Tres meses después de haber perdido su pierna izquierda, el pequeño Juan Pablo, de dos años, ha desarrollado habilidades para movilizarse. Gatea y «camina» dando saltos agarrado de lo que encuentra. Sin embargo, el movimiento le genera dolores que lo obligan a tomar analgésicos para calmarlos. También sigue vomitando con frecuencia y ante la falta de explicación de los médicos, la familia lo atribuye a que aún persisten los efectos del veneno de la serpiente que lo mordió y provocó que le amputaran la pierna.
Mientras tanto sus progenitores, que ahora están separados por conflictos que surgieron a raíz de la tragedia, se preparan para trasladarse a Matagalpa, ya que Juan Pablo tiene una consulta médica el próximo 21 de febrero. Se supone que en esa cita, iniciará el proceso de fisioterapia que requiere para que en el futuro le coloquen una prótesis.
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El pasado 10 de octubre una serpiente barba amarilla, que es común en la zona, lo mordió tres veces mientras jugaba en el patio de su casa en la comunidad Santa Rita, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur (RACCS). De inmediato, sus padres lo trasladaron al centro de Salud más cercano. Fue un viaje de casi una hora a caballo hasta La Cruz del Río Grande, donde le aplicaron el antídoto contra el veneno de la víbora. Pero este ya se había propagado por el pequeño cuerpo de Juan Pablo y causado daños irreversibles. Ante la gravedad, una ambulancia acuática lo llevó desde La Cruz de Río Grade hasta San Pedro del Norte y desde allí, otra lo trasladó por tierra al Hospital Regional de Matagalpa.
Más de 2 mil córdobas en pasajes para llevarlo a la consulta
Después de semanas en las que le realizaron cirugías y lavados quirúrgicos fue dado de alta. A finales de noviembre tuvo una primera consulta de seguimiento y el próximo 21 de febrero debe acudir a la segunda, para iniciar el proceso de fisioterapia. La mamá, Sonia Brenes, de 22 años, espera que estas terapias lo preparen para que en un futuro pueda usar una prótesis que le permita caminar. Así se lo prometieron los médicos que en octubre pasado le amputaron la pierna a Juan Pablo.
Sin embargo, el padre es más realista. Juan José Blanco Zamora, de 33 años reconoce que el niño podría necesitar que le hagan esas terapias con cierta regularidad. Y para eso, considera que tendría que vivir en Matagalpa o en una zona más cercana. Ya que además de largo y cansado, llevarlo desde su comunidad hasta el hospital regional de Matagalpa es caro. Solo en pasajes deben invertir alrededor de 2,500 córdobas.
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Él detalla que desde su comunidad hasta La Cruz de Río Grande se moviliza en caballo, pero de ahí hasta San Pedro del Norte el pasaje en camión cuesta 350 córdobas por persona. De San pedro a Río Blanco cuesta 120 córdobas y de allí a Matagalpa otros 120 córdobas. Esto hace un total de 590 córdobas por cada persona y si viajan los dos progenitores, o la madre y la abuela, son 1,180 córdobas. A eso hay que sumarle otra cantidad similar de los pasajes de regreso. Entonces el gasto, solo en pasajes es de 2,360 córdobas; y a eso hay que agregar el gasto en alimentación durante la estancia en el hospital.
Disputa por donativos provocó separación de la pareja
Pese a lo caro que resulta el viaje, Juan José dice que ha estado ahorrando y tiene todo preparado para traer a su hijo a la consulta del 21 de febrero. Sin embargo, no sabe si le van a permitir acompañar a su hijo a la consulta. Él lamenta que ahora que el pequeño Juan Pablo más lo necesita a él y a la mamá juntos, Sonia decidió regresar a la casa de su madre.
Según Zamora, a raíz de que la historia de Juan Pablo se publicó en varios medios, la solidaridad de los nicaragüenses no se hizo esperar. Reunieron más de cien mil córdobas en efectivo. Al ver el monto la mamá de Sonia decidió hacerse cargo del dinero para garantizar que le diera un buen uso.
Entonces junto con el dinero, se llevó a Sonia y al niño a su casa en La Cruz del Río Grande. «Incluso al principio anduvieron hablando, diciendo que yo me quería quedar con el dinero, pero yo se los entregue completo», asegura Juan José.
Perdió su pierna y su hogar
Sonia admite que ella traerá a la consulta al bebé y que solo la acompañará su mamá. También aclara que al principio hubo un mal entendido con el dinero, pero su esposo le entregó todo lo que él recibió en donativos, porque otra parte se la entregaron directamente a ella. «No se quedó con nada como se dijo en un medio de comunicación de Bluefields, nos entregó todo, eso fue un error», asegura.
Además, considera que es mejor que su mamá «administre» el dinero para que no se «malgaste», ya que ella sabe como invertirlo. De momento dice ya compró un solar en La Cruz del Río Grande y ya lo cerco. El plan es el el futuro construir allí una casita. Además, pide a las personas que quieran seguir apoyándola en la recuperación de Juan Pablo, buscarla directamente a ella. El 21 de febrero estará en el hospital regional de Matagalpa, donde podría permanecer durante varios días.
Mientra tanto, en medio de su inocencia Juan Pablo, que solo tiene dos años, ya casi no pregunta qué pasó con su «patita». Simplemente trata de adaptarse a las nuevas condiciones y a las oportunidades de movimiento que su pequeño y liviano cuerpo le permiten. También trata de ambientarse a la casa de su abuela, donde ahora vive con su madre; y a la ausencia del padre con quien solía pasar gran parte de su tiempo.