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El próximo jueves 2 de marzo, LA PRENSA estará cumpliendo 97 años desde que vio la luz por primera vez en 1926, cuando fue fundada por Gabry Rivas, Enrique Belli y Pedro Belli. Desde muy temprano, el periódico empezaría a tener sus desencuentros con el poder.
En todo ese tiempo, LA PRENSA ha sufrido caídas, pero también se ha levantado, incluso cuando parece estar noqueada, en la lona, y sin oportunidad de darle vuelta a la pelea. La historia de este periódico, que ha escrito la de Nicaragua, es una de resistencia.
Desterrados
El primer destierro que sufrió un miembro de LA PRENSA fue el de Adolfo Ortega Díaz en 1929. Él era uno de propietarios del periódico y junto a otros nueve periodistas fue expulsado del país por el entonces presidente de Nicaragua, José María Moncada.
Para entonces, Ortega Díaz era el dueño del 50 por ciento de las acciones del periódico, y la otra mitad le pertenecía a Pedro Belli.
El destierro de Ortega Díaz se debió a las críticas que hacía por los abusos de poder, y que se publicaban en el periódico. Moncada lo envió al destierro hasta el día de su muerte. Para entonces, LA PRENSA tenía apenas tres años de fundación.
Para 1932, el periódico pasó a tener un solo dueño: Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, y bajo su dirección siguió denunciando las arbitrariedades cometidas por los gobiernos de turno. El 10 de agosto de 1944, Somoza García acusó al diario de ser parte de una campaña de difamación contra su madre, doña Julia Somoza, de manera que ordenó el cierre del periódico y mandó al exilió a Chamorro Zelaya.
Doña Anita Chamorro de Holmann, hija de Chamorro Zelaya, recuerda que su padre se fue a vivir a Nueva York, Estados Unidos, y tuvo que vender una finca de la familia para poder pagar la liquidación a los empleados del periódico que pasaban al desempleo tras el cierre ordenado por Somoza García.

Incluso en el exilio, el dictador no dejó en paz a Chamorro Zelaya. Según doña Anita, su padre estuvo a punto de conseguir un empleo en la sección en español del periódico estadounidense TheNew York Times, “pero ellos le preguntaron al gobierno (de Nicaragua), y el gobierno negó que mi papá fuera capaz y que pudiera hacerse cargo de ese trabajo. Entonces le negaron el trabajo”, cuenta.
Chamorro Zelaya regresó a Nicaragua en 1946, cuando el dictador Somoza García permitió que LA PRENSA volviera a circular. Doña Anita recuerda que las máquinas con las que se imprimía el periódico seguían intactas y su padre se contactó con los periodistas que trabajaban con él antes de que fuera enviado al exilio y les propuso que volvieran al rotativo.
“Ellos encantados y estuvieron a la orden de él, y empezaron a publicar LA PRENSA en noviembre de 1946. Así fue que volvió a renacer LA PRENSA”, relata doña Anita.
Chamorro Zelaya murió el 8 de diciembre de 1952, y la dirección del periódico la asumió su hijo, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien ya había estado exiliado en México cuando su padre fue desterrado por Somoza García.
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A este trágico recuento de destierros para miembros de LA PRENSA, se unió en 2023 Juan Lorenzo Holmann, el gerente general del periódico, y otros dos conductores cuyo trabajo era llevar a los periodistas a las coberturas que hacían.
Holmann estuvo en prisión por 19 meses, y los dos conductores fueron encarcelados por siete meses. Un día antes de su liberación, los choferes fueron condenados a 10 años de cárcel y menos de 24 horas después, el régimen los desterró hacia Estados Unidos junto a Holmann y otros 219 presos políticos. Mientras viajaban en el avión, la dictadura los despojó de su nacionalidad.
Los Richter
Desde su nacimiento, LA PRENSA se hacía en un sencillo galerón de la calle El Triunfo de la vieja Managua. Era una pequeña casa de taquezal con dos puertas, una sala y un patio trasero entechado donde funcionaba el taller de donde salía el periódico.
La sala de redacción era una habitación de cinco por cinco en donde se podían encontrar a cinco redactores escribiendo con lápiz y papel sobre una mesa rústica y entregándoles sus notas a un corrector que posteriormente tecleaba a dos dedos en una máquina de escribir Underwood, antes de pasarlas a la imprenta.
El 31 de marzo de 1931, un terremoto de 6.0 grados en la escala de Richter hizo que esa casa de taquezal se viniera abajo y quedara todo en escombros. Doña Anita recuerda que para entonces había muchas máquinas recién compradas, pero que se salvaron porque les cayó una enorme pared con una imagen de la Virgen Concepción de María que, en lugar de destruirlas, las protegió.
“Los gringos que estaban en ese momento en Nicaragua hicieron un incendio (en los escombros) y las llamas pasaron encima de todas esas máquinas nuevas acabadas de comprar”, relata. Tres meses después, LA PRENSA retomó sus publicaciones y las máquinas que quedaron bajo los escombros pudieron seguir operando hasta la década de los cuarenta.

Un segundo terremoto, el 23 de diciembre de 1972, hizo que todo el edificio del diario se viniera abajo y la rotativa con la que se imprimía el periódico quedara destruida. Este Richter fue de 6.2 y LA PRENSA solo pudo salir hasta 69 días después, el primero de marzo de 1973.
Ese día, el dictador Anastasio Somoza Debayle al enterrarse del resurgimiento de LA PRENSA, dijo con despecho: “No es más que un pedazo de papel”, según relata Jaime Chamorro Cardenal en su libro Entre dos dictaduras.
LA PRENSA volvió a imprimirse desde una nueva ubicación, en el kilómetro cuatro y medio de la Carretera Norte. En los últimos 50 años, ese edificio fue escenario de bombardeos, ataques, censuras, cierres parciales y totales, tanto por somocistas y sandinistas. En 2021, el edificio fue confiscado por la dictadura de Daniel Ortega.

Cierre y censura
El periódico estrenó su primer cierre por asuntos políticos en 1933. Fue una orden del presidente Juan Bautista Sacasa, a quien le incomodaban las críticas y denuncias de abuso de poder que se hacían en las páginas de LA PRENSA.
Sacasa ordenaría un segundo cierre en febrero de 1934, para impedir que el periódico informara sobre el asesinato del general Augusto C. Sandino, por órdenes del general de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García.
Para entonces, LA PRENSA ya estaba bajo el mando de Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, y mantenía una línea católica y conservadora, lo cual hizo que se ganara enemigos en el poder.El último cierre que ordenó Sacasa contra el periódico fue el 15 de enero de 1935.
En 1937, Anastasio Somoza García asumió la presidencia de Nicaragua yel rotativo denunciaba que él había asesinado a Sandino, había conspirado hasta destronar a Juan Bautista Sacasa y que manejaba a la Guardia Nacional como su feudo personal para reprimir y aniquilar a opositores.
Somoza García no titubeó contra LA PRENSA y en 1940 ordenó un cierre de tres días y el encarcelamiento del director Chamorro Zelaya.El periódico no cedió. Las denuncias y críticas a Somoza continuaron y el dictador no encontraba manera para callarlas. Incluso, el 29 y 30 de junio de 1944, la Guardia, cumpliendo órdenes de Somoza, intervinolas instalaciones y confiscó las ediciones que apenas estaban por imprimirse.
El asesinato de Somoza García, el 21 de septiembre de 1956, provocó que su hijo y heredero del poder, Luis Somoza Debayle, desatara una cruenta cacería en todo el país, en la cual se ocupó militarmente a LA PRENSA y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue encarcelado junto a parte de los periodistas del diario.

La toma del periódico implicó que la Guardia, con fusil en mano, forzara una edición que escondía los abusos del régimen. El diario estuvo varios días censurado.
Tras los sucesos de Olama y Mollejones, en los cuales estuvo involucrado el director Chamorro Cardenal, en 1959, LA PRENSA fue obligada a aceptar a un censurador que decidía lo que se publicaba y lo que no. Esto duró unos siete meses, hasta el primero de enero de 1960.
Años más tarde, tras la masacre del 23 de enero de 1967 en la que la Guardia mató a cerca de 200 manifestantes que se oponían a la continuidad de otro Somoza en el poder, LA PRENSA no pudo publicar sino hasta varios días después porque volvieron a ocupar sus instalaciones por 11 días. Las oficinas, archivos y talleres fueron saqueados en esa ocasión.
Después del terremoto de 1972 que destruyó LA PRENSA, el periódico seguiría sufriendo los ataques de Anastasio Somoza Debayle, quieno en 1974 ejecutó una fuerte censura que incluyó suspensiones, cierres temporales, cárcel, multas y juicios contra los dueños, editores y periodistas. Fueron tres largos años de días difíciles hasta 1977.
¡Mandaron a asesinarlo!
Entre los golpes más duros que ha recibido LA PRENSA, sin duda, ha sido el asesinato del director Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el 10 de enero de 1978 a manos de sicarios que le dispararon cuando se dirigía en su vehículo hacia su oficina. El golpe fue tan duro que no solo la redacción del diario se vio devastada, sino que el país entero lo lloró.
Desde que asumió la dirección del periódico, Chamorro Cardenal fue detenido en al menos cuatro ocasiones. Primero, en abril de 1954, después de que un plan para emboscar a Somoza García fracasara y él fuera condenado a dos años de cárcel.
La segunda fue en septiembre de 1956, tras el asesinato de Somoza García, cuando la Guardia Nacional desató una feroz cacería contra opositores. De ahí, salió al exilio en 1957 y regresó a Nicaragua en 1959 en una incursión armada conocida como Olama y Mollejones, la cual fracasó y en un juicio él sería declarado como “traidor a la patria” y condenado a nueve años de prisión.
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En 1960 salió de la cárcel por una amnistía y siguió al frente de LA PRENSA, hasta que, en 1967, Chamorro Cardenal sería detenido nuevamente tras la masacre del 22 de enero, en que la Guardia abrió fuego en contra de una manifestación opositora a Somoza. En marzo de ese mismo año, el director del periódico fue liberado. Ninguna de las encarceladas pudo doblegarlo y la única manera de callarlo, fue hasta que lo mataron.
La portada del periódico fue: ¡Mandaron a asesinarlo!

Este hecho desencadenó una serie de sucesos que terminarían de minar el poder de Anastasio Somoza Debayle. En los siguientes meses estallaron varias rebeliones. Unas cívicas, otras armadas.Y mientras la dictadura se caía en pedazos, LA PRENSA sufrió el último, pero también el más destructor, ataque en su contra por parte del somocismo.
El dictador mandó tanques y aviones a que bombardearan las instalaciones del periódico las cuales quedaron en ruinas, y se tuvo que suspender la publicación porque la rotativa sufrió graves daños.
El 16 de agosto de 1979, LA PRENSA resurgía de las cenizas con el titular: “Los enterrados fueron ellos”, y junto al pueblo de Nicaragua, celebraba la huida que el dictador había emprendido casi un mes atrás. Las esperanzas de un país mejor estaban sembradas en la guerrilla que había tomado el poder, pero con los años, demostraría ser igual o peor que los Somoza.
Los sandinistas, ayer y hoy
El triunfo de la Revolución Sandinista el 19 de julio de 1979 generó expectativas de cambio en el país, pero en poco tiempo, los sandinistas las ahogaron, y LA PRENSA, que ya había sufrido la censura somocista, ahora le tocaría sufrir la sandinista.
Curiosamente, fue en 1980, bajo el gobierno sandinista de la época, que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue declarado Mártir de las Libertades Públicas, pero su periódico y su pensamiento fue censurado y perseguido en ese entonces.
En 1981, los comandantes de la Revolución amonestaron a LA PRENSA por sus críticas y ordenaron un cierre por 48 horas. El 25 de junio de 1986, el gobierno presidido por Daniel Ortega, ordenó “un cierre indefinido” del rotativo que duró hasta el primero de octubre de 1987. Después de 451 días de ser sacada de circulación, el periódico regresó a la calle con el titular: “¡Triunfó el pueblo! LA PRENSA sin censura”.
En los años venideros, el periódico continuaría sufriendo los embates de los sandinistas hasta que en 1990, la esposa de Chamorro Cardenal, doña Violeta Barrios, derrotaría a Daniel Ortega en las elecciones presidenciales de ese año e iniciaría para LA PRENSA una época de oro en cuanto a la desaparición de la censura y el respeto a la libertad de prensa.
Ortega regresó al poder en 2007 para instaurar una dictadura, y desde 2018, el periódico ha vivido la etapa más oscura de este nuevo periodo.

El 18 de enero de 2019, LA PRENSA publicó una portada en blanco con solo una leyenda al pie: “¿Se ha imaginado vivir sin información?”, mientras el editorial denunciaba el secuestro de 92 toneladas de papel, tinta, planchas, goma, revelador y repuestos para la rotativa que la dictadura de Ortega mantenía retenidos en aduana.
Fueron 75 semanas de retención, hasta que el 7 de febrero de 2020, el régimen finalmente liberó los insumos. Meses más tarde, volvió a retener otra carga de papel hasta que ya no quedó una sola bobina.
LA PRENSA anunció su última edición impresa el jueves 12 de agosto de 2021 y el día siguiente, la dictadura ordenó el asalto y toma del edificio, además del encarcelamiento del gerente general Juan Lorenzo Holmann.
Los periodistas del diario fueron obligados trabajar en la clandestinidad por casi un año, hasta que, en julio de 2022, toda la redacción se vio obligada a salir del país por la persecución de la dictadura, la cual encarceló a dos conductores.
En los primeros dos meses de este 2023, LA PRENSA ha visto como su edificio fue confiscado y traspasado a una institución del Estado, mientras su gerente general y los dos conductores, son desterrados y despojados de su nacionalidad.
Pero eso no ha detenido al diario, que continúa informando desde el exilio y en su versión digital. En estos 97 años de vida, es pertinente recordar parte de un editorial del director mártir Pedro Joaquín Chamorro Cardenal publicado el 4 de marzo de 1966:
“LA PRENSA ha sido cerrada por las dictaduras, censurada, amenazada, demandada. Sus hombres, es decir quienes le dan vida, han perdido la libertad más de una vez por largo tiempo, y sus propietarios, más de una vez han perdido también toda LA PRENSA, todos sus haberes, por decir la verdad en ella. Pero esa verdad, dolorosa como el fuego según el caso, y dura como el golpe de un mazo, ha relucido siempre con tanto fulgor, con tanto empuje, que ha hecho a LA PRENSA volver a nacer de sus cenizas”.
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