En la penumbra de la medianoche o bajo un sol sofocante. A pie, en buses y unos pocos en avión. Con pasaporte o sin él. Por frontera o por veredas. Adultos, jóvenes y niños se van. Solos, acompañados de extraños o familias enteras se han ido de Nicaragua este 2022. Por miedo, por violencia, por desesperación, desempleo o hambre. Migraron.
En lo que va del año, se registra que más de 204 mil nicaragüenses han salido del país, ya sea para resguardar su vida por ser blanco de persecución política, por la inseguridad social o para mejorar sus condiciones de vida. Todos salen empujados por la crisis nacional que la dictadura Ortega Murillo agudiza desde 2018. Los más de 200 mil migrantes son la suma de los datos oficiales de Estados Unidos, Costa Rica, México y España, los principales destinos donde los connacionales piden refugio o asilo político.
Más de 200 mil madres, padres, hijos, hermanos y amigas que no están. Se fueron. Con o sin maletas, salen del país en un éxodo sin precedentes en la historia reciente del país. Es por ellos que LA PRENSA reconoce a los miles de nicaragüenses migrantes como el personaje de este 2022.
Nicaragüenses que han dejado todo: el calor de la familia, los amigos, su patria, y han salido con una mochila cargada de dolor, incertidumbre y hasta las deudas que adquirieron para poder salir del país. Pero también emigran llenos de esperanza, ilusiones y metas que cumplir.
Nicaragua, una patria que se vuelve inhóspita
«Jafet» —nombre ficticio para proteger su identidad—, es uno de esos miles de nicaragüenses que en noviembre de este año se despidió de su familia y abandonó sus sueños para migrar a Estados Unidos. Es un universitario de 22 años que cursaba el cuarto año de Ingeniería en Zootecnia, pero sintió que «tocó fondo» al confirmar la falta de oportunidades que tiene un joven en Nicaragua, sobre todo cuando no simpatizas con la línea política del régimen dictatorial de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El proselitismo político que ejercía su universidad, el despido injusto de docentes que no comulgaban con el régimen y el favoritismo a estudiantes, deshicieron el sueño que el joven una vez mantuvo: trabajar en su profesión con libertad.
«Tristemente el panorama de los futuros profesionales es cero oportunidades si no comulgas con el sandinismo, y eso es frustrante (…) Lastimosamente en Nicaragua todo es por conecte y yo no soy partidario del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional)», comparte el nicaragüense, quien sufrió por no tener oportunidades de empleo en Nicaragua.
Nicaragüenses en resistencia, fuera de Nicaragua
La salida masiva de nicaragüenses en este 2022 ha marcado la vida y los corazones de miles de familias, así como ha transformado las dinámicas sociales. La población sufrió, sorteó y resistió la crisis sociopolítica del país de los últimos cuatro años; y es también la que se desgrana en la mayor explosión migratoria en la historia reciente de Nicaragua.

Los más de 200 mil migrantes nicaragüenses de los que se tiene registro en los países destino, son solo la parte visible de los números si se toma en cuenta que los datos oficiales de algunos de estos países están rezagados, y porque también, hay quienes eligen otros destinos para establecerse, sin mencionar el subregistro de los que no llegan a ser procesados por los sistemas de migración.
Miles de migrantes, una dictadura
Aunque los miles de nicaragüenses que ahora están lejos de su patria tienen diferentes motivos para migrar, todos podrían estar ligados a las mismas causas: la represión, violencia y estado policial que impone la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
«Se tiene que recurrir al contexto político que vive Nicaragua a partir de abril de 2018, en donde los organismos internacionales de derechos humanos han documentado el excesivo uso de la fuerza del régimen Ortega-Murillo en contra del pueblo desarmado, para que decir que la crisis (migratoria) tiene su origen en una crisis política», plantea la socióloga Haydee Castillo, quien trabaja con la diáspora nicaragüense en el exilio.
Para la especialista, esta crisis política derivó primeramente en una crisis socio económica, pero también en una «emocional para el pueblo de Nicaragua», tras el desarraigo de muchas familias que han tenido que salir del país. Se va primero un hijo, huyendo de persecución y cárcel, se va luego una madre, por presiones políticas en la institución estatal donde trabajaba, se van los jóvenes que no encuentran educación en las universidades públicas, ni trabajo en las calles o esperanza en el futuro como país.
¿Ser o no ser migrante?
Jafet, como otros miles de nicaragüenses, no planeaba migrar, pero las «circunstancias me empujaron», dice. Esas circunstancias a las que se refiere son el desempleo, la carestía de la vida, la falta de oportunidades profesionales, la inestabilidad emocional y económica, que poco a poco socavaron la tranquilidad del joven.
Aunque para muchos estas circunstancias son razones suficientes para solicitar protección internacional, en Costa Rica, uno de los principales destinos de los nicaragüenses migrantes, se encendió la discusión sobre el concepto de refugiado, sobre todo para categorizarlo y diferenciarlo del «migrante económico».
Pero, ¿qué es un migrante? ¿Qué es ser migrante económico? Karina Fonseca, directora nacional de Servicio Jesuita Costa Rica, destaca que es «sumamente complejo» hacer esas distinciones, puesto que no hay que ver el desplazamiento forzado de personas «de una manera tajante y separada entre una u otra categoría, cuando hay tantos elementos y factores que están presentes en la necesidad imperiosa de dejar el país en el que uno nace».

Fonseca remarca que toda persona requiere protección internacional cuando se ve forzada a salir de su por elementos vinculados a persecución, pero también a situaciones de violencia estructural en sus países, tal como es el caso de Nicaragua.
«Las personas huyen por múltiples razones. Sin duda, hay personas que derivadas de la misma crisis sociopolítica que enfrenta un país, como Nicaragua, están huyendo porque ya no tienen oportunidades para permanecer en su país a nivel de empleo o porque necesitan unificarse con sus familiares», declara.
Y es que, según la socióloga Castillo, la solución al desborde de migrantes nicas en países como Costa Rica o Estados Unidos no está determinada en la clasificación (si es migrante económico o no), sino en atender las causas estructurales y «el origen que está llevando al pueblo de Nicaragua a considerar que sus planes de vida, su convivencia y su vida dentro del país no es viable».
¿Quién es el responsable de la migración?
A criterio de Castillo, la solución a este tema no «está en recriminar, clasificar o discriminar» el exilio nicaragüense, sino en «llevar la problemática de Nicaragua a los más altos niveles para buscar una salida», y en reconocer cuál es el responsable del éxodo de los nacionales.
«Tiene que haber un balance en el sentido de valorar, en primer lugar, cuáles son las responsabilidades del Estado de Nicaragua, que es el primer responsable de proteger la vida, la convivencia de los y las nicaragüenses», manifiesta la especialista.
Lea también: Costa Rica, España o Estados Unidos, ¿dónde se tarda más conseguir un asilo? Lo que debe saber
La directora del Servicio Jesuita señala que, en el caso del gobierno de Costa Rica —que pretende rechazar y expulsar a los migrantes económicos—, el desafío no es no apostar a medidas prohibitivas, primitivas y represivas en materia migratoria, sino en la situación que viven los ciudadanos en sus países de origen, que los obliga a desplazarse.
«No es una fórmula que funciona, ni mucho menos sostenible, respetuosa o garante de los derechos humanos y que es una apuesta más de largo alcance a nivel internacional. Los foros son los espacios donde se pueda dialogar y coordinar con otros países, no solo para insistir en el señalamiento a los países que obligan a sus connacionales a dejar sus fronteras en busca de protección, sino también todo el impacto que tienen medidas o políticas a nivel migratorio de países tradicionalmente receptores como Estados Unidos», expresa Fonseca.
Pero mientras no haya un abordaje integral del fenómeno y sus causas estructurales; un país convulso tras el estallido social de 2018, que resiste y resiente la persecución, presión y violencia de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo y que se sumerge en una espiral de desempleo, encarecimiento de la vida y desesperanza, los nicaragüenses siguen migrando por puestos fronterizos o veredas, solos o con sus familias a cuestas, tocando puertas al norte y al sur, sin certezas de cuándo volver, pero con la esperanza de encontrar un lugar más habitable que su propio país.