Ricardo Mayorga, un bicampeón mundial que fue como quiso ser

Nadie fue indiferente ante Mayorga, un púgil al que se le apreció o rechazó, y quien capturó tres cinturones mundiales en dos categorías distintas

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Mi sugerencia lo irritó y por un instante temí terminar noqueado. Ricardo Mayorga había tenido un detalle especial conmigo durante una sesión de entrenamiento en Las Vegas, Nevada. Estábamos juntos todos los periodistas nicaragüenses que daríamos cobertura a su pelea contra Oscar de la Hoya en mayo de 2006 y nos echó a todos del local donde practicaba.

“Se me van a la v… todos. No los quiero ver por aquí. Han hablado mucha m… contra mí, así que afuera todos”, dijo Mayorga con rencor en su voz. Y uno a uno fuimos saliendo del gimnasio, pero justo cuando yo iba hacia la puerta, gritó: “vos no, vos te podés quedar”. Y aunque no detuve mi marcha, varios colegas me convencieron de quedarme y me regresé.

Mayorga continuó entrenando con intensidad y tras concluir su sesión de aquel día, me dijo que hablaría conmigo en el hotel MGM Grand, así que me moví hacia allá y luego se dio una conversación bastante amena. La expresión que tenía en el hotel era distinta a la cara dura que mostraban sus posters luminosos desplegados a través de Las Vegas Boulevard.

“Lo que es la vida, ahora estoy en uno de estos hoteles que uno solo mira en las películas”, dice Mayorga, mientras corre las cortinas de su lujosa habitación de acceso restringido. “Quisiera que ya fuera sábado para vencer (dijo otra palabra) a ese payaso de De la Hoya e irme a mi casa con mis reales”, agrega, antes de sentarse para contestar mis preguntas.

Mayorga habló ampliamente y sin restricciones. Recurrió a su verborrea de costumbre para deshacerse de cada pregunta y cuando creo que he terminado, le suelto una inquietud que siempre había tenido: ¿no creés que, si no fueras tan vulgar, la gente te tendría más aprecio, y no que hay gente que quiere que te noqueen por la forma en que te expresás?, pregunté.

Fue como que le eché chile. Mayorga se enderezó en el sofá y su rostro se endureció como estaba en los posters a través del bulevar de Las Vegas. Apretó la mandíbula y cerró sus puños que parecían martillos, mientras sus ojos traslucían molestia y eso confería a su cara un efecto de mayor desconcierto, mientras yo tenía miedo que se me notara el miedo.

“Te voy a decir, una cosa, negrito”, dijo, para luego hacer una pausa, como intentando darle una cierta premeditación a cada cosa que ahora saldría de su boca. “El que me quiera, que me quiera y el que no, me vale v… ¿Cómo se te ocurre que yo voy a ser diferente? Yo soy como soy y no voy a cambiar porque a un atajo de cabrones no les gusta como hablo”.

Mayorga continuó hablando casi sin parar y hasta recurrió a ejemplos para darle fuerza a sus argumentos, mientras yo recuperaba la calma… “Cada quién es como es y yo hablo así porque es parte de mi negocio. Eso me ayuda a vender mis peleas. No es que sea vulgar. Lo que pasa es que la gente está confundida y no entiende esa parte de mi trabajo”, añadió.

Y después continuó: además, yo soy boxeador, no soy poeta. La gente quiere que yo hable bonito. ¡No jodan! Eso es como que le hubieras pedido a Rubén Darío que fuera bueno a los vergazos. ¿Cómo le vas a pedir eso? Él era un poeta y tenía que hablar bonito. Yo soy boxeador y tengo que vender. Además, me basta con caerle bien a mi familia”, remató.

Mayorga ha sido seleccionado para ingresar al Salón de la Fama del Deporte Nacional el próximo 21 de mayo y como es natural, las opiniones están divididas. Por un lado, están quienes afirman que tiene todos los méritos por sus tres coronas en dos categorías y otros que afirma que ha sido una vergüenza para el país por su comportamiento inadecuado.

Jamás aplaudí sus expresiones, pero no dudo que tiene méritos para ingresar al Salón de la Fama. De Mayorga no nos gustó como se expresaba, pero dentro del campo de inmortales del deporte nacional, hay quienes también fallaron en otros ámbitos, aunque sus fallas no fueron tan visibles como las del polémico boxeador que fue monarca en 147 y 154 libras.

Nicaragua no ha tenido un deportista tan mediático, tan polémico como Mayorga. A Ricardo se le apreciaba o rechazaba, pero era difícil ser indiferente ante su carrera. Ahora el trabajo va a ser asegurarse que llegue a la ceremonia el 21 de mayo porque lamentablemente le ha costado zafársele a los demonios que lo han mantenido atenazado desde hace un buen tiempo.

Eso sí, es uno de los pocos nicaragüenses que ha sido campeón mundial de boxeo y eso es suficiente para ingresar al Salón de la Fama nacional.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR

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