En esta ocasión decidí escribir sobre mí

Para poner en contexto la intención de este artículo, les narraré el cuento de los cangrejos. Dicen que en una ocasión se encontraba un hombre atrapando cangrejos en el Golfo de Fonseca, una bahía que comparten Honduras, Salvador y Nicaragua. Tenía consigo dos enormes baldes en donde echaba los cangrejos que capturaba.

Unos turistas que lo observaban veían que cuando capturaba un cangrejo lo examinaba y ponía en un balde con tapa y a otros los introducía en un balde sin tapa. Después de observar al pescador por algún tiempo, creció la curiosidad de los turistas por lo que se acercaron a él (el pescador) para preguntarle cuál era la razón que a unos cangrejos los ponía en el balde con tapa y otros iban al balde sin tapa.

El pescador, que se me había olvidado decirles que era nicaragüense, les contestó: Los cangrejos que pongo en el balde con tapa son hondureños o salvadoreños y si no los tapo se me salen todos. Los que pongo en el balde sin tapa son nicaragüenses, con estos no tengo problema que se vayan a salir porque si ven que un cangrejo se quiere salir del balde, los otros cangrejos lo jalan y no lo dejan que se escape.

Espero que la metáfora del cangrejo les haya dado una idea sobre el comportamiento que está predominando actualmente en una buena parte de nuestra sociedad, en donde la mayoría que no hace nada por tratar de salir del balde hace de todo para que unos pocos que tratan de salir no lo hagan.

Los hay también quienes demostrando un celo excesivo vociferan que ellos no le han dado autorización a nadie para que hable en nombre de ellos.

Hay unos pocos que, tratando de conseguir consenso, se inventan todo tipo de comisiones con el objetivo de darse legitimidad, algo que a mi juicio nunca lograrán pues muy a pesar de ellos al igual que los cangrejos del balde sin tapa, son más los que por uno u otro motivo prefieren la incomodidad del balde y se resisten a dejar que otros hagan lo que su incapacidad no les permite.

Hace mucho pero mucho tiempo, mi esposa, mis hermanos, mi madre y mi padre que en paz descansen y más de un amigo me han preguntado si creo que los que actúan como la mayoría de los cangrejos nicas del cuento agradecen los esfuerzos que he hecho en mi vida por lograr las metas que mi conciencia me exige. La repuesta a todos siempre ha sido un no rotundo. Lo hago porque lo siento, lo hago porque lo considero mi obligación, lo hago porque alguien tiene que hacerlo, les respondo.

Al respecto hoy puedo confesarles que a lo largo de mi vida he tenido la dicha de encontrar muchos que, como yo, han sentido ese compromiso y, aunque ya no se encuentran entre nosotros, no quiere decir que el sueño que tuvieron sea imposible de alcanzar. El barcelonés Vicente Ferrer, filántropo español considerado una de las personas más activas de su tiempo en la ayuda, solidaridad y cooperación con los desfavorecidos del tercer mundo, nos legó la frase: Nunca es más negra la noche que antes del amanecer.

Yo a estas alturas de mi vida, peinando canas con tres hijas y dos nietos que son mi vida, he llegado a la conclusión que es hora de cambiar algunos métodos, pero no así el compromiso de vida adquirido con los míos y los otros. Estoy consciente que siempre habrá quienes en el balde, aunque les resulte incómodo su naturaleza, como el escorpión que intentaba cruzar el río, aguijonarán a quienes intenten llevarlos a la otra orilla.

Esa triste realidad de ninguna manera me frustra o me hace considerar que la causa a la que he dedicado gran parte de mi vida sea desacertada, lo he hecho porque así lo decidí y he tenido lo satisfacción de compartir con otros muchos que decidieron lo mismo que yo.

Si este escrito te resultó un poco confuso o difícil de comprender a qué me réferi en él, te invito a leer alguno de mis artículos escritos a lo largo de los últimos quince años en estas mismas páginas. Hoy, sin odios enfermizos, con la madurez adquirida en los años vividos, estoy convencido que más temprano que tarde, en algún momento saldremos del balde y entre todos construiremos la Nicaragua que cantó Rubén Darío.

El autor es comentarista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.

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