Marx estaba equivocado cuando decía que la historia era la historia de la lucha de clases. Porque en su sentido más profundo es la lucha entre las fuerzas del bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, entre el valor y la cobardía. Igual que ocurre en la historia de cada individuo; su vida y desenlace son resultado de la victoria o derrota de una de estas fuerzas.
Un factor que afecta mucho los resultados de esta lucha sorda y dramática es el miedo; la habilidad del mal para seducir o paralizar a los buenos intimidándolos con su real o aparente poder. Algunas obras literarias han sido maestras en plasmarlo. En el libro de Tolkien, El señor de los anillos, Saruman, un personaje que había sido aliado del mago bueno Gandalf, pero que ahora se ha plegado a Sauron, rey del maligno imperio de Mordor, trata de convencer al primero de hacer lo mismo.
Su primera línea de argumentación es que “Contra el poder de Mordor no hay victoria posible”. La segunda es que, entonces “solo hay una opción, para ti, y para nosotros: unirnos a él”; no hacerlo es ser aplastados. La tercera: “Unirnos a él es lo más sabio; su victoria está ya en sus manos, y habrá grandes recompensas para quienes le ayuden. En la medida que crezca su poder crecerá también el poder de sus amigos”. La cuarta, y más sutil línea es que “los sabios, como tú y yo, con paciencia podríamos dirigir su curso; podemos manejar nuestro tiempo; guardar nuestros pensamientos y corazón, deplorando quizás sus maldades, pero conservando nuestros propósitos nobles y finales… no tendremos que cambiar nuestras metas sino nuestros métodos”.
¡Cuántas veces se ha reproducido este diálogo en la historia! Lo retratado magistralmente por Tolkien ha ocurrido siempre que sectores relativamente buenos enfrentan a poderosos amenazantes. Sucedió en Europa ante la creciente agresividad de Hitler. Grandes sectores de la sociedad alemana, incluyendo su empresariado, se plegaron a él, y luego Chamberlain, el primer ministro inglés, trató de apaciguarlo —hacerlo pacífico— cediendo parte de Checoslovaquia.
Sucedió también en Nicaragua, cuando parte del empresariado, considerando invencible a Ortega, decidieron colaborar con el pensando que era más sabio que oponérsele, mientras consolaban su conciencia pensando que de esa forma quizás podrían influenciarlo —hacerlo más demócrata—. Fue así como personajes importantes del empresariado avalaron la inconstitucional reelección de Ortega asistiendo a su inauguración en 2011.
En ambos casos el miedo oculto en estas actitudes se disfrazó, como en el discurso de Saruman, con el ropaje de la racionalidad. Sus defensores se vendían como personas más prudentes o maduras, mientras que los valientes que repudiaban el juego eran vistos como impulsivos o imprácticos. Mas la tal sabiduría no funcionó. Ignoraba, o quiso ignorar, que el tiburón se vuelve más fiero cuando olfatea sangre. Cuando Chamberlain cedió ante Hitler este de seguro pensó: “Me tienen miedo” y siguió con más fuerza su plan de expansión. Cuando Ortega vio a los empresarios sentados en primera fila en su inauguración no pensó que estaban con el corazón, sino porque le temían. Y su conclusión fue inevitable: “Me temen, son cobardes, luego puedo seguir sin estorbo mi marcha hacia la dictadura total”.
Es el peligro que se corre actualmente en Ucrania. Los líderes occidentales no se han atrevido a dotar a Ucrania de las armas ofensivas que está suplicando y que cambiarían radicalmente la guerra, como tanques y aviones. Tienen miedo de que Putin los considere adversarios bélicos, pareciendo ignorar que si vence se volverá más peligroso.
El miedo en la historia ha sido el mejor aliado de los tiranos y el mayor enemigo de los inocentes. Miedo fue lo que llevó a Pilatos a condenar a Cristo y a lavarse las manos. Pero no prevalecerá, pues siempre ha tenido un antídoto poderoso: la valentía. Ella ha sido la mayor defensa contra los malvados y también ha hecho historia, como la hace hoy el pueblo ucraniano: lejos de oír las razones de los Sarumanes ha desafiado como un verdadero David a Goliat, y, contra todo pronóstico, está escribiendo una historia gloriosa.
El autor fue ministro de Educación y autor del libro de historia de Nicaragua, “Buscando la Tierra Prometida”, de venta en librerías y en Amazon, versión física y en Kindle.