Estos niños en Williamsport creen que todo es posible

A diferencia de los adultos, más pendientes de las condiciones y vestimentas de los demás, los niños se divierten y saltan al terreno a ganar

Es imposible no sentir el deseo de inclinar nuestra admiración hacia esos niños que este lunes le terminaron de dar forma a una histórica victoria 8-7 sobre Japón después de dos pausas y 11 emocionantes episodios en el Mundial de Pequeñas Ligas de Williamsport, Estados Unidos, donde tras iniciar con un revés ante Curazao, han reaccionado con vigor.

Entre los muchos aspectos que impresionaron del desempeño de los nicas están, además de su estupenda condición física, su determinación y tenacidad para buscar una victoria que por instantes parecía imposible. Estos chavalos jamás bajaron los brazos y siguieron dando lo mejor de cada uno hasta la obtención de un triunfo que ha ilusionado corazones.

Pero lo mejor que han hecho, ha sido disipar nuestro habitual escepticismo, ese complejo de inferioridad constante, que nos hace sentirnos derrotados antes de saltar al terreno porque se le pone más atención a las condiciones que tienen los otros y a la vestimenta que llevan, en lugar de pensar en las habilidades, el carácter y el compromiso que se tiene al participar.

Recuerdo que en los años ochenta se guardaba a los mejores lanzadores para los equipos débiles a fin de asegurar las victorias, porque a conjuntos como Cuba, Estados Unidos y los asiáticos, no se les podía ganar. Entonces se empleaba a los tiradores más discretos contra los equipos grandes para no desperdiciar a los mejores. Y el sentimiento se arraigó con fuerza.

Sin embargo, cuando Nicaragua comenzó a darle importancia a la participación de los niños en eventos en el extranjero a mediados de los años dos mil, la mentalidad fue renovada y de pronto se comenzó a ganar medallas en torneos centroamericanos y en panamericanos y hasta se logró clasificaciones a campeonatos mundiales como el de 2015 en Taiwán.

Y saben ¿qué? Se le ganó dos veces a Cuba, equipo que en la categoría mayor nos ganaba con el uniforme. Recuerdo haberle preguntado a Elián Rayo cómo se sintió al lanzar ante los cubanos en ese torneo y me dijo: “me sentí bien, nosotros no le vimos nada especial. Ellos eran nueve y nosotros también. Así que nos dijimos ‘vamos a ganarles’ y lo hicimos”.

Ciertamente, al lado de los niños todo parece posible, hasta victorias como esta conseguida ante Japón, mientras la ilusión de seguir avanzando en el torneo ha crecido de golpe. Esta es una nueva lección de los niños para todos, pero especialmente para quienes solo se viven quejando de las circunstancias, en lugar de utilizarlas como una motivación para crecer.

Tenemos una gran deuda con los niños, no solo con los que ahora destacan en el Mundial de Williamsport, sino con los niños en general. Se merecen un país mejor, unos hogares mejores, unos padres mejores. “En cada niño se debería poner un cartel que dijera: tratar con cuidado, contiene sueños”, como sabiamente indicara Mirko Badiale, el escritor y filósofo italiano.   

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