Glándulas de Bartholino 

La glándulas de Bartholino son dos estructuras localizadas a la derecha e izquierda en la parte posterior de la apertura vaginal. Su función principal es secretar una pequeña cantidad de moco para lubricar la entrada de la vagina. En condiciones normales no miden más allá de 5mm y se comunican con el exterior mediante un pequeño conducto, que es el encargado de transportar el contenido de la glándula hacia el exterior.  

Los quistes y abscesos de la glándula de bartholino son problemas comunes de la mujer en edad reproductiva. Cerca del 2% de las mujeres desarrollan quistes o abscesos de esta glándula. La forma quística involucra generalmente cuadros inflamatorios crónicos, recidivantes. Es posible que algunos factores nos pongan en mayor riesgo de presentar problemas a este nivel como son: características anatómicas (congénitas), procesos inflamatorios que produzcan obstrucción del conducto de salida o procesos infecciosos vaginales a repetición; otro factor de riesgo importante a tomar en cuenta es el antecedente de una cirugía ginecológica en el área, punciones repetidas o incluso traumas vulvares.  

Los quistes se caracteriza por una “pelotita” en la región de la vulva, ya sea a la izquierda o derecha que generalmente son asintomáticos, y en ocasiones pueden simplemente corresponder a un hallazgo durante la revisión ginecológica habitual o incluso durante la toma del Papanicolaou. En cambio la Bartholinitis, término utilizado para cuando un quiste está infectado y hay presencia de pus en su interior tiene varias manifestaciones como: Dolor local que puede aumentar al caminar o incluso al estar sentada, aumento de la temperatura en el área vulvar, dolor con las relaciones sexuales, o secreción anormal a través de la vagina.  

El diagnostico de estas enfermedades se realiza principalmente por exploración física, aunque en ocasiones nos podemos ayudar de algunos estudios de laboratorio como frotis de secreción vaginal y cultivos para determinar el germen especifico que está afectando la glándula y de esta forma poder dirigir nuestro tratamiento de una forma más específica.  

Una vez realizado el diagnostico, hay que establecer el mejor tratamiento; este debe siempre ser individualizado ya que existen múltiples alternativas, únicamente la vigilancia en casos seleccionados o tratamientos quirúrgicos que pueden ir desde los más conservadores que impliquen el drenaje mediante punción y aspiración del contenido, incisiones y drenajes o incluso cirugías radicales que involucren remover la glándula.   

En algunas pacientes estos cuadros pueden recurrir, sobre todo en aquellas en las que se realizó tratamiento conservadores por lo que la vigilancia con tu médico ginecólogo es imprescindible. Si alguna vez presentas algunos de los síntomas que mencioné anteriormente es importante que busques atención médica a la brevedad pues disminuirá al máximo tus molestias y posibles complicaciones.  

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