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Miguel Díaz-Canel, Nicolás Maduro y Daniel Ortega, presidentes de Cuba, Venezuela y Nicaragua. LA PRENSA

El indignante número de rehenes políticos que sostiene a las dictaduras de Maduro, Ortega y Díaz-Canel en América Latina

Del total de presos políticos en las tres dictaduras, hay 37 menores de edad en poder de un solo régimen. ¿Por qué la comunidad internacional no ha logrado la liberación de estas personas? Esto explican especialistas

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Al menos 1,475 personas han sido convertidas en rehenes políticos por tres dictaduras en América Latina para sostenerse en el poder con el apoyo de las fuerzas armadas y paramilitares, según registros que llevan organismos de derechos humanos sobre la persistente crisis política e institucional en Cuba, Nicaragua y Venezuela, donde los dictadores comparten el mismo método de opresión y violaciones de los derechos humanos.

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Cuba es la dictadura más antigua de la región y lleva décadas persiguiendo a la disidencia. El 11 de julio de 2021 los cubanos salieron a las calles hartos de la represión y lo que recibieron fue más persecución y cientos de detenciones políticas.

Expertos, activistas y defensores de derechos humanos, consultados por LA PRENSA, explicaron que la dictadura de Cuba que detenta el poder hace 63 años es la que lidera el grupo de regímenes violadores de derechos humanos que ha instalado y sostiene en Venezuela y Nicaragua. Por supuesto, cada dictadura tiene sus particularidades, pero emplean los mismos mecanismos y en ese aspecto son terribles.

Presos políticos

En Nicaragua, hasta el 31 de mayo de 2022, se registraban 190 personas presas políticas por protestas contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, según el Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas, cuyos datos son avalados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

En Venezuela, el régimen de Nicolás Maduro mantiene a un total de 239 personas presas políticas, según registros reportados hasta el 20 de junio de 2022, por la organización Foro Penal. De estos 239 presos políticos, 109 son civiles y 130 militares.

En Cuba, donde se registra el mayor número de presos políticos, hasta el 31 de mayo de 2022, se reportan 1,046 personas privadas de libertad por protestar contra el régimen de Miguel Díaz-Canel, revela el último informe de la organización Prisoners Defenders, divulgado el pasado 8 de junio.

Es decir, la dictadura cubana es la más carcelaria, seguida por la venezolana y la nicaragüense.

Tal es la crueldad del régimen cubano, que el secretario adjunto de Estado para el Hemisferio Occidental, Brian Nichols, dijo este fin de semana en su cuenta de Twitter que “más de 550 presos políticos en Cuba están condenados a más de 4,000 años combinados en prisión por expresarse libremente. Esto es inaceptable. Hacemos un llamada a la comunidad internacional para que se una a nosotros en la condena de los abusos de #DDHH del régimen.#PresosPorQué”. Estas personas fueron procesadas y condenadas a raíz de las protestas en julio de 2021.

Félix Maradiaga, preso político presentado por el régimen Ortega Murillo el sábado.

El activista cubano y presidente de la organización Movimiento Democracia, Ramón Saúl Sánchez, explicó a LA PRENSA que cuando se habla de presos políticos, no solo se trata de políticos presos, sino “de cualquier persona que no está dispuesta a apoyar a los dictadores, aún cuando muchas veces simplemente se mantienen neutral, sin opinar políticamente”.

“Ya esa persona quedó marcada, empieza a ser vigilada, asediada y puede eventualmente por cualquier fabricación de caso, que es lo que ha pasado con todos estos presos políticos, terminar en la cárcel por muchos años”, agregó.

Inocultables violaciones de DD. HH.

En septiembre de 2021, la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela presentó un “duro” informe al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en el que concluyó que la justicia de la dictadura de Nicolás Maduro facilitó la persecución y tortura a los opositores y fue un factor clave en el encubrimiento de estos crímenes.

El documento presentado al Consejo de Derechos Humanos de la ONU señala también que “el Estado no adoptó medidas concretas para remediar las violaciones de derechos humanos”. La investigación además dejó en evidencia el sistemático uso del aparato represivo que realizó el estado militar de Maduro sobre aquellas voces disidentes y la complicidad de la estructura judicial.

En Nicaragua el régimen de Ortega mantiene detenidos desde abril de 2018 a 190 personas, de estas más de 40 corresponden a opositores detenidos de mayo de 2021 en adelante, entre ellos siete exaspirantes a la Presidencia, bajo cargos de promover la injerencia extranjera en “menoscabo de la soberanía”, al amparo de una ley creada por el mismo régimen nicaragüense que tipifica estas acciones como “traición a la patria”. Ortega ha calificado a los opositores presos de “criminales”, “agentes del imperio yanqui”.

Mismos tipos de torturas

Informes de las organizaciones civiles, Prisoners Defenders, Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca + y Foro Penal, revelan que los tipos de torturas a los presos políticos en las cárceles de Cuba, Nicaragua y Venezuela son los mismos. Entre las principales están la tortura física y psicológica, maltrato verbal, la privación de agua, comida, privación de atención médica, el confinamiento en celdas de castigo, golpizas, entre otras.

Señalan además que los familiares de las personas presas por razones políticas viven bajo constante asedio, sus casas están vigiladas y sitiadas. En Cuba, incluso, no los dejan “ni moverse” y “están gravemente amenazados de ir a prisión”.

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Tamara Taraciuk, directora en funciones para las Américas del organismo defensor de derechos humanos Human Rights Watch (HRW), aseveró que Cuba, Nicaragua y Venezuela son los ejemplos de dictaduras que tenemos en la región.

“Y quienes hoy están en el poder (en esos tres países) han asumido el poder sin haber sido electos democráticamente en elecciones libres y creo que eso los distingue del resto de gobiernos de la región donde tal vez hay también problemas de derechos humanos en distintos grados, inclusive casos de gobiernos que llegan al poder tras elecciones y después le dan la espalda a la independencia judicial o a la prensa independiente o a la sociedad civil, pero en estos casos ni siquiera existen unas elecciones que les haya dado legitimidad de origen, para estar donde están”, expresó Taraciuk.

Terrorismo de Estado

En cuanto a las acusaciones contra opositores y críticos de las dictaduras, el abogado y politólogo, director del Instituto Interamericano para la Democracia, Carlos Sánchez Berzaín, explicó en un artículo de opinión, publicado en el diario digital argentino Infobae que “los jueces y tribunales de Cuba, Venezuela y Nicaragua dictan sentencias sobre hechos falsificados, violando los derechos humanos, suprimiendo premeditadamente el debido proceso, ordenando detenciones indebidas y condenando inocentes a numerosos años de cárcel para causar miedo en la población y someterla a los detentadores del poder”.

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El nuevo Chipote, inaugurado en febrero de 2019, donde se han realizado los juicios contra los presos políticos. LA PRENSA/Archivo de END

“Estos ‘crímenes de lesa humanidad’ contra inocentes en ‘situación de indefensión’ no son el daño de una ‘justicia politizada’ sino víctimas de la ‘dictadura judicializada’, en la que el seudopoder judicial es solo una rama de la represión y del terrorismo de Estado”.

Sánchez Berzaín agrega que el “terrorismo de Estado” es “la comisión de delitos desde el Gobierno con el propósito de producir miedo o terror en la población civil para detentar el poder. Estos crímenes son comunes y de lesa humanidad, pero todos agravados por la posición de poder”.

“Díaz-Canel es el jefe”

La utilización del sistema de justicia por las dictaduras para imponer miedo y someter a la población no es nueva, pero no era previsible para el siglo XXI, indicó el politólogo. “La dictadura de Cuba desde su acceso al Gobierno en 1959 estableció los fusilamientos como método de terror para detentar el poder”.

Al ser consultado sobre las similitudes de Ortega, Maduro y Díaz-Canel, Sánchez Berzaín sostuvo que “los tres son iguales y Díaz-Canel es el jefe”.

Por su parte, el activista cubano opinó que la diferencia entre esos tres mandatarios “es simplemente la nacionalidad”, en cuanto a lo que tiene que ver con su conducta política, dijo que son “tiranos que reprimen a su pueblo para mantenerse en el poder de manera vitalicia”.

“Utilizan el mismo método, porque el régimen venezolano y el nicaragüense han sido profundamente influenciados por la dictadura de la familia Castro, que como sabemos ha actuado en América Latina siempre tratando de insertar su sistema destructivo y dictatorial”, señaló el activista.

¿Por qué las presiones internacionales no han conseguido la liberación de los presos políticos?

“Si bien, al día de hoy no ha rendido los frutos que todos quisiéramos, me parece imprescindible mantener esa presión internacional, porque no lograremos cambios confiando en la buena voluntad de los dictadores”, opinó Taraciuck.

Para la directora en funciones para las Américas del HRW, la presión internacional “debe ir acompañada por la movilización de quienes buscan la democracia en sus países, pero la presión internacional es clave para poder conseguir la liberación de presos políticos y sobre todo si se trata de una presión concertada, multilateral que surja de un compromiso de distintos actores a nivel internacional trabajando conjuntamente por la misma causa y mismo propósito”, dijo.

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Sin embargo, a juicio de Sánchez Berzaín, la liberación de los presos políticos en Cuba, Nicaragua y Venezuela no se ha logrado porque “no hay presión” internacional.

“Los países nuestros tienen que entender que la libertad viene solamente a través de la energía de los propios países, y no quiere decir que no se busque la solidaridad de la comunidad internacional, pero sí vemos que muchas instituciones internacionales están profundamente infiltradas por estos regímenes”, añadió por su parte el activista cubano.

Taraciuck reiteró que “en estos tres países la concentración de poderes es absoluta y la inclinación de quienes están en el poder es aferrarse al poder y no se van a ir voluntariamente a ningún lado, con lo cual, la presión internacional es extremadamente importante, no solo para la liberación de los presos políticos, sino para cualquier cambio que lleve a la restauración de la democracia”.

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