Dora María Téllez Argüello nació el 21 de noviembre de 1955 en Matagalpa, su primaria y secundaria los estudió en el Colegio San José, un colegio exclusivamente de mujeres. Se describe como “una niña normal”, no alumna de diez, pero tampoco mala estudiante. Considera que como decía su mamá es “terca”, pero más bien “tenaz” porque toma sus decisiones y trata de actuar en correspondencia ellas. Le gusta trabajar, leer y estudiar.
Fundadora del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), hoy Partido Unión Democrática Renovadora (Unamos), el primero nació de la ruptura con el Frente Sandinista y el segundo de la vocación democrática y la nueva generación que no se identificaba con la ideología sandinista.
A la “Comandante 2” el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo la condenó a 8 años de prisión por el supuesto delito de “conspiración para cometer menoscabo a la integridad nacional”. Fue detenida el 13 de junio de 2021 y el 9 de febrero de este año montada en un avión rumbo a Estados Unidos junto a otros 221 presos políticos a los que el régimen despojó de su nacionalidad.
¿Cómo era Dora María Téllez de niña y con quienes creció?
Una niña normal, estudiante más o menos, no de las mejores porque había gente de diez, pero no era mala. Me bachilleré. En el año 70, cuando estaba en tercer año de bachillerato comencé a meterme más directamente en asuntos que tenían que ver con la dinámica estudiantil y por otro lado con la lucha por la liberación de los presos políticos y todos los movimientos que se produjeron en ese año en los colegios del país.
Estuve activa en la fundación de la asociación de estudiantes de educación media de Matagalpa. Ese movimiento que involucró a casi todos los colegios de secundaria del país, yo creo que nos marcó mucho a todos.
Me bachilleré en el 72, el año del terremoto y me involucré en todo lo que era la ayuda humanitaria y el apoyo a la gente que había sido afectada por el terremoto y que salió corriendo en distintas direcciones y una parte importante llegó a Matagalpa.
Luego me fui a la universidad en el 73, al año básico para entrar a la carrera de medicina, volví a involucrarme en la dinámica del movimiento estudiantil y era como representante de mi año, y luego ya entré a la Facultad de Medicina y llegué a ser vicepresidenta de la de la Asociación de Estudiantes la Facultad de Medicina.

¿Cuándo deja la universidad y qué la impulsa a tomar esa decisión?
A principios del año 76 y me fui clandestina. Fue una decisión bien difícil que implicaba varias cosas: dejar la carrera y a mí me encantaba la medicina, en segundo dejar a mis padres, mi casa, mi hermano, mis amistades, hacer un corte completo en mi vida y entrar en una actividad de máximo riesgo en la que prácticamente todo el mundo salía muerto en esa época.
En el año 1974, yo recuerdo había estado de sitio y ley marcial. Era una situación de opresión altísima y por otro lado, un nivel de miseria altísimo, analfabetismo, unas condiciones realmente catastróficas en materia social. Estaba convencida de que era imposible lograrse por otra vía, se robaban las elecciones, solo permitían el partido conservador como partido legal, la izquierda era perseguida, nadie podía hacer otro partido. No había posibilidad de hacer cambios en Nicaragua por la vía cívica, tuvimos que recurrir a la vía armada.
¿En algún momento se sintió que tenía desventaja por ser mujer en la revolución?
Siempre tenés desventaja y obviamente las guerras desatan fenómenos machistas y siempre hay desventajas de las mujeres en las participación en general, en la política y en la revolución también. En el derrocamiento de la dictadura se volvió masiva la participación de las mujeres, pero al terminar la lucha contra la dictadura y que comienza el periodo de la Revolución Sandinista, este nivel de participación de mujeres se retrajo.

¿Cómo llega Dora María al MRS y a Unamos?
Fundamos el MRS en 1995 después de que un grupo salimos del Frente Sandinista, hicimos una ruptura una vez que llegamos a la conclusión de que no había manera de cambiar el modelo de mando autoritario que Daniel Ortega estaba imponiendo a despecho de lo que había sido la tradición anterior de una dirección colectiva.
La diferencia con Unamos es que no tiene identidad sandinista, se identifica como partido progresista pero no sandinista.
Lo que Daniel Ortega montó como modelo autoritario dentro del Frente Sandinista, apropiándose de las estructuras, violentando las normas, las decisiones, dentro de los órganos colectivos de decisión es exactamente lo que ha hecho con el país, de aquellos polvos vienen estos lodos. Si un partido no tiene vocación democrática no puede ofrecer democracia.
¿Qué cambia para que pase el MRS a ser Unamos?
Dos cosas: hay un cambio generacional de una generación que no se siente identificada con esa identidad sandinista, si se siente identificada con la identidad renovadora; y dos dentro del MRS ya había una importante cantidad de afiliados que nunca habían tenido nada que ver con el sandinismo, y se identificaba incluso como liberales o como gente sin ninguna orientación ideológica específica. Entonces el partido decidió que tenía que actuar en correspondencia a su composición.
¿Cómo pasa Dora María de promover liberación de presos políticos a ser una de ellos?
Eso hay que preguntárselo a los Ortega Murillo. En las condiciones actuales de Nicaragua es facilísimo ser preso político, solo tenes que hablar, decir lo que no quieren oír: que son una dictadura, una tiranía, que ejercen esa tiranía por la vía de un régimen de terror contra el pueblo nicaragüense, que han acabado con las libertades del país, libertad de expresión, han barrido con los medios de comunicación, que han perseguido a todo el mundo: periodistas, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales y ahora la han agarrado con la iglesia.
Si alguien dice lo que no quieren oír ya sabe que eso te puede llevar a la cárcel o a la destrucción de un periódico como LA PRENSA, digamos la destrucción material porque no detuvieron el medio, pero sí la ocupación de sus edificios, de sus equipos y la persecución de sus periodistas.
¿Recuerda el día de la detención?
A mi casa llegaron como cien efectivos, con chaleco antibalas, con AK, en formación de combate, los ví cómo estaban desplegándose y yo decía vienen a capturarme a mí y Ana Margarita, dos mujeres, como si íbamos a estar nosotras con unas ametralladoras 30 y 50 armando una guerra o como quien va a capturar al Chapo Guzmán. Lo que veo es el miedo del régimen, es su propio miedo que no lo puede controlar por eso despliega la represión al nivel que lo despliega, porque si no lo hace no se sostienen en el poder.
¿Tuvo miedo en algún momento?
Siempre he tenido miedo, el miedo no es mi problema. Le tengo miedo a todo. Chavala le tenía miedo a la oscuridad, le tenía miedo al sonido de los disparos, si me sonas una triquitraca brinco, miedo es para mí una cosa que siempre tengo, puede ser por distintas cosas, no me gustan las películas de terror.
Mi problema es que yo administre mi miedo. Sí administro mi miedo. Pudo el régimen introducirme miedo, creo que no. Yo administro mi resistencia frente a lo que nos estaban haciendo, el aislamiento, la condena de silencio a la que nos sometieron.

¿Qué pretendían al aislarlas y qué la mantuvo firme?
Quebrarnos y si no lograban que pidiéramos perdón, clemencia, que saliéramos hechas polvo de ahí. Me mantuvo firme pensar qué es lo que estaba haciendo ahí, estaba en posición de resistencia y si hay otras mujeres, otros hombres en Nicaragua haciendo resistencia a su manera, como pueden, la mía era esa. Esa era mi lucha, resistir. Unos días me costó más, otros días me costó menos. Resistió menos la dictadura que los 222 presos y los que siguen ahí presos por capricho de los Ortega Murillo.
¿Cómo fue la liberación?
Llegamos a la parte de la fuerza aérea del aeropuerto y nos llevaron un papel que decía que yo aceptaba voluntariamente ser trasladada a los Estados Unidos en cumplimiento de los reglamentos correspondientes y le pregunté cuáles son y me dijo “yo me los sé”.
Lo firmé porque lo firmo en posición de coacción, esposada, con bridas, mi firma no es una decisión libre, no es como si organicé un viaje de turismo a los Estados Unidos, me están desterrando. Ellos quieren que uno firme para que no podas decir eso pero firmas esposada y con policías alrededor.
Saber que íbamos a estar libres pero desterrados, me causa un dolor, pero también una arrechura porque nosotros teníamos derecho a ser libres en Nicaragua.
¿Qué sigue para Dora María?
Lo primero es legalizar la presencia mía aquí que tiene que ver con los trámites migratorios, de salud, etcétera, ya yo mandé los papeles: para permiso de trabajo, para poder sacar licencia, digamos para tener una vida legal aquí en Estados Unidos que son papeles que teníamos que enviar todos, los 222 . También llené la solicitud de la nacionalidad española para poder contar con un pasaporte, los españoles muy generosamente ofrecieron la posibilidad de otorgarnos la nacionalidad y el cónsul explicó en Washington en qué consiste y llené la solicitud.
Lo primero ubicarme, estabilizarme un poco, definir dónde voy a vivir y qué voy a hacer. Tengo que trabajar y sostenerme como todo exiliado que el régimen de Ortega ha mandado fuera del país y quisiera estar en un lugar donde esté básicamente cerca de Nicaragua, para poder seguir haciendo política para que Nicaragua se encamine en un proceso de transición a la democracia que urge.
¿Ortega y Murillo ven como amenaza a las mujeres?
Son los dos, ellos tienen una política común pueden tener diferencias, diferencias hay en todos lados, pero tienen una política común de represión, de odio a las mujeres empoderadas, con liderazgo político y obviamente odian a Unamos.
Siento que ellos viven en la vida con un miedo profundo y ese miedo profundo lo tienen a todo: a nosotros, a los obispos, a cualquier persona, medio de comunicación, periodista, liderazgo en movimientos sociales, en territorios. Son personas con poder ilimitado que tienen un control de aparatos claves del Estado pero nada más. Toda la sociedad nicaragüense los repudia y tienen miedo y con razón porque no gozan del apoyo.
Reaccionan con miedo a lo que no pueden controlar, subordinar, doblegar, todas aquellas personas que no se arrodillan ante el poder de los Ortega Murillo y se ensañan con algunos como lo hicieron con nosotras en la cárcel con resultados negativos para ellos. Ninguna de nosotros enloqueció, se arrodillo, le suplicó y ninguna de nosotras se silencia ni se va a silenciar frente a la realidad de Nicaragua.
