Suyén Barahona Cuan dice tener un gran compromiso con Nicaragua, uno que se origina de su formación jesuita, de las enseñanzas en su familia y de lo que ha vivido en la lucha por una Nicaragua democrática.
Nació en Managua el 9 de junio de 1977, sus padres se separaron cuando tenía 4 años. Se crió con su mamá y sus hermanos, una hermana y tres hermanos en su casa en Ciudad Jardín, donde pasó la mayoría de su vida, hasta ser adulta, y mantuvo la relación con su papá.
La mayor parte de sus estudios los hizo en el Colegio Centro América, de formación jesuita, cuyo lema es “en todo amar y servir”. Solamente de 1984 a 1988 estuvo en Holanda, porque su mamá trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores y la enviaron a ese país. “Fue una experiencia que también me marcó en el sentido que tuve la posibilidad de interactuar con niños de todas partes del mundo, aprendí otro idioma”, relata.
Aunque no estaba en Nicaragua se le inculcó el amor por lo nicaragüense. En eventos de solidaridad hablaba sobre su país y con su hermana bailaban palo de mayo. “Es herencia de mi madre. Es súper bailarina y heredamos el amor a la música y al baile. Hablaba de Nicaragua de la comida, de lo que me gustaba. Desde chiquita me marcó el hecho de que mi familia hablaba de una responsabilidad con el país”, dice.
Regresó a Nicaragua a los 11 años. Una infancia en medio de la revolución que también la marcó con padres muy involucrados en la lucha contra Somoza, escuchando historias de amigos de su hermana que habían ido al Servicio Militar (SMP) y habían muerto.
“En la cárcel recordé a una de mis tías, Milagro Barahona, que fue para mí mujer feminista, muy involucrada en el cambio social, en el activismo a favor de las mujeres, siento que estuvo muy presente en esta etapa y marcó mi vida en la adolescencia”, agregó.
Estando en el colegio la suspendieron por participar en una protesta en apoyo al 6 por ciento. Considera que el colegio la marcó en este crecimiento de compromiso social, así como las actividades de pastoral y proyectos de servicio.
La universidad la inició en la UNAN, en la carrera de Antropología y luego se trasladó becada a la Universidad Mobile para estudiar Relaciones Internacionales. Estudiaba y trabajaba.

¿Cuándo inicia tu vida en la política?
Vengo más del mundo de sociedad civil. Cuando salí de estudiar terminé trabajando en una ONG de temas ambientales y empecé como monitora ambiental. Uno de los proyectos en los que me involucré tenía que ver con el Canal Interoceánico, recabando información desde las comunidades que iban a ser afectadas.
Empecé con un involucramiento más social y político, sin pensar que en 2013 iba a estar involucrada en otro proyecto de canal que lanzaron sin consulta y sin hablar con las comunidades afectadas sobre lo que se proponía.
¿Cómo fue volverte mamá?
El 8 de enero de 2017 nace Emil Gabriel. Me di cuenta en 2016 y fue una enorme bendición para mí, porque mi esposo y yo habíamos estado queriendo tener hijos años atrás, pero no habíamos podido y antes tuvimos una pérdida.
Emil fue prematuro, vino dos meses antes, yo le digo que estaba apurado por vivir. Se vino con varias complicaciones, nació pesando tres libras, tuvo que estar prácticamente un mes en el hospital, dos semanas en cuidados intensivos.
Ha sido mi ejemplo de resiliencia de valor, porque como me dijo el doctor, él fue un tayacán que venció la muerte, porque estuvo enfrentando varias enfermedades en las primeras dos semanas.

¿Cómo combinaste el rol de mamá con el activismo político?
Fue una etapa bien difícil, por un lado él estaba pequeño cuando decidí además asumir la presidencia de Unamos (Unión Democrática Renovadora) a finales de ese año. No puedo negarlo, ha sido un balance difícil sobre el cual reflexioné mucho en la cárcel. Vino el 2018 y el balance y equilibrio que llevaba entre ser mamá y mi lucha por ver una Nicaragua en democracia me consumió muchísimo.
Mi hijo desde pequeño fue objetivizado junto con mi familia. En 2017 empezaron panfletos con fotos y perfiles que decían que éramos traidores de la patria y sacaron mi nombre, de mi familia y el del niño, en ese entonces de 4 o 5 meses. Han sido para él unos primeros seis años de vida intensos y para mí como mamá.
¿Te has sentido en desventaja por el hecho de ser mujer?
Hay un entorno de machismo, esa es una realidad en el país y el mundo. Por eso me han ayudado mucho los espacios entre mujeres. Di el salto también de mi participación más social a integrarme más de lleno a un partido político, en parte por el llamado, por el acuerpamiento de otras mujeres.
Me afilié al MRS (Movimiento Renovador Sandinista),ahora Unamos en el 2006 con la campaña de Herty, fui fiscal en esa campaña y después estuve desactivada. Daba clases en Nicaragua para una universidad en Estados Unidos sobre cambio social y sostenibilidad y en 2010 me volví a reconectar por el espacio de la Red de Mujeres. Me entusiasmó el llamado de apoyar a que más mujeres estuvieran en espacios de toma de decisión
En noviembre de 2017 asumo la presidencia de Unamos. Para abril de 2018 tenía poco de estar en la presidencia, antes estuvo Ana Margarita, quien era la presidenta más joven de un partido político en Centroamérica.
Tengo el compromiso de que no vuelva a ocurrir lo que está pasando, que no le ocurra a mi hijo, a otras generaciones. El caer preso por simplemente expresarte y querer un país donde se pueda hablar, participar, quejarte, defender tus derechos. Eso es lo que he querido para mi hijo. Somos la gran mayoría los que soñamos con esa Nicaragua.
¿Cómo fue tu detención?
El 13 de junio del 2021. Ya para ese momento no cayó de sorpresa, estaban apresando, desde hace varios días a otras personas, gente como Félix, doña Violeta, Arturo Cruz, José Pallais, José Adán, Tamara Dávila.
El asedio a mi casa volvió a finales del 2020, pasé siete meses bajo vigilancia. El Día de la Mujer, de la Madre los pasé con patrullas en mi casa que no me dejaban salir.
Pero sí ha sido sorprendente la violencia con la que ocurrió todo. Nunca esperé que llegaran tantas patrullas a allanar mi casa. Estaba mi hijo, salí voluntariamente con las manos arriba, dije que había un niño de 4 años. Fue lo último que vi: mi hijo en brazos de mi familia y él viendo el montón de patrullas de antimotines.
Violencia innecesaria, mido 1.48 metros, en la cárcel me decían 1.47, no sé cuánto estoy midiendo, si me he encogido; pero salí voluntariamente y no estaba huyendo a ningún lado y lo que encontraron eran libros de mi madre, una camiseta que decía “Yo defiendo la soberanía de Nicaragua, no al canal”, y videos VHS que quién sabe cómo los habrán visto.
¿Cómo fue el tiempo en el Chipote?
A mí me colocaron en un pasillo, en donde habían tres celdas de rejas y luego dos celdas como celdas de castigo, que son cerradas más pequeñas todavía y yo quedé en una de las celdas de barrotes abiertos, pero sola, hasta el 28 de noviembre que me trasladaron a otro pasillo donde también estuve sola, pero en noviembre de 2022 por cuatro días compartí con doña María José Camacho. Cuatro días, de los 605 días, estuve acompañada.
Generaron un ambiente de tortura: aislamiento e incomunicación, no permitirnos ver a nuestros hijos e hijas, la falta de luz solar, la imposibilidad de leer, escribir, socializar, el uso de la comida como castigo, los incesantes interrogatorios, el montaje de juicios ilegales sin haber visto una sola vez a nuestras abogadas
En días en que se podía María Oviedo cantaba bajito y yo bailaba en mi celda.

¿Por qué el aislamiento a las mujeres?
Hay un odio profundo en contra de las mujeres. Querían castigarnos fuertes, quebrar nuestro espíritu. Lo pude notar en los interrogatorios el machismo profundo me daba pena escuchar algunos comentarios de personas son la policía nacional. Me recuerdo que hubo un hombre que me dijo tenés suerte que no estás en Afganistán porque ya estarías apedreada. Y las alusiones de yo teniendo un niño cómo andaba en esas cosas. Alusiones machistas como “mejor te verías calladita”. Rechazo a las mujeres que tenemos voz y participamos en los espacios.
¿Cómo fue la liberación?
Yo tenía mucha fe de que eventualmente vendría la liberación. Y así fui sobreviviendo mes a mes. Jamás pensé que sería de esta forma, montándonos en un avión y sacándonos de Nicaragua.
Esa noche pensamos que iban a meter más mujeres porque nos mandaron a limpiar la celda.
Ocurrió algo especial y es que antes de sacarnos nos pusieron a todas en una celda juntas y fue la primera vez que nos abrazamos, con excepción de Dora María que no estaba en el pasillo.
¿Cómo sobreviviste?
Dios, la Virgen y mi hijo. Pensaba que si él pudo sobrevivir en cuidados intensivos cuando nació yo puedo. Le hablaba mucho a él y le decía yo puedo ser fuerte y resiliente como vos. Mi esposo, mi familia, el amor de tanta gente conocida y desconocido, el amor de mi madre que me llenaba de positivismo y esperanza cuando me visitaba. Estaba sola pero estaba clara que había tanta gente que debía estar demandando la libertad de todos.
Sobreviví haciendo mucho ejercicio, rezando mucho. Rezaba mucho a la Virgencita, a la Lupita y la oración de Santa Teresita: “Nada te turbe, nada te espante, nada te falte. Todo pasa. Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta”.
¿Qué sigue para Suyén?
Estabilizarme, cuidarme y sanar heridas, esa es una prioridad. Tratando de encontrar balance y sanar para seguir contribuyendo para el cambio en el país. Una de las prioridades es pasar el máximo tiempo con mi hijo y reencontrarme con mi familia.
Estoy ahora con mi hijo, quien cuando me vio me dijo “te amo mamá” y me dio besos y abrazos. Una de mis prioridades es responder sus preguntas sobre : me dice cómo logré convencerlos de que me soltaran, qué me daban de comer, que si solo habían mujeres. El 25 de Diciembre en que me permitieron hablarle por primera vez, no me reconocía porque he cambiado físicamente y estoy disfrutando al máximo estar con él.
También voy a continuar contribuyendo de la mejor forma al cambio en Nicaragua, ahora desde donde estoy. Nos faltan sacar y liberar de la cárcel a esos 35 presos políticos, liberar a Nicaragua entera.