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LA PRENSA/ARCHIVO

El reto de estudiantes de colegios privados para conseguir un cupo en la UNAN

La UNAN da prioridad a los bachilleres de colegios públicos, incluso con promedios bajos, mientras los que salen de privados deben pelear su ingreso

«Karina» es una bachiller de 16 años que estaba ilusionada por comenzar su etapa de universitaria. Su meta es convertirse en odontóloga y ser graduada de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), en Managua. Obtuvo un promedio de 92.8 puntos, entre sus notas de secundaria y test sicométrico, pero aún con su alto nivel académico, las autoridades de la UNAN le notificaron que «no clasificó» para Odontología. El «pegón» fue, según considera, haber egresado de un colegio privado.

«Lamentablemente no quedé (clasificada) porque le siguen dando prioridad a los colegios públicos. No importa, en este caso, si tuve un buen promedio o no», contó Karina, nombre ficticio para proteger su identidad.

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Este año, la UNAN-Managua recibe a 13,775 nuevos ingresos de bachilleres en las distintas sedes. Según datos brindados por las autoridades a medios oficialistas, 5,703 bachilleres se ubicaron en carreras con test psicométrico, de los cuales 4,463 provienen de centros públicos. Es decir, solo 1,240 bachilleres provienen de centros privados.

Prioridad a colegios públicos

La UNAN ha mantenido una política de darle prioridad a los bachilleres provenientes de colegios públicos por medio de cupos disponibles, por lo que un estudiante saliente de este sector con promedio de 70 tiene más posibilidades de clasificar que un egresado de un centro privado con promedio de 90, tal como fue el caso de Karina.

El sistema de la universidad pública más importante del país abre sus puertas a estudiantes de recursos más bajos, pero las cierra para otros estudiantes que quizá becados, con toda una familia haciendo sacrificios para pagar mejor calidad educativa o que con su alto rendimiento académico destacan y egresan de colegios privados.

La adolescente refiere que conoció casos de jóvenes que clasificaron a la carrera de Odontología con un promedio menor al de ella. «Yo me imagino que ella venía de un colegio público para que la aceptaran, o tal vez tuvo algún tipo de influencia, porque sí miré que otros clasificaron con puntaje alto», dice.

Con mínimos básicos, ¿dónde queda la calidad universitaria?

«Alexa», una egresada de la UNAN-León, cuenta a LA PRENSA que cuando ella realizó el examen de admisión, eliminado en el 2020, «me costó hasta el alma», pero este año ha conocido casos de jóvenes que clasificaron con porcentaje de 70-80 puntos en carreras de Ciencias Médicas.

«He visto publicaciones de estudiantes que han sido aprobados con bajo porcentaje en carreras tan importantes, cuidadosas y difíciles como es Ciencias Médicas (…) Preocupa por el que serán, dentro de unos años, los nuevos profesionales. No dudo de la capacidad de todos los nuevos admitidos, pero creo que desde el examen de admisión se conoce quiénes están hechos para carreras tan fuertes», manifiesta Alexa, una profesional de Mercadotecnia.

Señala que dos de sus contactos clasificaron en la UNAN-León con un promedio de 71.67 en la carrera de Odontología, y el otro, con un 80.25 para estudiar Medicina.

Medicina, Contabilidad Pública y Finanzas, Inglés, Administración de Empresas, Ingeniería en Sistemas, Enfermería, Odontología, Psicología, Bioanálisis Clínico, Derecho e Ingeniería Industrial, fueron las carreras con más demanda de los bachilleres.

Control sobre la admisión

El catedrático Ernesto Medina recuerda que tanto el sistema educativo como las universidades son parte del «esquema de poder y de control de la sociedad nicaragüense» de Daniel Ortega y Rosario Murillo, por lo que estas no son un instrumento de desarrollo estratégico, no para fomentar la democracia y el pensamiento crítico.

Medina plantea que si bien se debería asegurar el estudio a todo aquel que lo quiera, y el Estado debería asumir esa responsabilidad, Ortega ha eliminado el sistema de admisión para aprovecharse del test psicométrico y que el estudiante vea su ingreso a la universidad como un regalo del «comandante» Ortega y la «compañera» Murillo.

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«La calidad de la universidad tiene que ver con calidad de su programa y la de sus estudiantes, porque, un buen profesor no puede hacer milagros con un estudiante que no tiene la preparación, que no tiene motivación y que no tiene los conocimientos para emprender estudios de nivel superior», declara.

El resultado de aceptar a estudiantes con bajo rendimiento académico será, según Medina, «un deterioro de la calidad de la universidad», que a la larga comprometerá el futuro de Nicaragua.

«(Nicaragua) es un país que tiene su futuro comprometido, porque, ¿qué profesionales son los que van a poder dar la cara por Nicaragua cuando tenga que afrontar los retos que ya estamos viendo? Como el del desarrollo científico, del desarrollo tecnológico (…) El costo para el país sí es enorme, porque cada día que nosotros perdemos descuidando la educación, en formar a una masa crítica de científicos, de técnicos que estén a la altura de los retos de este tiempo que vivimos, es un tiempo perdido para el futuro de Nicaragua», reflexiona el catedrático. 

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