El mal tiempo que ha sufrido el sur de la Florida esta semana —con un calor extremo, cielos nublados y lluvia casi todos los días— podría ser un reflejo de la tormenta política que azota al estado desde el 1 de julio.
Ese día, entraron en vigor 200 leyes nuevas que afectan en mayor o menor grado la vida de los residentes de la Florida. De esas leyes, varias se destacan por su carácter polémico y el efecto negativo que tienen sobre grupos muy numerosos de personas.
La ley contra la inmigración indocumentada, firmada por el gobernador Ron DeSantis el pasado 10 de mayo, se considera la más estricta del país. La ley dispone que todas las empresas de la Florida con más de 25 empleados deberán verificar la residencia legal de sus trabajadores a través del sistema e-Verify. La medida castigará con un mínimo de cinco años de cárcel a quienes a sabiendas transporten a inmigrantes indocumentados hasta la Florida, desde otro estado o desde otro país.
También invalida las licencias otorgadas a indocumentados en otros estados, a la vez que prohíbe que en la Florida se emitan documentos de identidad a extranjeros sin residencia legal. Y además, obliga a los hospitales a preguntar a los pacientes sobre su situación migratoria.
Muchos indocumentados, temiendo el impacto de la nueva ley, empezaron a irse a otros estados aun antes de la implantación de la medida, causando una escasez de mano de obra en sectores que dependen de los trabajadores extranjeros, como la agricultura y la construcción.
Otra ley que entró en vigor el 1 de julio amplía la prohibición de dar clases sobre orientación sexual e identidad de género a todos los grados en las escuelas públicas, desde el kindergarten hasta el grado 12. En el mismo tenor, se prohíbe a los transexuales utilizar los baños escolares asociados a su identidad de género.
Por último, desde el 1 de julio los floridanos pueden llevar encima armas de fuego ocultas sin necesidad de tener un permiso especial. Con la elevada cantidad de tiroteos en Estados Unidos, incluida la Florida, es un desatino pensar que más personas armadas en la calle contribuirán a aumentar la seguridad ciudadana, cuando en realidad es todo lo contrario.
A DeSantis parece tenerle sin cuidado el malestar que las leyes recién promulgadas crean en amplios sectores de la población floridana, como tampoco parecen preocuparle las protestas por la censura de libros que no son afines a la ideología conservadora o por la prohibición de la enseñanza sobre el racismo sistémico en la sociedad norteamericana.
En su carrera hacia la Presidencia de la nación, el gobernador republicano confía en atraer al numeroso segmento conservador del estado y del país, y en ganar suficientes votos para superar a Donald Trump y triunfar en las elecciones presidenciales de 2024. Está utilizando a la Florida como un muestrario de su capacidad para llevar sus ideas y sus planes a la práctica, con el intento de conquistar el voto de los electores derechistas locales y nacionales, que no son pocos. Está usando a la Florida como un ejemplo de su eficacia política, mientras el estado sufre el mal tiempo causado por las nuevas leyes.
Andrés Hernández Alende es un escritor y periodista radicado en Miami. Su novela más reciente es La espada macedonia, publicada por Mundiediciones.