Antes de ser pelotero, Ernesto López estaba convencido que sería médico. Y el anhelo que tenía en su juventud se vio reforzado cuando el mánager del Granada a finales de los años sesenta determinó que no tenía talento y lo despidió de los entrenamientos del equipo.
“Por suerte o ya el destino, pero había un señor cuyo nombre no lo recuerdo, solo sé que le decían ‘Periquín’ Vanegas y cuando vino al equipo, porque el mánager anterior fue destituido, preguntó por mí y al no verme, pidió que me fueran a buscar”, recuerda ahora Ernesto.
La decisión de Vanegas resultó tan acertada que Ernesto López no solo hizo el grado en el equipo sultaneco de 1969, sino que, con el paso del tiempo, se convertiría en una auténtica estrella, una leyenda, cuyas cifras van a garantizar su perdurabilidad a pesar de los años.
“Jugar beisbol es lo mejor que me ha pasado. Nunca imaginé que llegaría a tener el éxito que tuve, aunque también dediqué tiempo a los estudios y además de jugar, siempre tuve un trabajo con los hermanos Lacayo de Ocal. Así que me gusta la vida que he tenido”, dice.
A sus 69 años, López luce siempre vigoroso, sonriente como siempre y agradecido con la vida. Sus 319 jonrones son la máxima cifra en el beisbol nacional. También tiene el récord de 42 jonrones en una temporada y el de 117 remolques, ambos en la campaña de 1978.
“Sin embargo, haber ganado la triple corona en 1977, es el hecho individual que más me ha llenado de alegría. La triple corona es una prueba tremenda a tus habilidades y competís con tantos jugadores y que les ganés, es un detalle que me llena de alegría”, asegura.
En aquel 1977, el “Tiburón” bateó .363, 41 jonrones y 111 remolques para ganar la triple corona. Sus jonrones y carreras empujadas, superaron los registros anteriores de 28 y 84, respectivamente, impuestos por Pedro Selva en 1975 con el uniforme del Carazo.
“Recuerdo que cuando llevaba 28 jonrones, Heberto Portobanco, mánager del Granada, compró 29 morteros y dijo que los reventaría cuando tumbara el récord y la verdad que fue como ponerme presión, pero lo hice y luego seguí ampliando más la marca”, indica.
López fue tan prolífero como jonronero que al año siguiente él mismo tumbó sus récords. Disparó 42 cuadrangulares y llegó a 117 empujadas, registros que aún persisten. Y pese a batear .362, se quedó largo del promedio de .437 de Vicente López, el líder de bateo.
“Pedro Selva acostumbraba decirme que él era rey de los jonrones y yo solo un chavalito porque en realidad era de los más jóvenes, pero cuando lo superé, le pregunté, ‘¿y ahora quién es el rey de los jonrones?’ Él solo sonrió. Siempre nos llevamos muy bien”, asegura.
Cuando trato de agarrarlo movido y le pregunto a quemarropa al “Tiburón”, ¿quién fue mejor, Pedro Selva o Ernesto López?, su repuesta es contundente: «Ernesto López», dice sin alarde, mientras sonríe y asegura que siempre admiró la gran carrera de Pedro Selva.
“La historia de Pedro es impresionante. Sus triples coronas y todo lo que hizo es algo que todos hemos admirado. Le decían el ‘Bambino’ porque realmente estaba por encima de todos los bateadores, pero yo dejo todo a las cifras que son las que hablan por uno”, explica.
Después de 26 temporadas en Primera División, Ernesto se retiró con .311 de promedio, 1,680 hits, de los cuales 319 fueron jonrones. Anotó 906 carreras y remolcó 1,093, con 107 bases robadas y jugó excelente a la defensiva y con una disciplina sin tachas en su carrera.
“Estoy agradecido de lo que conseguí. Siento el cariño y respeto de la gente cuando me ve en la calle. A veces ando con gorra, lentes oscuros y mascarilla y siempre escuchó el ‘adiós Tiburón’ con el que me expresan su afecto. La verdad es que disfruté jugar”, asegura.
Selva jugó solo diez temporada debido a dificultades extra deportivas, pero se marchó con .329, 685 hits, 151 jonrones y 501 empujadas. Ganó cuatro triples coronas (1,971, 1972, 1973 y 1975), un récord vigente y como seleccionado, tuvo .308 (117-36), tres jonrones y 17 remolques.
Como seleccionado nacional, López jugó toda la década de los años setenta y su salida del equipo nica se debió a sus supuestos vínculos con el equipo profesional Amigos de Miami, pero pudo batear .310 (336-104), con 26 jonrones y 121 carreras empujadas con la tropa nica.