Las protestas en Perú, contra la presidenta Boluarte no han dado tregua, el objetivo es el derrocamiento del gobierno constitucional, gobierno legítimo según la Constitución de ese hermano país.
El 7 de diciembre del año recién pasado el expresidente de Perú, Pedro Castillo, se suponía debía comparecer ante el Congreso peruano para intervenir por el tiempo de una hora; se discutiría por tercera vez la vacancia de Castillo. Cuando el congreso planificaba esa tercera moción, yo en lo personal me oponía totalmente a que Castillo fuera destituido, tenía fe en que volviera a fracasar la moción a como se consideraba que sería un hecho, pues no existían los votos obligatorios para ello, por mucho que se le acusara de Corrupción.
Aclaro que mi oposición a la destitución en ese momento del ahora expresidente peruano no era por simpatía política, solo consideraba que no era el momento oportuno para ello. Sin embargo, en ese momento Castillo, tenía más de cincuenta carpetas fiscales por el delito antes indicado y él era consciente de los delitos en que estaba incurriendo, por lo que tal vez imaginó que la destitución era un hecho y la cárcel seria su destino por corrupción comprobada.
Cuando Pedro Castillo anunció el golpe de Estado ese recordado 7 de diciembre, los congresistas que no iban a votar por la destitución —lo que se confirmó seria mayoría— inmediatamente cambiaron de opinión, debido a que Castillo, cerraba el congreso. Ese mismo día por la tarde, en el palacio de gobierno, los que están dirigiendo las llamadas protestas se habían reunido con Castillo desde las cinco de la tarde hasta las ocho de la noche. Además, la injerencia de Evo Morales (no de Bolivia), quedó en evidencia y con precisada razón el gobierno peruano prohibió su entrada al Perú.
Continúo aquí. El punto es Pedro Castillo. El artículo 134 de la Constitución Política de Perú establece que el presidente de la República está facultado para disolver el Congreso «si este ha censurado o negado su confianza a dos Consejos de Ministros». Pero esto no llegó a suceder nunca durante el gobierno de Castillo. Seguramente el entonces presidente analizó bien esta circunstancia y se percató que si disolvía el Congreso dejaba en suspenso otras instituciones, encarcelaba a la fiscal y suspendía algunas garantías constitucionales, el Congreso del Perú, lo destituiría y quedaría como víctima, no como corrupto.
Esta teoría la manifestó la presidenta constitucional Dina Boluarte el 24 de enero, en conferencia de prensa. Más que una teoría, fue un hecho real premeditado lo que realizó Pedro Castillo, lo que le ha funcionado a la perfección, pues ha quedado como el mártir, cuando en realidad es un corrupto. Ha logrado engañar a sus seguidores que están destrozando su propio país, los que no se dan cuenta que si el gobierno actual cae por el derrocamiento, vendrá la situación idéntica de Venezuela. Y esos que ahora hacen estragos con la libertad de movilización y expresión, tendrán que salir por miles al nuevo éxodo peruano.
Parte del engaño es el presidente de México, quien dice hipócritamente que no interviene en los asuntos internos de otros Estados, pero siempre opina cuando se trata de conspirar a favor de sus amigos de ideología, aunque estos provoquen golpe de Estado como lo hizo Castillo, intencional o no. Por razón de principio no puedo escribir el nombre del señor que es presidente de México, y también por economizar espacio en este escrito. Este señor de México apoya el golpe de Estado que promovió Castillo en el Perú y está en contra de la señora Dina Boluarte, presidenta constitucional de ese país según los procedimientos constitucionales y electa por elección libre.
Los que defienden al expresidente Pedro Castillo, están a favor del golpe de Estado y de la destrucción de la institucionalidad del Perú. Si la señora Boluarte, deja el cargo producto de las presiones callejeras, se habrá perdido la democracia en otra nación libre, porque los manifestantes quieren otra Constitución, y una Asamblea Constituyente.
El autor es comentarista político.