LA PRENSA informó en su edición del miércoles 19 de julio que un programa académico de Alemania denominado V-Dem (Variedades de la democracia) ha calificado como autocracia al régimen de Nicaragua, igual que los de Cuba y Venezuela.
Explica la información que V-Dem es “una colaboración internacional en la que participan casi 4,000 académicos de más de 180 países, que cuenta con el enorme apoyo y las contribuciones de Expertos Nacionales, Coordinadores Nacionales, los Directores Regionales y Jefes de Proyecto”.
Más específicamente, V-Dem es un proyecto del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Gotemburgo, en Alemania, que ahora ha creado un centro regional para América Latina “coordinado desde el Instituto de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile”. Y este ha presentado su primer estudio en idioma español sobre los regímenes políticos, en el cual se identifica a Nicaragua como una autocracia.
Según V-Democracia las autocracias realizan regularmente elecciones, pero no son competitivas ni libres, censuran la comunicación, reprimen a las organizaciones de la sociedad civil, impiden la libertad de expresión y reducen o suprimen la libertad académica, entre otros rasgos negativos.
Según el estudio, en la actualidad el 72 por ciento de la población mundial, unos 5,700 millones de personas, vive bajo regímenes autocráticos. Y 2,200 millones, que representan el 28 por ciento de la población global del mundo, vive en “autocracias cerradas”, peores que las autocracias comunes o regulares.
Es conocido que los investigadores, académicos de ciencias políticas y tratadistas califican con distintas denominaciones a los diversos regímenes que tienen en común no ser democráticos. Y en lo que se refiere a la autocracia —que según V-Dem es lo que hay en Nicaragua—, es definida como el ejercicio del poder por la voluntad de una sola persona, cuya facultad de mando no deriva de ninguna fuente externa, como por ejemplo el voto ciudadano directo, si se trata de un presidente, o la decisión de la mayoría del Parlamento si es un primer ministro.
Pero al régimen autocrático también se le llama autoritarismo, que en estricto sentido significa el ejercicio del poder en base de la arbitrariedad y la ilegitimidad. O se le denomina dictadura e inclusive tiranía, la cual se entiende como el despotismo extremo de una persona o de un grupo político o familiar que ejerce el poder sin limitación legal ni moral.
Como ejercicio intelectual puede ser útil y es fácil, quizás hasta divertido, discutir y escoger entre los conceptos de autocracia, autoritarismo, dictadura o tiranía para denominar al régimen que existe en cada país no democrático. Sin embargo, para las personas que los practican esas denominaciones son irrelevantes.
En la cruda realidad todos los regímenes que son sostenidos por la fuerza y practicados con arbitrariedad, significan ausencia o limitación de derechos y libertades, imposibilidad de elegir y de expresarse libremente (en el entendido que libertad de expresión significa ante todo derecho de criticar y denunciar), y en algunos casos no tener la garantía ni siquiera de practicar las propias creencias religiosas.
Desde esta perspectiva da igual que al sistema de opresión y represión se le llame como lo quieran denominar los doctrinarios y los opinantes políticos. En este caso, mucho más importante que la forma y el nombre es el contenido.