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El delito de ser monaguillo: la historia de Kevin Martínez

El delito de ser monaguillo: la historia de Kevin Martínez

Tiene solo 17 años, pero su relación con la Iglesia Católica lo llevo al exilio. El comisionado Ramón Avellán lo amenazó. Otros policías lo golpearon, y el 31 de diciembre tuvo que huir de Nicaragua sin poder despedirse de su familia.

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Por momentos quiere llorar. Se le humedecen los ojos, pero recompone y no permite que las lágrimas bajen por su rostro moreno marcado por los primeros rastros de un bigote y una incipiente barba de cuatro pelos.

El monaguillo Kevin Josué Martínez Alemán nos recibe en las afueras de la casa de su tía. Es la última de un caserío asentado casi en la cima de una montaña en las periferias de San José, la capital de Costa Rica

Desde hace 15 días este es su nuevo hogar, al cual llegó huyendo de la represión en Nicaragua simplemente por ser un monaguillo de la Iglesia Católica. La historia de este joven de 17 años es un botón de muestra de la persecución que viven los miembros de la Iglesia en Nicaragua.

El monaguillo Kevin Martínez vive en la cima de una montaña en la periferia de San José, Costa Rica. Óscar Navarrete/LA PRENSA.

“Hay una verdadera cacería en contra de la fe. Tenemos delegados de la palabra católicos, catequistas, matrimonios en Cristo. Tenemos una cantidad de denuncias de personas que no propiamente son sacerdotes o seminaristas, sino colaboradores, que han tenido que recurrir al exilio, porque también los CPC, los secretarios políticos los andan amenazando, persiguiéndolos, vigilándolos, entonces tienen terror”, dice el defensor de derechos humano, Pablo Cuevas.

Kevin es uno de esos colaboradores que huyó por terror al régimen de Daniel Ortega el pasado 31 de diciembre. No pudo despedirse de su familia. La camiseta blanca de la Virgen de Candelaria y un buzo azul que viste durante la entrevista, es de la poca ropa con la pudo escapar.

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Extraña mucho a su abuelita. Y ella a él. El joven dice que la señora de 60 años ha perdido el apetito y ha estado deprimida desde que su nieto tuvo que irse del país sin poder despedirse de ella. “Ella quiere venir a verme. Tiene su pasaporte, pero para venir tiene que tener reales”, lamenta Kevin.

Más de 10 años con la Iglesia Católica

Kevin creció en medio de una familia de escasos recursos y muy religiosa. Desde que tenía cuatro años, el joven se involucró en las actividades de la Iglesia Católica a través de su abuelito, quien era muy devoto de la Virgen de Candelaria, la Santa Patrona de Diriomo, de donde son originarios.

A los cinco años, llegó a una parroquia de ese municipio con la intención de ser monaguillo. Su abuelito habló con los responsables de la iglesia y lo aceptaron. Le entregaron sus ornamentos, que es el traje blanco que ocupan los monaguillos en cada misa, y desde entonces, Kevin sirve a la Iglesia Católica.

Fue dándose a conocer entre los sacerdotes de la zona y tiempo después fue enviado al Seminario Mayor San Pedro Apóstol en Diriá, para ayudarle a un sacerdote exorcista. Despuéslo mandaron a Nandaime para ayudar en la parroquia Jesús Nazareno, en donde conoció al padre Manuel Salvador García, quien hoy permanece encarcelado por la dictadura de Ortega.

Kevin Martínez durante una misa en Nicaragua. CORTESÍA

A inicios de 2022, Kevin fue reubicado en la parroquia Santa Ana de Nandaime y mientras servía como monaguillo, estudiaba su secundaria. Antes de irse a Costa Rica terminó su cuarto año en el Instituto José Dolores Estrada de Nandaime.

En mayo de este año, Kevin recibió una llamada de un número desconocido. El joven respondió y quien estaba del otro lado era la subcomisionada de la Policía de Nandaime, Cecilia Rodríguez, quien le dijo que necesitaba que le entregara una citatoria al padre Manuel Salvador para que se presentara a la delegación policial.

Kevin fue a recoger la citatoria y luego se la entregó al padre. “Él la abrió, la leyó y la rompió. La echó a la basura”, recuerda Kevin, y desde ese día, el sacerdote tuvo que irse de la parroquia para resguardarse en un lugar seguro.

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Amenazado por Avellán

Para el 30 de mayo de 2022, simpatizantes sandinistas divulgaron en Nandaime que el padre Manuel supuestamente había golpeado a una mujer. Ese día, Kevin llegó después de clases a la parroquia Santa Ana y se encontró al padre Omar Cordero, junto a monseñor Luis Vallejos, el vicario general de Granada.

Los sacerdotes le encargaron a Kevin acompañar a unlaico que iba a cuidar la parroquia Jesús Nazareno porque el padre Manuel estaba resguardado por motivos de seguridad. El joven fue, pero el otro hombre nunca llegó, de manera que el monaguillo estuvo solo.

En la madrugada del 31 de mayo, mientras Kevin dormía en la parroquia, el ruido de varias camionetas en la calle lo despertó. Se asomó por una ventana y se dio cuenta que eran varias patrullas con policías y perros de la técnica canina. Desde la ventana identificó a la subcomisionada Rodríguez y al comisionado Ramón Avellán.

Avellán tocó la puerta de la parroquia y el joven salió.

– Entreganos al padre. Ya sabemos que está aquí – le dijo Avellán al monaguillo.

– Aquí no está el padre Manuel

– Entregalo o te atenés a las consecuencias.

– De verdad, aquí no está el padre. Pueden pasar a revisar si quiere

La Policía no entró, pero Avellán amenazó una vez más al monaguillo antes de irse: “Te atenés a las consecuencias pues”. Dio la vuelta y se subió a una patrulla después de dar la orden de que se quedaran otras tres frente a la iglesia por si llegaba el sacerdote.

Esa madrugada, Kevin no pudo continuar durmiendo y al amanecer, no quiso salir a la calle ni ir a clases por temor a que los policías que estaban afuera le hicieran algo.

En la noche de ese mismo día, el padre Manuel llegó a sacar algunas cosas personales a la parroquia y a los pocos minutos llegó la subcomisionada Rodríguez con varios agentes. Kevin comenta que el sacerdote ya estaba harto del asedio policial, así que agarró un machete y salió a retar a los policías.

La policía se retiró esa noche, pero el siguiente día, el padre Manuel fue detenido y hasta hoy permanece encarcelado en la Dirección de Auxilio Judicial, conocida como El Nuevo Chipote.

Kevin seguía cuidando la parroquia cuando se dio cuenta de la detención del sacerdote, pero como no podía dejar la iglesia, ahí se quedó solo por más de una semana con temor a ser detenido en cualquier momento, y fue varios días después que pudo volver a salir.

Exilio en año nuevo

Además de ser monaguillo, Kevin también apoyaba a los medios de comunicación de la parroquia Santa Ana de Nandaime, de manera que le asignaron transmitir la misa del 24 de diciembre a cambio de tener libre el 31 para pasar con su familia.

Antes de irse a Diriomo, el 30 de diciembre, lo enviaron a una parroquia de Moyogalpa, en la isla de Ometepe, para apoyar a un sacerdote. El 31 por la mañana quedó libre y tomó un ferry de la isla hacia San Jorge y luego se movió a Rivas para tomar un bus hacia Diriomo.

Kevin relata que ese día llevaba su ornamento en una bolsa, la cual se le rompió y la prenda cayó al suelo. El joven se detuvo, levantó el ornamento blanco, lo extendió para sacudirle el polvo y de repente, una patrulla policial se detuvo frente a él.

Un policía se bajó, le pidió sucédula y tras verificar su nombre, lo golpeó en la boca del estómago.

–Lástima que no tenés 18, porque si no, ya estarías bien guardado – le dijo el agente.

El joven quedó tirado en el suelo, empolvado como su ornamento y quejándose del dolor mientras los agentes regresaron a la patrulla y se llevaron su identificación. En ese momento sintió temor de ir a Diriomo en bus porque pensó que en el camino podían llevárselo detenido, de manera que decidió irse a Costa Rica.

El joven monaguillo quería ser sacerdote, pero la persecución contra la Iglesia Católica lo ha hecho replantearse si está listo para serlo. Óscar Navarete / LA PRENSA.

Llegó a la frontera a mediodía y varias personas se le acercaron para ofrecerle sus servicios de coyote. “Yo no tenía dinero para pagar. Me decían que les diera mi celular y ellos me cruzaban”, narra.

Una mujer lo ayudó a pasar la frontera de manera irregular sin cobrarle y cuando estaba bien avanzado, le indicó cuál era el camino que debía seguir. Kevin se juntó con un grupo de unas 20 personas hasta que los retuvieron agentes de migración de Costa Rica y como él era menor de edad y no tenía identificación, lo llevaron a una oficina.

Ahí, el joven explicó su situación y dijo que necesitaba solicitar refugio en Costa Rica. Los agentes hicieron el trámite y se comunicaron a través de una videollamada con su familia.

Su padre reaccionó molesto, y la familia le pedía a los agentes que por favor llevaran al joven hasta la casa de ellos a escondidas de las autoridades nicaragüenses, pero les explicaron que eso no era posible y que más bien él corría peligro en Nicaragua.

Finalmente, su padre aceptó que se quedara en Costa Rica en donde tenía una tía desde hace muchos años, pero Kevin no la conocía. La tía del joven aceptó recibirlo en su casa, pero antes, su caso debía ser valorado por las autoridades del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), que es una institución costarricense encargada del bienestar de todas las personas menores de edad.

A las siete de la noche del 31 de diciembre fue trasladado a Guanacaste, a una sede del PANI. Le tomaron su testimonio y junto al guarda de seguridad y otras dos muchachas recibió el 2023. Cenaron a las tres de la madrugada, durmió en una banca y cuando salió el sol, el personal del PANI decidió qué hacer con el joven.

Una vez que verificaronque su tía podía recibirlo en San José, lo dejaron ir. Se fue a una parada para esperar un bus y en el camino recibió una llamada de su mamá. Le dijo que ella estaba en la frontera y que tomara un bus que lo llevara de regreso a Nicaragua.

El joven explica que no vive con su mamá desde que él tiene cinco años y que, como ella es evangélica, siempre le reprochó su fe católica.

“Yo decía: ella no sabe mi situación. Mi mamá más bien quiere que me vaya para Nicaragua y me puede pasar algo, alguna tragedia. Mejor me quedo en Costa Rica”, narra el joven, así que decidió tomar el bus hacia San José para encontrarse con su tía en el parque Braulio Carrillo, mejor conocido como “El parque de los nicas”.

Aunque ya tiene 15 días de haber llegado a Costa Rica, él dice que todavía no asimila que salió de Nicaragua, mientras repite que lo más duro fue que no pudo despedirse de sus seres queridos.

De la casa de su tía casi no sale porque no conoce y tiene miedo de perderse o que le pase algo en la calle. Todavía no está acostumbrado al clima y con su primo menor, se distrae del drama del exilio.

Hasta antes de 2018, Kevin quería ser sacerdote. “Me gustaba lo que es el sacerdocio, pero después de toda esta problemática de que la Iglesia empezó a ser perseguida, mejor no. Si entro al seminario y cuando ya me vaya a recibir para sacerdote me echan preso. La persecución contra los sacerdotes puede empeorar más adelante”.

–¿Y si cambian las cosas en Nicaragua?

– Yo regreso a Nicaragua nuevamente.

–¿Con el deseo de ser sacerdote?

–No sé. Es que es el miedo lo que me detiene. Pero sí me gustaría seguir trabajando con la Iglesia. Regresaría a Nicaragua y regresaría a la Iglesia.

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