor de inversionistas, y una fuente de financiamientos y adelantos inapreciables. Su extraordinario progreso nos salpica saludablemente. Ellos son el mayor generador de riquezas del planeta. También de los mayores adelantos tecnológicos: el internet, los celulares, las centrales eléctricas, el ferrocarril, los aviones, y mil innovaciones más que han revolucionado y mejorado el nivel de vida de la humanidad aun cuando subsistan grandes desigualdades. Su dinamismo se debe, en gran parte, a que el imperio yankee ha sido el mayor practicante del capitalismo o mercado libre de los últimos 150 años (antes lo fue Inglaterra).

Curiosamente Marx, en el Manifiesto Comunista, reconoció el potencial creador de este sistema. Vale la cita: “Desde su advenimiento, apenas hace un siglo, ha creado fuerzas productivas más variadas y colosales que todas las generaciones pasadas tomadas en conjunto. La subyugación de las fuerzas naturales, las máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la navegación a vapor, los ferrocarriles, los telégrafos eléctricos, la roturación de continentes enteros, la canalización de los ríos, las poblaciones surgiendo de la tierra como por encanto, ¿qué siglo anterior había sospechado que semejantes fuerzas productivas durmieran en el seno del trabajo social?”

La prosperidad de la economía capitalista norteamericana no empobrece, sino que enriquece al planeta, y ha contribuido al retroceso de la pobreza, aun cuando subsistan grandes desigualdades. Las zonas francas de Nicaragua, que dan empleo y sustento a cienes de miles de familias nicaragüenses, son un subproducto del imperio. Igual la industria minera, impulsada por compañías canadienses con mucho capital norteamericano. Nuestros ganaderos y agricultores tienen la dicha de poder vender sus productos a nuestro vecino del norte.

 Nicaragua se beneficia mucho más de EE. UU. de lo que estos se benefician de nosotros. Ellos han sido el país que más ha ayudado a Nicaragua por más de un siglo. Su generosidad ha sido tan peculiar que aun cuando en 1979 y 80 los gobernantes sandinistas cantaban a todo pulmón “Luchamos contra el yankee, enemigo de la humanidad”, el presidente Carter les otorgó setenta millones de dólares. Y hoy día, cuando el comandante Ortega los maldice en cada oportunidad y se alía con sus peores enemigos, lo siguen manteniendo a flote económicamente. ¡Cuántas bendiciones!

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

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