Sayra Laguna rompió muchos esquemas al comenzar a entrenar artes marciales, deporte donde normalmente entrenan y destacan hombres. Ella fue una de las primeras atletas en destacar en esta área en su natal Nicaragua.
Judo, boxeo, jiu-jitsu brasileño, sambo… Sayra fue primero un símbolo de Nicaragua y después de la región centroamericana. Entonces comenzaron las protestas en Nicaragua por las reformas al sistema de seguridad social en el 2018.
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Hubo represión y Sayra, entre otros, abanderó las voces de las víctimas. «Yo no quería involucrar el deporte con la política, pero la gente quería escuchar a la mejor atleta del país», dice en entrevista. Fue entonces que, «desde arriba», se ordenó impedirle el acceso a sus habituales lugares de entrenamiento. Se acabó el apoyo institucional, las representaciones nacionales.
Sayra se autodesplazó de la capital nicaragüense para evitar el acoso y el rechazo. En algún momento, su aislamiento del deporte que practicaba fue tal que terminó dando clases de fitness en línea y limpiando casas. Pero el amor por el judo no se acaba y su voz tampoco se apaga.