Otro manoseo de la historia este 19 de julio

En su discurso del 19 de julio Ortega dio una muestra flagrante de cómo se tuerce y falsifica la historia para acomodarla a propósitos ideológicos. El primer ejemplo es cuando afirmó que “los combatientes de Diriangén cercaron a los españoles y al final los hicieron salir huyendo. Primera derrota del imperialismo en Nicaragua, el imperialismo español”.

No hay evidencia alguna que sustente esta versión. La única fuente existente es la carta escrita por Gil González al rey de España (Incer, 2002). En ella narra cómo el 17 de abril de 1523, miles de guerreros se aproximaron sigilosos al campamento donde sesteaban los españoles. Alertado por un indio amigo, Gil González montó a caballo y dispuso sus hombres al combate. Las flechas, piedras y garrotes de los indios no les hicieron mucha mella, a pesar de que lograron herir o derribar a seis de ellos. Pero los tajos de sus espadas de acero, y las embestidas mortales de las lanzas que manejaban cuatro montados hicieron estragos entre los atacantes que, horrorizados, huyeron en total desorden. En realidad, este acto de resistencia indígena fue excepcional y pasajero. El cacique Nicarao recibió pacíficamente a los españoles e hizo bautizar a su tribu. De Diriangén no volvió a saberse nada.

Contradiciendo el afán marxista de presentar la conquista de Nicaragua como una guerra sin cuartel entre indios y españoles, la historiografía más seria sostiene lo contrario. La investigadora norteamericana Linda Newson (1987) concluyó que “la conquista del Pacífico de Nicaragua fue relativamente fácil”. José Coronel Urtecho (2001), cuyo nombre adorna hoy las instalaciones robadas al diario LA PRENSA, escribió que los indios “aceptaron el hecho del dominio español con su atávica sumisión a las potencias mágicas, que para ellos igual gobiernan la naturaleza que a la historia. No fueron nunca perturbadores de la paz, sino al contrario, sus más tranquilos disfrutadores” Corroborando esta versión, otro historiador de calibre, Germán Romero (1988), encontró que “Uno de los instrumentos más eficaces de pacificación fue la estrategia española de captar el apoyo de los “tlatoani”, o caciques, confiriéndoles funciones de poder y privilegios”.

Otro capítulo histórico distorsionado por Ortega es el de Walker. Reiteradamente lo ha presentado como un brazo del imperialismo yanqui y no como un aventurero que obraba a título personal. El 19 mencionó que el embajador de Estados Unidos Wheeler estuvo en su toma de posesión y que “luego vino la marina norteamericana a rescatar a William Walker”. Lo que no menciona es que dicha actuación le costó a Wheeler el puesto y que el presidente norteamericano Pierce, lejos de reconocer a Walker, denunció el 8 de diciembre de 1855 sus intenciones anexionistas fustigándolas como “vergonzosas y criminales”.

También es equivocada la referencia de Ortega al supuesto rescate efectuado por la marina estadounidense. Más bien ésta, en coordinación con el magnate Vanderbilt, despojó a Walker de los barcos que lo reabastecían obligándolo a capitular en la corbeta St. Mary que después lo trasladó a Estados Unidos.

Otra tercera distorsión histórica, que también ha repetido hasta la saciedad, es que Sandino fue asesinado por órdenes de los yankis. Quienes mejor han investigado este capítulo han sido Volker Wunderich (Sandino una Biografía Política), Richard Millet (Los Guardianes de la Dinastia) Knut Walter (El Régimen de Anastasio Somoza 1936-1956). y Diaz Lacayo (Nicaragua Gobiernos, Gobernantes y Genealogías) Todos coinciden en que el embajador Bliss Lane se opuso a la idea de Somoza de apresarlo y que más bien le exigió respetarlo. La decisión de matarlo la tomó por decisión unánime y firmada del estado mayor de la Guardia Nacional ante un reticente Somoza que sabía que tendría que cargar con la responsabilidad mayor. Cuando le avisaron que habían capturado a Sandino les preguntó si no era mejor apresarlo, pero ellos insistieron en que cumpliera lo acordado.

Una de las exigencias de la buena historia es la veracidad. Lo triste no es solo la propensión de algunos políticos y caudillos a falsearla, sino que traten de pasar sus versiones torcidas a los textos escolares. Es importante para quienes puedan hacerlo buscar los medios para llevar la verdad histórica a los profesores de nuestro país y, de paso, a nuestra juventud.

El autor es sociólogo, historiador aficionado y ex ministro de educación. Su libro “Buscando La Tierra Prometida, (historia de Nicaragua 1492-2019) aborda estos temas en mayor profundidad y está disponible en Amazon y librerías locales.

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