Por qué este tema hoy y ahora en 2022
A manera de introducción menciono que en diciembre del año pasado 2021 publiqué en medios de prensa escrita local un artículo que mostraba datos y hechos relevantes sobre el sismo desencadenante del terremoto del año 1972, en Managua, nuestra ciudad capital y sus consecuencias en la vida, la economía, los bienes y el grado de paralización y afectación sistémica social y económica de nuestra capital.
Para eso hice una valoración rápida sobre el estado de preparación del país en el año 1972 para abordar una situación de desastres por fenómenos vinculados a la naturaleza, de acuerdo con los conocimientos, normas, conceptos, teorías y las tecnologías de la época y las que prevalecen en la actualidad. Además enuncié algunas lecciones aprendidas, producto de la experiencia basada en las respuestas que se dieron casi de forma inmediata y espontánea para atender el desastre. Y me interrogué si aquellas acciones con el pasar del tiempo se han traducido en actividades públicas, privadas y académicas sostenibles por medio de mecanismos y en proceso de actualización y mejora continua para la prevención de desastres similares.
Dicho artículo, publicado por el Diario LA PRENSA finalizaba reflexionando sobre el rol de los ingenieros y sus asociaciones en la prevención y mitigación de potenciales terremotos por sismos similares al terremoto del 72.
A tono con lo antes dicho, en relación con el mejoramiento y actualización continua para mantener la eficacia y efectividad de las acciones en este tema, señalo que hoy día a medida que los peligros, los riesgos y la población urbana van aumentando, el concepto de resiliencia ha ganado más importancia en las agendas internacionales de desarrollo para implementar acciones de prevención y gestión de riesgo de desastres naturales, como el terremoto referido.
Este hecho es extremadamente relevante debido a que, teniendo en cuenta que los grupos más vulnerables y más pobres están más expuestos a las conmociones y pueden no tener los recursos necesarios para recuperarse, las agendas de desarrollo que incorporen la resiliencia como concepto clave van a asegurar que no se deje a nadie atrás. Además, cabe entender de acuerdo con los expertos, que la resiliencia está al centro del nexo entre las acciones para el desarrollo y las humanitarias ya que, en su esencia, tiene que buscar la mejora de la vida de las personas.
Estado del arte en gestión de riesgo de desastres y la resiliencia
En esta ocasión, teniendo en consideración el estado del arte de la gestión de riesgo de desastres vinculados con fenómenos naturales, tal como se le denomina en la actualidad (por las leyes modernas, el vocabulario y conceptos teóricos de los organismos internacionales especializados en el tema) al conjunto de procesos relacionados y concatenados que permiten abordar íntegramente la prevención de desastres y sus consecuencia, quiero enfatizar en el tema y concepto de la resiliencia ante los riesgos de desastre y vulnerabilidades con potencial de producir riesgos y daños a la vida y propiedad.
A partir del concepto de resiliencia bosquejaré en este artículo las herramientas de ingeniería para detectar, valorar y mitigar las vulnerabilidades asociadas a los riesgos de desastres.
Se entiende por vulnerabilidad a las condiciones determinadas por factores o procesos físicos, sociales, económicos y ambientales que aumentan la susceptibilidad de un individuo, una comunidad, activos o sistemas a los impactos de los peligros.
Resiliencia, vulnerabilidad, riesgo y sismos
Los individuos, las comunidades, las ciudades, las edificaciones y obras poseen características y comportamientos ante los riesgos y la gestión de desastres, esa característica es lo que se denomina en la literatura técnica especializada con el nombre de resiliencia. La resiliencia se muestra y pone de manifiesto en la conducta, el comportamiento y actuaciones de un individuo o una comunidad, antes, durante y posterior a un evento natural que desencadena un riesgos de desastres con potencial y causante de pérdidas materiales y humanas.
La resiliencia es observable, medible y se puede incidir favorablemente en ella por medio de herramientas de orden técnico y psicosocial. Una ciudad X la cual es sometida a un sismo con una determinada magnitud e intensidad, que de acuerdo con la escala Richter o Mercalli es considerado un terremoto, tiene mayor resiliencia que otra ciudad sometida a un sismo de iguales características, si la ciudad X se recupera y vuelve a un buen nivel de normalidad más pronto que la otra y lo hace con menores daños en vida y propiedad de las poblaciones y áreas geográficas expuestas.
Se puede asegurar que la resiliencia de la primera ciudad es mayor y mejor. La forma, actitud y preparación con la que ambas ciudades se comportaron y trabajaron antes, durante y posdesastres hace la diferencia. El concepto de resiliencia según las Naciones Unidas describe “la habilidad de cualquier sistema urbano de mantener continuidad después de impactos o de catástrofes mientras contribuye positivamente a la adaptación y la transformación”.
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) este campo incluye cualidades como la de estar listos para responder a cualquier estímulo, comunicarse con facilidad, demostrar empatía y afecto, y tener comportamientos prosociales.
Los acuerdos internacionales y acciones globales
Las Naciones Unidas desarrollan actividades muy importantes para la prevención de desastres en un mundo globalizado como el actual, donde los desastres también son globalizados. El apoyo del muy importante Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a los países en materias relacionadas con la resiliencia ante los desastres, está definido por tres importantes acuerdos mundiales: el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Se concibe la reducción del riesgo de desastres que está asociada a las necesidades de cada área específica expuesta considerando cada fenómeno natural y la recuperación resiliente de cada localidad en casos de desastre. Estos esfuerzos son el camino hacia el desarrollo sostenible considerando los riesgos y la resiliencia.
Resalto en esta ocasión que a partir de consultas y con el objetivo de proporcionar orientación práctica para apoyar la implementación del nuevo marco internacional de acción, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) presenta las directrices Words into Action (WIA) sobre temas seleccionados, entre estos se encuentra el diseño e implementación de las estrategias locales de resiliencia y reducción del riesgo de desastres.
El objetivo de esta guía es asesorar a los actores locales (autoridades, planificadores y administradores a nivel de ciudad u otros niveles subnacionales) sobre el desarrollo e implementación de una estrategia local de RRD holística e integrada que contribuya a desarrollar resiliencia a escala local y que se adapte a una estrategia nacional. También describe cómo debería ser una estrategia para generar resiliencia tanto en individuos como en comunidades, ciudades y países se requiere de manera importante mucha preparación antes, durante y posterior al evento natural (en este caso a un sismo) que contribuyó al desastre. La preparación para poseer la mejor actitud ante el desastre disminuye pérdidas humanas y materiales y genera actitud favorable a la pronta y efectiva recuperación posdesastres.
En el caso de sismo del 72 tanto la calidad de los materiales de construcción, las técnicas constructivas, las instalaciones eléctricas y su incidencia en incendios, así como la limitada capacidad institucional y en algunos casos el colapso de infraestructura de emergencia al desastre se conjugó para limitar la resiliencia. En tal sentido, la habilidad y capacidad de los sistemas nacionales para mantener continuidad después de impacto catastrófico incidió en nuestra capacidad de recuperación óptima e inmediata.
¿Cómo es una ciudad resiliente?
Una ciudad resiliente es aquella que evalúa, planea y actúa para preparar y responder a todo tipo de obstáculos, ya sean repentinos o lentos de origen, esperados o inesperados. De esta forma, las ciudades están mejor preparadas para proteger y mejorar la vida de sus habitantes, para asegurar avances en el desarrollo, para fomentar un entorno en el cual se pueda invertir, y promover el cambio positivo. Conocer y valorar lo que otros hacen para gestionar los desastres naturales.
De manera somera y solo a manera de ejemplo menciono algunas acciones vinculadas a la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres. La Making Cities Resilient 2030 (MCR2030) constituye una iniciativa única de múltiples partes interesadas para mejorar la resiliencia local a través de la promoción, el intercambio de conocimientos y experiencias, el establecimiento de redes de aprendizaje de ciudad a ciudad que se refuercen mutuamente, la inyección de experiencia técnica, la conexión de múltiples segmentos de gobierno y de asociaciones. A través de la entrega de una hoja de ruta clara de tres etapas para la resiliencia urbana, brinda herramientas, acceso a conocimientos y Metodologías de monitoreo y generación de informes, MCR2030 apoya a las ciudades para reducir el riesgo y desarrollar la resiliencia.
La necesidad de un círculo virtuoso entre la investigación científica, normas técnicas, formación profesional y mejoramiento continuo, la gestión asociada con la planificación, control, monitoreo y evaluación con procura del mejoramiento continuo para atención a los riesgos de desastres, constituye el centro de mayor atención de acuerdo a la experiencia de los entes mundiales especializados. Con un centro como elemento capital que sea dinámico, eficiente, generador de sinergia sistémica se podrán incorporar y poner a funcionar las disciplinas científicas tales como la geotecnia, hidrología, mecánica de fluidos y electricidad.
Por citar ejemplos, los conocimientos científicos y tecnológicos se traducirán a normas técnicas reglamentarias de referencia para el obligatorio cumplimiento y del ejercicio profesional lo que requieren la formación profesional continua.
A manera de reflexión con base en lecciones aprendidas y nuevos marcos conceptuales y de acción resiliente
La reflexión más profunda tiene sustento en que todos los hechos, los criterios de expertos, los estudios e investigaciones nos indican que los desastres vinculados con fenómenos naturales tienden a aumentar en magnitud y frecuencia con las repercusiones en la vida y bienes. Por tanto, promover la resiliencia debe significar reducir riesgos aumentando las capacidades y disminuyendo la fragilidad para implementar soluciones efectivas.
En consecuencia, se requiere juntar y conjugar conocimientos, tecnología, experiencia y voluntades de forma interdisciplinaria, interinstitucional e intersectorial, para que con base en las lecciones aprendidas del terremoto del año 1972 se pueda mejorar la preparación de acciones resilientes ante sismos o cualquier fenómeno natural extremo que reúnan los requisitos siguientes: técnicamente correctas, económicamente factibles, socialmente aceptadas y con profundo sustento cultural y ético.
El autor es ingeniero, presiente del Comité Técnico Panamericano-UPADI de Riesgos de Desastres Naturales. Ha participado en calidad de miembro en varias comisiones nacionales integradas de forma colegiada por el Gobierno, empresarios, profesionales y las universidades, para generar iniciativas de leyes para la actividad constructora y la prevención de desastres. Es conferencista nacional e internacional sobre el tema en Organismos de Integración de la Ingeniería Panamericana.