Erasmo Ramírez y su ejemplo de tenacidad

Después de tantos inconvenientes con lesiones e inconsistencias, Erasmo está de vuelta a las Mayores y ha iniciado a paso firme con Washington

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El domingo próximo, Erasmo Ramírez habrá llegado a 32 años, una edad ideal para estar en plenitud de condiciones en un deporte como el beisbol. Es la etapa en la que la serenidad de la madurez, se impone a la fogosidad de la juventud. Hay mejores decisiones, se administra mejor el talento y crecen las habilidades para hacer ajustes a fin de prolongar el recorrido.

En lugar de eso, Erasmo está tratando de sobrevivir, de sostenerse en la cima, en el máximo nivel del beisbol. Y ha tenido que reinventarse para conseguirlo, mientras se empeña a tope para mostrar su utilidad en un contexto súper exigente en el que hay por cierto un culto por la velocidad, un elemento que escasea en el renovado repertorio del guerrero nicaragüense.

Después de dos salidas en Grandes Ligas, Ramírez probó que era capaz de llevar el brillo mostrado en AAA, a las Mayores. Mientras trabajaba para el Rochester, el nica se enfrascó en una hilera de siete innings sin carreras, con 12 ponches. Y ya en el big show, tiene 4.1 episodios sin anotaciones, tres hits y ningún boleto, dejando claro que merecía un chance.

Nadie sabe cuánto tiempo se sostendrá Erasmo, pero ha quedado claro que estaba listo para la oportunidad. Durante la pausa de la temporada, el rivense trabajó muy duro para ponerse en la mejor condición posible. Y lo logró. Pero, además, replanteó y afinó su repertorio que se apoya siempre en su control, con un sinker muy obediente y una recta cortada dañina.

Hay disparos envíos como la recta de cuatro costuras que Erasmo usaba hasta en un 32.8 por ciento de las veces en 2012, por ejemplo. Ahora ese disparo solo lo utiliza un 3.0 por ciento. Su arma, además del comando de sus envíos, es la recta cortada (cutter) con un 48.5 por ciento, seguido por el sinker (34.8 por ciento) y el cambio de velocidad (9.1).

Y un magnífico detalle en el arsenal de Ramírez, es que su velocidad ha tenido una mejoría, leve, pero mejoría al fin. En 2018, su recta viajaba a un promedio de 90.3 millas. Ahora lo hace a 92.3, que todavía está por debajo del average de Grandes Ligas (93.8), pero con los giros que le aplica (spin rate) se vuelve un disparo un poco complicado de ser descifrado.

De acuerdo a su repertorio, el rivense es básicamente un lanzador que trata de dominarte provocando contactos flojos, no un ponchador, sino alguien que obliga a dar rolas, aunque sus 12 “fusilados” en AAA era una cifra llamativa. Lo mismo pasa ahora en las Mayores, donde tiene cuatro ponches en 4.1 innings y aún no regala ni una base por bolas.

Pero detrás de todo, lo admirable en Erasmo es su combatividad, su espíritu de guerrero. Solo así se puede salir adelante y regresar, después de haberlo intentado con otros cinco equipos en los pasados cinco años y haber fallado en establecerse. Algunos lo ven como un lanzador inestable, yo prefiero apreciar su tenacidad y perseverancia para seguir.

Luego de tantas lesiones e inconsistencias, lo esencial es que Erasmo no ha dejado de creer en él. Sabe que pertenece a las Mayores y se ha preparado para demostrarlo.

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