Doña «Luz» —nombre ficticio para su protección— es una de los 39 adultos mayores que se vieron obligados a dejar el Asilo de Ancianos Sor María Romero recientemente. Tenía apenas tres meses de haber llegado a ese lugar y hasta hace poco comenzaba a sentirse en confianza con el personal y sus compañeros, cuando la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ordenó en marzo, a través de la Asamblea Nacional, la cancelación de la personería jurídica de la Fundación para la Dignidad Humana Nicaragüense, que era la que administraba el asilo de ancianos. Quedaron desamparados.
El 6 de abril, el asilo notificó a las familias de los ancianos que tenían hasta el viernes 8 de abril para ir a recoger a sus parientes. Doña Luz, de 59 años, abandonó el asilo el 7 de abril. El régimen además de cerrar el asilo se adueñará de sus instalaciones.
«Ella se sintió desalojada porque no tenía dónde ir, salió muy triste. Ella llegó en diciembre (al asilo) y ya se estaba sintiendo bien con la gente, con los ancianos. Es triste no solo por ella sino por las demás personas», dijo bajo anonimato el hijo de doña Luz, quien se vio obligado a salir del país por la falta de un empleo.
Doña Luz sufre de bipolaridad y ansiedad, y antes de llegar al Asilo Sor María Romero, ubicado en el residencial Las Colinas en Managua, vivió un proceso dentro de un centro de rehabilitación. A su hijo le preocupa la actual situación porque en el país no tiene quién albergue a su mamá. Sus otros familiares, confiesa, no quieren hacerse cargo de ella.

«Para nosotros es duro porque ella ya venía de un centro de rehabilitación donde pasaba un proceso y fue en este lugar (asilo) que encontramos un abrigo para que estuviera allí, porque la familia que está en Nicaragua lamentablemente no quiere hacerse cargo», compartió el familiar.
El hijo de doña Luz se sinceró que lo que gana en el exterior, más su condición migratoria, no da abasto para integrarla a un nuevo asilo o llevársela consigo. El costo de un asilo puede alcanzar los 300 dólares por mes, sin incluir los medicamentos que requiera el paciente.
«La gente dice ‘sí, está bueno que se vayan donde sus familiares y que ellos se hagan cargo’, pero no siempre es así, cada situación es distinta, puede ser que algunos de los que estaban allí (en el asilo) sí tienen familias y tenían dónde ir, pero mi mamá no, mi mamá no tiene una casa», declaró preocupado.
Asilo San Pedro Claver recibe a ancianos
Al igual que doña Luz, 17 ancianos más se quedaron sin un hogar. El único que tenían era el Asilo Sor María Romero. Sin una familia o una casa dónde ir, el Asilo San Pedro Claver, ubicado en el kilómetro 19.7 Carretera a Masaya, salió al rescate de estas personas de la tercera edad, confirmaron a LA PRENSA autoridades de ese centro.
«Le dimos prioridad a los viejitos que no tenían familia y a los de bajos recursos que tienen algún familiar, pero que apoyan con medicina o una cuota muy baja», expresó la hermana Silvia Ruiz Guillén, quien administra el Asilo San Pedro Claver.
La edad promedio de los 17 ancianos, entre hombres y mujeres, que ahora viven en el Asilo San Pedro Claver supera los 70 años. En total, ese hogar actualmente alberga a 52 personas mayores de edad, confió la religiosa.
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La hermana Silvia aclaró que el asilo cuenta con sus documentos en regla ante el Ministerio de Gobernación (Migob) y que ya hicieron «todos los trámites» correspondientes, solo «estamos esperando, pero ya nos recibieron», dijo.
Tome en cuenta
La hermana Silvia apela a los corazones de los nicaragüenses para quienes puedan apoyar con donaciones de pañales desechables, víveres, ropa o medicamentos.
«Lo que la gente quiera donar; galletas para las meriendas, frutas, si es leche, la de polvo rinde más; de medicinas, analgésico, para la tos, porque es de uso constante, ropa usada que esté en buen estado, mascarillas, todo lo que la gente pueda aportar, nosotros estamos agradecidos», manifestó la religiosa.
El asilo se mantiene con el apoyo de donantes, así como una ayuda que destina el Estado de Nicaragua, pero según la hermana Silvia, eso es una «pincelada» dentro de todas las necesidades que hay que cubrir; la mayoría de las provisiones vienen de la población y diferentes actores sociales.
La líder religiosa destacó que por la pandemia no aceptan visitas, pero la gente que quiera aportar puede llegar a dejar su donación al asilo, ubicado propiamente en el kilómetro 19.7 Carretera a Masaya.