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Por Puerto Corinto pasa el 57 por ciento de la carga que se mueve por los puertos del país, según el reporte de la Comisión Centroamericana de Transporte Marítimo (Cocatram). LA PRENSA/S. MARTÍNEZ

500 años de un puerto que se llamó El Realejo

Un apasionante recorrido por la historia de esta bahía que bautizaron originalmente como Posesión, fue conocido como Puerto El Realejo y después llamada Corinto

Luis A. Gutiérrez C. (*)

Los remeros encallaron su bote en la playa arenosa de la isla que abriga la boca de la bahía. El teniente Antón Mayor saltó a tierra firme y procedió a cortar ramas y acumular piedras que cubrió con estas. Luego, echando mano a su espada, alzó la voz diciendo que tomaba posesión del lugar en nombre de los reyes de España y que defendería su acción ante cualquiera que se opusiera. Nadie respondió porque la isla estaba desierta y si hubiera estado habitada, los indígenas no hubieran entendido el reto. La escena tuvo lugar hace 500 años en la isla El Cardón que está a la entrada de la bahía en que se encuentra el principal puerto de Nicaragua en la costa del Pacífico. El ritual que había ejecutado el teniente era parte del protocolo de toma de posesión que los exploradores de la Corona Española estaban obligados a realizar para consumar el acto de apropiación de los territorios descubiertos.

Antón Mayor era miembro de la pequeña armada de Gil González Dávila que había sido comisionada para explorar la costa del Pacífico con el fin de encontrar un paso de este océano al Atlántico. González Dávila se había hecho cargo de la exploración de la costa por tierra y había puesto al piloto mayor Andrés Niño en comando de la expedición por mar.

Las rutas de Andrés Niño

Andrés Niño tenía limitaciones en tiempo y recursos para realizar su cometido y aparentemente no valoró correctamente la importancia naval y estratégica que podría tener su primer descubrimiento. En cambio, es posible que en ese momento ya hubiese tenido noticia de un accidente geográfico de mayor significación para sus propósitos. Eso podría explicar por qué no se ocupó de dar un nombre al primer sitio en que su expedición tocó tierra y por qué se apresuró a continuar su exploración hacia el norte. En seis días había llegado a un amplio golfo que encerraba varias islas. Al golfo lo nombró Golfo de Fonseca en honor al obispo Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos, Ministro de Indias y promotor de la expedición. Una de las islas fue nombrada Petronila en honor a una sobrina del obispo. En contraste, la bahía que Antón Mayor había reclamado para la Corona Española permaneció innominada hasta que la tripulación de Andrés Niño, le dio el nombre de “Puerto de la Posesión” para, de alguna manera, poder referirse a ella. Eventualmente, la isla Petronila de Niño pasó a ser Isla Meanguera y la Bahía de la Posesión pasó a llamarse puerto de El Realejo.

El licenciado Marvin Saballos Ramírez y el doctor Guillermo Gómez Brenes (q.e.p.d.), ambos corinteños han aportado importante información sobre su ciudad natal. Saballos se extiende en minuciosos detalles históricos y de actividad portuaria. Gómez por su parte, explica el significado y origen del término realejo y la evolución de la denominación de Puerto de la Posesión a Puerto de El Realejo. Buena parte de este estudio se basa en esa información.

Marcado por una guarnición

Según Gómez Brenes, la necesidad de proteger el acceso a la bahía dio lugar a la instalación de una pequeña guarnición cerca de su entrada. El término “realejo” se usaba en esa época para referirse a ese tipo de guarnición y nos explica el doctor que la bahía nunca fue oficialmente designada con ese nombre, fue el público el que espontáneamente dio ese nombre a la bahía. La guarnición sirvió de núcleo para la formación de una pequeña población que se afincó a su alrededor. En esa época los piratas y corsarios merodeaban la zona buscando como asaltar ciudades del interior como Chinandega, El Viejo y León. La pequeña guarnición sufrió varios ataques, pero las autoridades de la metrópoli se negaron repetidamente a proveer fondos para construir instalaciones militares que pudieran protegerla. Los vecinos, entonces, decidieron trasladar su poblado lejos de la costa, al borde del manglar en tierra firme, donde se encuentra actualmente el pueblo de El Realejo.

Con el desarrollo de las actividades navales de la colonia asociadas a la conquista del Perú, El Realejo dejó de ser un simple punto geográfico de referencia y gradualmente se transformó en un complejo de instalaciones ligadas a la actividad portuaria. Su bahía amplia y profunda era un excelente fondeadero para escala de los barcos que hacían la travesía Acapulco – El Callao. Dada su posición próxima a bosques y tierras agrícolas, el puerto podía abastecer de agua, víveres, madera para reparación y construcción de barcos, así como otros materiales ligados a la actividad naval como fibras para fabricación de velas y cuerdas, resinas y brea para calafateo de barcos.

Cuando en la historia nos referimos al puerto de El Realejo, no estamos hablando simplemente del pueblo El Realejo, si bien el pueblo era parte de ese complejo. Cuando nos referimos a la bahía de El Realejo no estamos hablando de una imaginaria bahía profunda hipotéticamente situada a la orilla del pueblo de El Realejo, estamos hablando de la bahía que descubrió la expedición de Andrés Niño, situada inmediatamente detrás de la isla El Cardón lejos de las calles del pueblo El Realejo.

La amplitud de las mareas vivas medida en las inmediaciones de El Cardón es de aproximadamente tres metros. Durante la marea alta el agua logra penetrar, en una corta distancia, un par de cauces pluviales que cruzan el pueblo El Realejo, pero fuera de esos sitios, el agua solo se aproxima a poco menos de un metro a las calles y predios que bordean el pueblo.

Durante la conquista del Perú el complejo de El Realejo resultó ser de capital importancia. No solo funcionó como puerto de escala y abastecimiento sino también como centro de construcciones navales. Los astilleros que se instalaron en el seno de los manglares, además de servir la función de reparación de barcos, evolucionaron hasta llegar a construir embarcaciones de gran tonelaje y con capacidad de hacer travesías en alta mar, por ejemplo, la ruta Acapulco-Manila.

La expedición Malaspina, 1789 – 1794.

Un dibujo similar a una foto digital

El rey Carlos IV ordenó realizar una expedición científica, que duró de 1789 a 1794, cuyo objetivo era realizar un inventario de las principales instalaciones portuarias de la Corona, en las costas de Océano Pacífico, incluyendo las Filipinas y de paso estudiar y documentar la flora y fauna de toda esa región. El Realejo era considerado de suficiente importancia como para estar incluido en la lista de puertos que la expedición debía visitar.

La expedición estuvo a cargo del almirante Alessandro Malaspina, italiano. Llevaban instrumentos para hacer levantamientos cartográficos, para lo cual determinaban coordenadas geográficas mediante observaciones astronómicas (a falta de la tecnología de GPS), y a falta de fotógrafos (como lo haría hoy una expedición del National Geographics) llevaban también un equipo de dibujantes y pintores que documentarían la fauna, la flora, los habitantes, su vestimenta, sus costumbres y los paisajes de la región.

Uno de esos dibujantes captó el paisaje de la bahía, que el tituló “Vista del Fondeadero y Puerto del Realejo”. Además de la superficie de la bahía y su contorno de playas y manglares, el paisaje muestra en el fondo el perfil de tres cerros que hoy podemos identificar como los volcanes El Chonco, El San Cristóbal y El Casita. No sólo muestra las nubes atmosféricas, muestra además la nube de emanaciones del volcán San Cristóbal. Una fotografía digital tomada doscientos años más tarde por VIANICA (empresa de promoción turística), en el año 2000, muestra el mismo paisaje, desde exactamente el mismo punto de vista, el cuál hoy podemos identificar como el sitio de la terminal de carga líquida en la bahía de Corinto. Uno de los amarraderos de la terminal aparece en primer plano en la foto de VIANICA. La comparación de estos gráficos demuestra, sin la menor duda, que la bahía de El Realejo es la misma que la bahía del puerto de Corinto.

Bahía de El Realejo, dibujo de 1791.
Bahía de Corinto, foto digital de 2000.

El puerto de El Realejo floreció durante la colonia, pero se extinguió súbitamente debido a los vicios administrativos y la corrupción de funcionarios portuarios que también proliferó en esa época.

El “Galeón de Manila”, que traficaba la ruta Manila-Acapulco transportaba artículos suntuarios como sedas y porcelanas finas provenientes de Asia. La flota española que hacía la ruta Acapulco-Guayaquil-El Callao, transportaba plata, oro y piedras preciosas provenientes de las minas de Sur América además de productos agrícolas apetecidos como cacao. En connivencia con funcionarios portuarios de la colonia, los contrabandistas desviaban estas mercancías de su destino oficial, evadiendo el pago de impuestos a la Corona y comercializaban o intercambiaban estos productos a su conveniencia en diferentes sitios de la región.

La ubicación de El Realejo entre Acapulco y el Callao, la amplitud de su bahía, su aislamiento de la aduana instalada en el pueblo El Realejo, separado de la bahía por una franja de manglares de más de seis kilómetros de ancho, propiciaban actividades de contrabando.

Cuando la actividad de contrabando se volvió inmanejable, la solución que encontraron los funcionarios de Corona fue excluir a El Realejo de las rutas comerciales autorizadas. Quedó prohibido para las flotas españolas tocar en ese puerto. Eso terminó con la vitalidad del puerto, condujo a su decaimiento e inclusive a la pérdida de su identidad como puerto que alguna vez se llamó El Realejo en la mente de muchos nicaragüenses.

William Walker, en su libro “La Guerra de Nicaragua” ofrece más detalles acerca de la ubicación de la bahía respecto al pueblo de El Realejo. Cuando narra su viaje de San Francisco a Nicaragua en el bergantín Vesta, nos dice que el Vesta fondeó en la bahía de El Realejo la mañana del 16 de junio de 1855. Después de transbordar su equipaje y el de sus filibusteros a unos bongos, les tomó cerca de cuatro horas atravesar el manglar a remo, para llegar al pueblo de El Realejo, distante de cuatro a cinco millas, donde lo recibió la guarnición del cuartel. Esto confirma que el pueblo de El Realejo nunca ha sido un puerto a la orilla de una bahía profunda, como muchos afirman.

El 20 de octubre de 1858, el general Tomás Martínez, en ese momento presidente de la República ordenó, mediante decreto, trasladar las oficinas de la aduana instaladas en el pueblo de El Realejo al sitio llamado Punta Icacos, en la isla de Aserradores, donde actualmente está el muelle de contenedores y ordenó además cambiar el nombre del puerto de El Realejo a puerto de Corinto, sin ninguna explicación que se conozca.

El cambio de nombre ordenado por Martínez destruyó el vínculo entre nuestra historia y nuestra geografía. Creó una confusión que persiste a la fecha. Ha enturbiado nuestras nociones históricas y geográficas pertinentes a la entidad que por siglos habíamos llamado El Realejo. Por eso, ahora encontramos en la entrada al pueblo un rótulo que dice “Bienvenidos al puerto histórico de El Realejo”, y leemos en un atlas de geografía, avalado por nuestra Academia Geografía e Historia, que “El puerto colonial de El Realejo quedó aislado por el avance de los manglares razón por la cual fue sustituido por Corinto a partir de 1858”. Estas son aseveraciones evidentemente erróneas. Nunca hubo un puerto a orillas del pueblo. Nunca fue necesario trasladar la infraestructura del puerto de un lugar a otro. El único traslado que se hizo fue el de las oficinas de aduana.

Cinco siglos de historia

En todo caso, el sitio de El Realejo, con su poblado actualmente en abandono, es un lugar saturado de historia. Fue escenario del apogeo del puerto durante la colonia, pero también de sucesos trágicos. Por las callejuelas polvosas del pueblo pasaron filas de nuestros indígenas encadenados para ser enviados como esclavos a su muerte en trabajos forzados, laborando en las minas del Perú o cargando en hombros de un océano al otro, a través del Darién, la armazón de barcos desarmados. Los esclavos indígenas fueron el principal rubro de exportación de la provincia de Nicaragua en la década de 1530.

Por su bahía penetraron piratas y corsarios para atacar al pueblo de El Realejo y las ciudades de El Viejo, Chinandega y León. Dejaron en ruinas el convento y las iglesias de El Realejo.

En su bahía, irrumpió la flota de Pedro de Alvarado en su fallido intento de arrebatar a Pizarro el liderazgo de la conquista del Perú.

Por allí entraron los filibusteros a nuestra tierra. Por allí cabalgó Efraím Squier en su afán de dar a conocer “Nicaragua, sus gentes y sus paisajes”. Hasta el borde del manglar llegaban las diligencias de Vanderbilt, transportando buscadores de oro que arribaban a La Virgen, en el Cocibolca, procedentes de Norteamérica. Después de su trayecto en diligencia, los viajeros cruzaban el manglar en bongos o canoas para abordar en la bahía los barcos que los llevarían a California.

Por esa bahía salió Darío a renovar la poesía de las letras castellanas. El paisaje marítimo de El Cardón y sus alrededores le inspiró unos de sus versos más famosos y por allí regresó enfermo a morir en su tierra.

Por allí entraron y salieron las tropas norteamericanas de ocupación. Allí fondearon los buques de los funcionarios interventores. En la playuela de su bahía se construyeron las instalaciones y las covachas de una pequeña base naval de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. En las aguas de la bahía acuatizaban los hidroaviones que patrullaban la costa durante la contienda.

No hay certeza absoluta acerca de la fecha en que el teniente Antón Mayor saltó a tierra firme en El Cardón. Algunos académicos sitúan el hecho en 1523, otros cronistas y algunas instituciones lo sitúan en 1522. Una de esas instituciones publicó un mapa que muestra la ruta de Andrés Niño en su viaje de España a Nueva Granada (hoy Panamá y Colombia) junto con la ruta y el itinerario completo de su exploración de la costa del Pacífico. Ese mapa y las fechas que señala son congruentes con fechas y ubicaciones de las actividades de Niño en Nueva Granada, según narración en varias crónicas, por lo que parece más convincente que el descubrimiento del puerto de La Posesión haya ocurrido el 22 de abril de 1522. Hace exactamente 500 años.

Pórtico a la Entrada del pueblo El Realejo.

La imagen mental que muchos nos hemos formado de El Realejo se ha ido enturbiando debido a los cambios que han afectado su historia, como si viéramos esa imagen alejarse detrás de las nubes de polvo que levantaban las diligencias de Vanderbilt al llegar al pueblo. El manglar con su maraña de canales es la matriz que unifica los elementos que conforman El Realejo histórico. Y es precisamente al llegar al pueblo, al borde del manglar, donde perdemos el rastro de ese Realejo histórico, quizás porque hoy día ya no cruzamos el manglar para llegar a su bahía.

Al cumplirse 500 años del descubrimiento de la bahía que dio origen a ese complejo histórico, que por siglos hemos llamado El Realejo intentamos, con este estudio, delinear con mayor certidumbre su geografía; colocar en la ubicación correcta los elementos que lo componen; ligar los hechos históricos a las circunstancias que los motivaron y al sitio en que estos hechos realmente ocurrieron.

(*) El autor es ingeniero civil

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