La llamada de la tribu y la libertad

Se ha hablado mucho en las últimas semanas sobre Mario Vargas Llosa, el escritor peruano-español que por la calidad de su obra literaria mereció el Premio Nobel de Literatura en 2010.

Pero sobre todo se han comentado asuntos de su vida privada y relaciones sentimentales. Y muy poco se ha hablado de lo más importante de Mario Vargas Llosa, que, además de su incorporación a la Academia Francesa ha sido la presentación del libro El llamado de la tribu.

Esta obra de la literatura política de calidad ha sido escrita y publicada en un momento histórico, cuando el autoritarismo en sus diversas modalidades está a la ofensiva. En momentos en que la democracia y la libertad están a la defensiva y hacen falta poderosos estímulos intelectuales y espirituales para defenderlas y recuperarlas.

Precisamente el título y el contenido de La llamada de la tribu, toman la idea del gran filósofo de la libertad, Karl Popper, de que el atavismo tribal está presente y latente en la sociedad. Y que se sigue seduciendo a los incautos con la ilusión de un falso orden igualitario e identitario, conducido por jefes y caudillos de carácter y mano dura en un Estado centralizado y coactivo que predomina en todos los órdenes de la vida humana y social. Un sistema de reminiscencia tribal que aplasta la individualidad, elimina la libertad e impide la responsabilidad personal.

 Vargas Llosa alude a las representaciones actualizadas del comunismo, el socialismo autoritario, al nacionalismo y el soberanismo exaltados, que son “modernos imanes que atraen hacia esa antiquísima ´tribu´ contra la que se erige el individuo soberano”.

 El pensador español Javier Fernández-Lasquety opina en un artículo publicado por el Instituto Juan de Mariana que El llamado de la tribu “es el legado que Mario Vargas Llosa deja en el terreno de las ideas políticas… es (como) una obligación autoimpuesta, como si no quisiera cerrar su biografía sin entregar un libro que sirva de guía de las ideas liberales, las que a él le parece que valen la pena”.

En efecto, Vargas Llosa dice quela doctrina liberal ha representado desde sus orígenes las formas más avanzadas de la cultura democrática y lo que más nos ha ido defendiendo de la inextinguible ‘llamada de la tribu’”.

El gran escritor literario y político que tiene ya 87 años de edad, en su ya lejana juventud —como muchos otros prestigiosos intelectuales de su época— nadó en las engañosas aguas del marxismo-leninismo cultural y político. Pero lo desilusionó el totalitarismo de la Revolución Cubana y se convirtió en uno de los más ilustres e ilustrados promotores de la libertad y la democracia. Que con todos los defectos y fallas que tengan —además de las que se les atribuyen—, son las únicas que respetan y potencian la dignidad humana de los individuos libres, a los que repugna la opresión en todas sus formas tribales y estatales.

Mario Vargas Llosa demuestra en El llamado de la tribu —sostiene Fernández-Lasquety—, que “la libertad no conduce al caos, sino que genera ese orden espontáneo basado en las decisiones libres y en la responsabilidad individual. Es el individualismo lo que hace a Vargas (Llosa) ser optimista, a diferencia del pesimismo que le produce el hombre-masa igualado en un ser colectivo en el que abdica de su individualidad”.

“La libertad es la diferencia —sigue diciendo—;  y es una libertad que no existe si no es completa: no puede haber libertad si falta la libertad política, o la económica, o la de creación y pensamiento. Por eso el libro (La llamada de la tribu) es también un respaldo a la democracia liberal y un rechazo a cualquier forma de dictadura”.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí